Cinco metros cuadrados (2011)

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Cinco metros cuadrados (Cinco metros cuadrados, 2011) nos recuerda el importante papel que tiene el cine y que puede (y debe) cumplir en nuestra sociedad. En contraste con las decenas de películas españolas que se estrenan anualmente y que pasan por la cartelera como un simple entretenimiento, se postulan películas como la presente de Max Lemcke que pretenden arrojar un haz de luz sobre cuestiones miserables que campean en nuestra sociedad.

En definitiva, la película de Lemcke pretende poner en acción la gran estafa de la especulación inmobiliaria, que parece que actualmente, en el momento de escribir estas palabras, hemos olvidado (porque con los temas importantes nuestra memoria es muy frágil) y que sin embargo, con tanta fruición se ha cebado sobre el país. Una película que sin contar con presupuestos exagerados, consigue cumplir sus objetivos y poner en movimiento las conciencias de los espectadores, que difícilmente quedarán impasibles ante el drama que se desarrolla ante sus ojos.

Y no es que el espectador no conozca los hechos que relata el filme, porque estará harto de haberlos vistos por televisión. Sin embargo, lo que diferencia Cinco metros cuadrados de un reportaje neutral o de un pase en telenoticias, es el hecho de ponerle un rostro con ojos a los afectados. Y es que uno de los dramas más evidentes de nuestra sociedad actual es el pensamiento exclusivamente númerico. Los afectados ya no son personas, sino cifras en un mar inabarcable. Pero cuando en la película vemos llorar al personaje que interpreta Fernando Tejero, ante la impotencia de perder todos los sueños de su vida, el espectador no puede más que asumir gran parte de la impotencia y convertirla en rabia. Una rabia que aunque fútil, resulta totalmente necesaria para un cambio social.

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No es casual además que la pareja interpretativa que escoge Max Lemcke para la película sea totalmente conocida por el espectador de a pie. Fernando Tejero y Malena Alterio se hicieron conocidísimos en toda la península por su papel de amantes en la popular serie de Aquí no hay quien viva. Precisamente, eran dos de los personajes más icónicos y representativos de la sociedad. Sin embargo, Lemcke recoge una pareja cómica y la reconvierte incrustándola en el marco argumental de un drama total.

Fernando Tejero interpreta a un trabajador de clase media, que junto con su pareja, Malena Alterio, deciden instalarse en una pequeña urbanización con vistas al mar. Animados por el personaje de Secun de la Rosa, impagable como maestro de los engañados en ese trabajo de inmobiliario, se deciden por realizar una costosa inversión. Sin embargo, poco a poco se demuestra que todo ha sido un gran engaño, y por recalificaciones fraudulentas, el proyecto acaba retirándose.

Cinco metros cuadrados es un descenso en toda regla a los infiernos. Somos testigos de lujo de todo el proceso que lleva a una familia humilde a la estafa más vergonzosa. Desde la primera compra hasta el acto final. Evolución que transcurre en paralelo con los personajes protagonistas de la película, especialmente el de Fernando Tejero. En un principio un hombre normal, fácil que el espectador se identifique con él, pero rápidamente las consecuencias de la estafa harán mella en él, convirtiéndolo totalmente. Sin lugar a duda, su interpretación es de los más firme que ofrece el filme, muy por delante del guión o de otros aspectos.

Sin embargo, más allá de buenas voluntades, Cinco metros cuadrados también tiene algunos fallos acusados. A pesar de que es evidente que a Max Lemcke le interesa realizar una especie de Tour de force que vaya claramente a más a medida que transcurre el metraje del filme, lo cierto es que el resultado de este intento es bastante decepcionante, especialmente por un primer tramo que no evoluciona con intensidad y que recuerda demasiado al panfleto. Es más, en los primeros compases, una vez el personaje de Secun de la Rosa ha hecho su aparición, la película tiene unos inicios dubitativos.

Por otra parte está el final del filme, y es que uno se pregunta si ante un filme que pretende ser tan verosímil como Cinco metros cuadrados, acabe por unos derroteros tan fantasiosos. Porque lo cierto es que lo más real hubiera sido que el personaje de Fernando Tejero acabará resignándose, como en realidad hacen sus compañeros de lucha, pero la película, que al fin y al cabo no puede dejar de mostrar la vena romántica propia del cinematógrafo, trata de ensalzar la figura del personaje, con una acción cuanto menos dudosa.

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