Arte para Dummies 7: El Happening.

John Cage se sentía atraído por el Silencio. Por eso en 1951 decidió buscar el silencio más absoluto en un espacio cien por cien insonorizado, una cámara anenoica en Harvard. Y lo que se encontró fue que precisamente, que el silencio más absoluto no existe, porque siempre hay un ruido, por mínimo que este sea. En la sala insonorizada, Cage fue capaz de comprobar que ruido hacían sus propios órganos e incluso el latir de su corazón.

Por este motivo, un año más tarde confeccionó una de sus piezas más célebres, 4’33. Una composición que muchos han confundido, creyéndose que el artista buscaba con ella una búsqueda del silencio más absoluto. Todo lo contrario, Cage precisamente quería demostrar que el silencio no existe y que todo lo que sonara durante el momento en el que se estrenaba la pieza, formaba parte de ella (ruido del público, la tapa del piano al abrirse). Por eso, 4’33 es un acontecimiento único, porque cada vez que se repite es diferente al anterior.

No es de extrañar que John Cage fuera uno de los maestros del “Creador” del Hapenning, Allan Kaprow. Vamos a adentrarnos modestamente en este artista y lo contrapondremos con otro artista coetáneo del momento, Yves Klein. Hay que tener en cuenta que es en estos momentos cuando la Performance y el Happening acaban desarrollándose como modelo de arte, aunque evidentemente no podemos señalar un momento concreto (además se le unen otros movimientos igual de importantes de los que por ahora no hablaremos), porque los antecedentes se remontan hasta los tiempos primitivos. Lo que diferencia una acción cualquiera de una actividad artística es que hay una serie de organismos que señalan la barrera, especialmente la teorización que realiza por ejemplo Kaprow, el lugar donde se realizaron (la galería Reuben) y la propia condición del artista.

Kaprow había estudiado precisamente Historia del Arte (tuvo de profesor a Meyer Schapiro como profesor, de quien esbozamos algo en uno de los capítulos anteriores), y además de artista fue un ensayista más que notable[1].  En el 1958 publicó precisamente un texto que nos da muchas señas de por donde iría el camino del futuro artista. Se titulaba The Legacy of Jackson Pollock y se publicó en Artnews. En este texto, Kaprow ponía de relieve una máxima que se haría póstumamente célebre y que aún hoy en día es objeto de cuestión, como es que después de Jackson Pollock, la pintura ya no podía seguir el mismo camino tradicional. Además Kaprow subrayó otros elementos que distinguían al pintor, y por los que precisamente también se le valoraba. Y es que Jackson Pollock fue a su manera uno de los primeros Perfomancers de la Historia del Arte. Porque cuando valoramos su obra, nunca nos quedamos en la pintura cerrada como un ente en sí mismo, sino que también valoramos otros aspectos, como el método con el que se hizo. Dice literalmente sobre Pollock que: Lo que tenemos es un arte que tiende a salirse de los límites, tiende a fundir nuestro mundo consigo mismo, un arte que en el significado, en la mirada, el impulso,  parece romper todas las tradiciones de los pintores del pasado, hasta los griegos. Cerca de la destrucción de Pollock de esta tradición, nosotros podemos volver al punto en el que el arte estaba más activamente involucrado con el ritual y la vida que conocimos en un pasado reciente[2].

Y es por todo conocido, que Pollock, siguiendo en parte técnicas que había aprendido, tanto del muralista mejicano Alfaro Siqueiros como de las tribus indígenas de Norteamérica, empleó nuevos métodos con los que abordar el lienzo. Técnicas como el dripping, el goteo con el que Pollock dejaba discurrir la pintura sobre la tela. Kaprow valora precisamente el hecho  que conlleva la disolución de las fronteras entre el objeto y el acto por el que éste se lleva a cabo.

