Interstellar(2014)

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Interstellar (Interstellar, 2014) ha dado mucho que hablar. Después de recibir comparaciones con las más altas cumbres del género de la ciencia ficción, lo cierto es que el Bluff ha ido colocándose en  su auténtico sitio. Y es que el último filme de Nolan no hay por donde cogerlo. No se entiende tampoco las declaraciones del propio director afirmando que Interstellar es una película que hay que revisar más de una ocasión para poder captar todos los detalles, más cuando se trata de un filme que roza la simpleza más absoluta.

Más allá de los errores científicos, que cualquier película por ser ficción y tratar el género comete, la película tiene muchos altibajos. El Argumento es ya bien conocido, la tierra se muere debido a lo que parece una post guerra mundial (tampoco se explica detenidamente). El Polvo está invadiendo todo el planeta y este tiene los días contados.  Nuestro protagonista, que interpreta Matthew McConaughey, es un granjero (aunque en su juventud había sido piloto de naves espaciales…) que recibe una oferta-nada suculenta- de colonización de nuevos planetas, algo que finalmente acepta, a pesar de que deja toda su familia atrás en un planeta que posiblemente se dirige a la ruina. Más allá de que resulte un tanto sospechoso lo que lleva a un granjero a dejar su tierra para salvar la humanidad (hay un Bruce Willis en todos nosotros) la película no acaba de cuajar los momentos dramáticos en esta primera parte, lo que acabará arrastrándose metraje después (caso del hijo del protagonista o de la misma hija, de la que nunca se entienden sus reacciones).

Interstellar sacrifica su inteligencia por el efecto fácil. Es la tónica habitual de la película y este hecho resulta totalmente incontestable. Un ejemplo claro podrían ser las leyes que se autoimpone el filme y que el propio Nolan acaba rompiendo, caso de la silencio absoluto del espacio. O más allá de cuestiones estéticas, los diálogos que tratan de vender la película como si fuera una obra de gran carácter científico, cuando la realidad dista bastante de este hecho (acordémonos sino, de la conversación ante el agujero negro). A diferencia de otras grandes películas de la ciencia ficción, que mantienen la intriga e incluso la doble lectura, Nolan, como viene siendo habitual en su savoir faire, tritura totalmente la película y la hace pasar por el colador de la simpleza para poder presentarla a un público mayoritario. Las comparaciones resultan totalmente odiosas, y lo cierto es que no hablan demasiado bien del público que asisten a las salas de cine. Mientras 2001: A Space Odyssey (2001: Una Odisea en el Espacio, 1968) fue una película, que rompiendo la taquilla, seguía manteniendo un respeto hacía un arte no domesticado ni digerido, el proyecto de Nolan es precisamente todo lo contrario. Un tono de imbecilidad supina que se autoimpone el propio cineasta para hacer la película más accesible al público. El Cripticismo de Kubrick consiguió atraer a un gran número de espectadores, pero lo cierto es que una película tan singular como la suya difícilmente podría gozar de un éxito similar hoy en día.

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Esto se transluce también en la propia acción que mueve a Interestellar. El filme se desarrolla especialmente por dos vías: Una, la intensidad dramática, que queda condicionada por las singularidades (temporales) que ofrece el argumento, y por otra parte, las secuencias reiterativas de acción.

El dramatismo lacrimógeno queda evidenciado en muchas secuencias. Si bien en un primer momento puede tener su fuerza, a medida que se estira el recurso y vemos a nuestros protagonistas derramar lágrimas de manera continua, el efecto va desapareciendo, más cuando muchas de estas situaciones resultan un tanto forzadas. Lo que sí resulta interesante es la manera en como Nolan se aprovecha de las concepciones y singularidades que le permite el argumento (el paso del tiempo y los efectos que provoca el agujero negro) para ir colocando situaciones que por su sorpresa causan un impacto considerable.

Aunque realmente,  lo que a Cristopher Nolan le interesa es la acción y el lucimiento de un estilo visual que resulta ya conocido a los que tengan en cuenta la trayectoria anterior del cineasta. Escenas atractivas, pero de interés más bien escaso, como el caso de los repetidos planos a bordo de la nave (tan espectaculares como vacíos).Es innegable que el filme tiene cierto atractivo, y que muchas de las secuencias que transcurren en el espacio o en los mismos planetas dejan al espectador con la boca abierta (porque por otra parte, así es su intención). Este colosalismo marca todo el tono del filme, embarcándose en una épica extrema, que sigue (o intenta seguir) la estela de Kubrick.

Por cierto, situaciones graciosas: el personaje de Matt Damon se debió quedar ido después del Hipersueño, sino no se explica su actitud, como tampoco se explica que Michael Caine aguante 23 años como si fueran una minucia, definitivamente es inmortal.

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