Thor (2011)

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Sorprendió a todo el mundo que fuera Kenneth Branagh el encargado final para dirigir la enésima versión de un héroe de Marvel, como fue el caso de Thor (Thor, 2011). Y es que no parecía que el hombre que había trabajado adaptando al cine varias veces  material de Shakespeare, como en Much ado about nothing (mucho ruido y pocas nueces, 1993) o Henry V (Enrique V, 1989) fuera precisamente el indicado. Sin embargo, y a pesar de que no lo parezca en un principio, Thor consigue mantener cierta esencia del cineasta, que se trasluce en más de un momento.

El resultado es una lucha que se establece en el propio filme y que el espectador puede comprobar si presta atención. Es el confrontamiento entre la parte más comercial del filme, impuesta por la Marvel y la productora Paramount y la visión del autor. Estas partes pueden diferenciarse con facilidad en Thor.

Shakespeare respira en muchos fotogramas de la película. En Realidad, lo más interesante de Thor es el eje que profundizó Branagh en sus otras películas, como es el drama político entre los miembros de una misma familia, y la lucha entre ellos por conseguir el poder. En efecto, otra vez nos encontramos con una familia real, aunque además de monarquía tengamos también el elemento divino, que en la práctica no tiene más importancia. La Historia de Thor podría ser perfectamente la de una obra actualizada de Shakespeare, con sus intrigas y sus ansías de poder.

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Se nos presenta Asgard, el lugar fabuloso donde viven nuestros protagonistas. La película, al igual que hacía el cómic, reintepretaba la mitología nórdica. Odín es el padre de Thor y Loki y a pesar de ser un rey sabio y valeroso se encuentra ya anciano. Efectivamente, la película gira en torno a la sucesión del monarca, que en teoría habría de obtener el primogénito, Thor, pero que acaba en manos de Loki después de que este urda diversas estratagemas.

Loki es seguramente el personaje más interesante de toda la película, pese al título del filme y lo que podría parecer en un primer momento. Sin duda alguna, el personaje que interpreta Tom Hiddleston es el más rico en matices. Seguramente porque el director puede ofrecer una perspectiva diferente a la del personaje principal, no tan encorsetada por la oficialidad y más libre en su definición. Además hay detalles interesantes que hacen más compleja su personalidad (en contraposición a la simpleza del personaje de Thor) como el tema de la paternidad, pues finalmente se acaba enterando de que no es hijo legítimo de Odín (algo más que interesante, porque el director parecer querer mostrar a Odín reticente ante la posibilidad de que su hijo ilegitimo gobierne, aunque nunca lo diga de manera directa, se presiente).

Pero como comentaba, la productora ha impuesto también gran parte de su sello. Para empezar, en la creación fantástica de un mundo que no tiene ni pies ni cabeza, y que está cien por cien generada por ordenador. Me refiero a Asgard donde realmente la arquitectura huele a un artificio bizarro que rezuma Kitsch en muchas de sus partes, ya sea desde la puerta a la entrada de otros mundos (una idea que no tendría cabida ni en el más absurdo episodio de Star Trek) o el propio palacio de Odín. Por no hablar del vestuario de los personajes de la corte, que resulta una mezcla entre la imaginería vikinga y las armaduras de los caballeros del zodíaco. Por otra parte, las secuencias de acción son vomitadas e impuestas con calzador, sin que realmente tengan una justificación. El cine palomitero hace su entrada por la puerta de atrás, con grandes pretensiones pero sin demasiados fundamentos. Buena muestra de ello es la pelea final entre Thor y Loki, un abigarramiento de imágenes saturadas por ordenador que no produce la más mínima empatía.

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Mención especial merece la concepción tan tópica del personaje de Thor una vez este ha llegado a la tierra. Siguiendo los tópicos del gigante bonachón, la película se dedica a recuperar escenas de Starman (Starman, 1984) de John Carpenter (personaje en un mundo extraño realizando secuencias cotidianas  para el espectador y que sin embargo para el protagonista son totalmente extrañas). Resulta tan insustancial en comparación con el resto de personajes importantes que es casi un insulto. Poco ayuda el personaje que interpreta Natalie Portman (seguramente sólo incluido para llamar la atención de un target femenino más amplio) y la relación de “amor” que establece entre los dos. Seguramente lo único acertado del personaje que interpreta Chris Hemsworth es el humor con el que se complementa, algo por otra parte nada nuevo si tenemos en cuenta personajes como el que interpreta Robert Downey Jr. en la también película de Marvel, Ironman (Ironman, 2008).

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