El Concepto de Arte y vida, tan importante para las primeras vanguardias artísticas del Siglo XX (Los grupos que acabarían con la coletilla de los Ismos a sus espaldas) coge para Kaprow una nueva identidad. Kaprow se desentiende del concepto de Arte en cuanto sólo Arte que para él no tiene nada que ver con la vida, sino que según él sólo provoca una sublime indiferencia.[3]

En la Reuben Gallery de New York, en el otoño de 1959, presentó la que unánimemente se concibe por parte de los historiadores como la primera performance contemporánea. Titulada 18 Hapennings in 6 Parts y consistía en que todos los asistentes recibían una serie de indicaciones (entregadas de manera aleatoria a los asistentes) por parte del artista, que les invitaba a realizar acciones cotidianas por toda la galería. Kaprow cuidó así mismo la ambientación, con música y una decoración que realizó él mismo.  A diferencia de la obra teatral o del concierto musical, el Happening de Kaprow tiene la intención de ligarse a acciones totalmente cotidianas con las que el espectador se sentía totalmente identificado, como subir una escalera o pelar una naranja.

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Allan Kaprow y Robert Whitman en la Reuben Gallery, montando 18 Happenings in 6 Parts.

De esta manera, Arte y vida se fundían. El espectador quedaba completamente integrado en la obra de Arte, ya no sólo a medias, tal y como sucedía con Pollock.

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En el 1961 Kaprow realiza Yard. Se incita en esta ocasión de manera libre a que el espectador circule por una sala llena de neumáticos. Anecdóticamente, esta exposición se celebró hace unos pocos años en Barcelona, a manera de retrospectiva, y la sala estaba clausurada impidiendo el acceso. Un tremendo error, porque lo que quería Kaprow era precisamente que el espectador se adentrará totalmente en la obra.

No hay que olvidar que uno de los nombres más infravaloradas cuando se habla de Performance y Happening, como es el del artista Yves Klein. El problema de su fama, es que las obras que realizó este artista francés estaban precisamente destinadas a molestar al público integrante y por tanto eran obras mucho menos accesibles que las de Allan Kaprow[4]. Klein entiende el arte en parte como una vía de ataque contra el pequeño burgués. Por eso no resulta extraño entender algunas de las Performances que realizó, como la de 1959 (contemporánea cronológicamente a la obra de Kaprow) cuando en Amberes estrenó Vision in Motion. Una exhibición que consistía en precisamente no mostrar ningún tipo de obra, sino dejar las paredes de la galería (Hessenhuis) totalmente en blanco[5]. Acción que además volvería a repetir dos años más tarde. El Arte ni más ni menos estaba en la ingeniosa manera en la que Klein se consiguió reír de todos los espectadores, que se quedaron totalmente atónitos a la jugarreta que les había preparado Klein.

Se ha tratado de analizar la figura de Yves Klein sin tener en cuenta un aspecto fundamental de su obra, como lo fue…su sentido del humor. Klein anticipó como ningún otro artista el sentido Nihilista del arte contemporáneo. Cuando Klein habla del vacío, el ejemplo más claro de esté concepto está en la obra anteriormente comentada. Sin este sentido del Humor tampoco podríamos entender performances como las Antropometría (quien quiere consultarlas están en Youtube, pues fueron registradas en su momento).

Desgraciadamente la carrera de Yves Klein se truncó cuando murió de un infarto, cuando apenas contaba con 34 años. Nos ha quedado la imagen romántica que dice que fue Klein quien decidió poner fin a su vida saltando al vacío, del que tanto había hablado.

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Yves Klein, Salto al vacío. En los años posteriores a su muerte se pensó que el artista había consumado finalmente el acto de Salto al Vacío que tantas veces había preconizado, aunque posteriormente se comprobó que había sido un montaje y que Klein murió en la cama. De todas maneras, no se puede imaginar un acto más sublime en el que finalmente se funde la vida con el arte.

[1] V.V.A.A, Arte desde 1900, Ed. Akal, Madrid 2006, p. 450. El libro, que escriben 4 prestigiosos Historiadores del Arte (Yve-Alain Bois,Rosalind E. Krauss,Benjamin H. D. Buchloh), con una línea conceptualista bastante evidente (Francis Bacon no aparece mencionado en toda la obra) abarca cronológicamente el Siglo XX y deja bastantes señas sobre el arte de Kaprow.

[2] AZNAR, Sagrario, El Arte de Acción, Ed. Nerea, Donostia 2000, p. 19

[3] KUSPIT, Donald, El fin del Arte, Ed. Akal, Madrid 2006, p. 58

[4] BUCHLOCH, Benjamin, Formalismo e Historicidad: Modelos y métodos en el Arte del Siglo XX, Ed. Akal, Madrid 2004,

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