Le Tableau (2010)

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Le Tableau (Le Tableau, 2011) es una película con múltiples lecturas. Se trata de una cinta de animación que dirige el veterano director Jean-François Laguionie, quien se ha labrado un importante nombre en el subgénero. De hecho, su primera obra la dirigió en los años sesenta, La demoiselle et le violoncelliste (La demoiselle et le violoncelliste, 1965), con lo que ya nos podemos hacer una idea de la experiencia de Laguionie en este campo.

El filme nos evoca irremediablemente otras cintas del género de animación, especialmente Toy Story (Toy Story, 1995) de John Lasseter. Le Tableau nos evoca una historia singular, y es que somos testigo de cómo los personajes de un cuadro toman vida. Lo que en principio nos puede parecer un argumento intrascendente, en realidad es utilizado por Laguionie como una arma satírica que en  sirve para deconstruir la sociedad, conjugando la ingenuidad con la ironía.

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Nuestros protagonistas forman parte de un singular cuadro. No está totalmente acabado, sino que parece que el pintor se ha dejado el trabajo a medias, inacabado y han quedado muchas figuras por dibujar. En realidad, nos encontramos con tres grupos de personajes diferentes: Los Pintados totalmente, los medios pintados y los esbozos. Y precisamente estos tres grupos se organizan socioeconómicamente  mediante esta jerarquía. Es decir, los Pintados totalmente gozan de una posición muy elevada, viviendo en palacios, mientras que los Medio pintados son clase media, viviendo en lugares mucho más modestos, y finalmente los esbozos son el estrato más bajo. Esta organización aparentemente pueril, encierra en realidad una lacerante crítica que se dirige a hacia nuestro propio modelo organizativo.

En esta primera parte de la película, el filme hace hincapié en estas diferencias sociales. La película retrata bien las frivolidades de la clase alta, como son sus conciertos y sus exquisitas fiestas, así como el contraste con la pobreza de los esbozos. Incluso desde su condición estética, las diferencias son palpables. Eso sí, todo este discurso está tamizado por la ingenuidad infantil, de tal manera que a este público estos discursos no le resultan nada pesados ni cargantes.

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Nuestros tres personajes (uno de cada clase) realizarán un viaje por los diversos cuadros de su creador, en busca de algún método para solucionar los problemas que existen en su propio cuadro. Es entonces cuando pasamos al nudo del filme, que nos llevará por una cantidad de escenarios diferentes. Seguramente esta parte del filme es la más infantil y redundante. A pesar de tener secuencias que demuestran que hay una poética que no existe en otras producciones convencionales, el filme se acaba convirtiendo en un espectáculo vistoso pero intrascendente. La galería de personajes que se añade es excesiva, aunque como iba diciendo el filme siempre tiene detalles interesantes que ofrecer, como es el caso de la curiosa estética que aparece en algunos de los lugares donde se sumergen nuestros protagonistas.

Por otra parte, en Le Tableau existe también una ligera aproximación al concepto filosófico de la caverna de Platón, bien que perfilado bajo la creación artística. Y es que al fin y al cabo, nuestros personajes no son reales, sino simples proyecciones de un pintor este si, real, al que buscan sin éxito durante gran parte del filme (de hecho, sólo aparece en la secuencia final). Precisamente, en uno de los cuadros a los que acceden nuestros protagonistas, se encuentran con una serie de pintores que también están realizando obras (la copia de la copia) pero que no tienen ningún tipo de criterio a la hora de realizar sus obras.

El problema principal de Le Tableau es que a pesar de contar con una sensibilidad muy especial y con una propuesta original, la animación no acompaña de igual manera la película. El director opta por un método totalmente diferente al cine de animación. Es cierto que hay una cierta inspiración en las fuentes artísticas de algunos pintores del siglo XX (Derain, Matisse, Brollard) pero las referencias son apenas guiños (como la pintura del joven flautista de Manet) que no consiguen introducirse en el lenguaje de animación que emplea la película. Son en realidad citas que aparecen de fondo, como paisaje, pero que no acaban integrándose en el filme.

Le Tableau es pues un soplo de aire fresco, que hará la delicia de jóvenes y adultos. Una película que es más de lo que aparenta, aunque desgraciadamente hayan ciertos aspectos técnicos que parecen no ir en perfecta conjunción con lo que encontramos detrás de su propuesta.

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