Para todos los Gustos (2000)

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Le Gout des autres (Para todos los gustos, 2000) es una pequeña joya del cine francés, que demuestra que hay un cine escondido, hecho con ideas y no con presupuestos mastodónticos. Idea que quizá puede sonar  tópica, pero que no por ello deja de ser cierta. Y hay que decir que la idea de Le Gout des autres es muy jugosa.

La película, que dirige la directora Agnès Jaoui (quien a su vez es una de las intérpretes de la película) investiga el gusto y las barreras sociológicas que esta imprime, en un grupo variado de personajes que es presentado muy específicamente por la película, como un extracto bastante importante de la población francesa. Para todos los Gustos intenta profundizar en la posibilidad de que haya personas con gustos tan dispares y como se establecen entre estos grupos barreras que son casi infranqueables, con distancias prácticamente insalvables.

Por eso la película opta por una estructura muy interesante, que combina las Historias cruzadas con un protagonista principal, del cual derivan los demás personajes y los gustos con los que se interrelacionan todos ellos. Jean-Pierre Bacri interpreta al protagonista principal. Es un empresario de éxito, ya de edad avanzada, que vive plácidamente con su mujer. No es para nada un apasionado de las artes, y por eso encara con mala actitud una visita al teatro donde había quedado con su mujer para ver a su sobrina actuar. Sin embargo, allí se quedará fascinado con una de las actrices, quien interpreta Anne Alvaro. Inmediatamente él se enamorará de ella e intentará cortejarla por todos los medios, incluso contratándola como profesora particular de inglés.

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La directora del filme nos presenta el amor como motor básico de la función. Es el amor el que poco a poco hace que nuestro protagonista empiece a ver que existen nuevas realidades artísticas. Es cierto que primero la película nos presenta este avance como un interés puramente personal (en tanto que mostrando ese interés nuestro protagonista principal  consigue, o que cree que consigue, llamar la atención de la profesora) pero finalmente se llega a un grado en el que vemos indicios de que se han conseguido romper estas barreras (escena clave en la que espeta ante ella que ha comprado la obra por puro placer estético). Es decir, la película muestra muy inteligentemente como un empresario sin escrúpulos, prácticamente reaccionario en el tema ideológico,  puede pasar a disfrutar de artes como la pintura abstracta o una obra teatral de Ibsen después de encadenar diversos cambios. Ahora bien, ¿Significa esto que es lo normal?

No ni mucho menos. A lo largo de la película y mediante los personajes secundarios, lo que trata de demostrar la película es la dificultad de traspasar los gustos una vez uno ya los tiene consolidados. Ejemplos los encontramos en cada una de las relaciones que se establecen entre estos personajes secundarios. Desde la mujer del protagonista, una auténtica admiradora del estilo más rococó y cursi, que intenta aplastar el gusto de los demás demostrando su superioridad ante su cuñada. Incluso cuando su marido cuelga una pintura abstracta que ha adquirido, ella la desmonta porque la considera inapropiada para su hogar. Luego tenemos al personaje de la camarera (quien como decíamos, interpreta la propia directora) que aunque físicamente se siente atraído por el guardaespaldas del jefe, nota que ideológicamente se encuentra a sus antípodas.

Grupo sociológico destacable es el mundillo de artistas que aparecen burlonamente representados en el filme. Agnès Joui se ceba especialmente con ellos,  seguramente por ser el estrato del que más conocimiento y cercanía tenga. Los Artistas se dedican a reírse despiadadamente de nuestro protagonista, mostrándole sus carencias y sus faltas de conocimientos. Actúan como un grupo cerrado, que no permite un acceso fácil a los que intentan integrarse. Sin duda hay cierto retintín por parte de la directora en la manera en como enfoca al grupo.

Desgraciadamente la película tiene algún par de defectos, como algún personaje secundario que no queda demasiado bien definido (sobre todo el Chófer, que parece tomar gusto por la música pero no sabemos ni sus motivaciones ni nada de él o la hermana del protagonista principal que es prácticamente una desconocida). Por otra parte, Para todos los gustos tiene ese pequeño gusto a película francesa mediana, que resulta demasiado complaciente con sus postulados y poco exigente de sí misma. Y es que en los aspectos técnicos la película se contenta con ser un envoltorio ligero a la propuesta temática.

En definitiva, Para todos los gustos es una película de la que se puede hablar larga y tendidamente, y de la que resulta interesante reflexionar una vez ha finalizado, por la gran cantidad de detalles que nos presenta el guión, que es sin duda la baza más importante del filme.

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