Basquiat (1997)

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Basquiat (Basquiat) es otro Biopic más. Esta vez no sobre un deportista de élite unpolítico o militar, sino sobre uno de los artistas más icónicos de finales del Siglo XX, como fue Jean-Michel Basquiat. La película, que cuenta con un reparto fulgurante (Dennis Hopper, Gary Oldman, David Bowie, Benicio del Toro, Willem Dafoe y el propio Jeffrey Wright  que interpreta al personaje protagonista) se queda sin embargo a medio camino entre la creatividad y el Biopic esquemático y académico.

La película empieza con un potente Flashback, que nos presenta a nuestro protagonista de niño ante una de sus grandes influencias, Picasso (el Guernika, más en concreto), en una secuencia que ya nos presenta un regusto onírico que será una constante en el resto de la película. Pero cuando realmente empieza la película es justo en los momentos previos a que Basquiat despegue como artista. La película terminará finalmente hasta la muerte del artista, mientras somos testigos de la presentación de una galería de artistas y galeristas de primer nivel.

Y eso que Julian Schnabel, el director (también artista visual) y coguionista de la película, era amigo personal de Basquiat, pero la realidad es que la figura que dibuja el director del artista, dista de ser un personaje poliédrico, sino más bien un cáracter muy arquetípico. El tópico del artista Bohemio, que mantiene una relación de autodestrucción con las drogas mientras su actitud respecto al mundo es de aislamiento total. Evidentemente algo había de ello en Basquiat, pero definirlo como un orangután andante, despojándole de todo discurso intelectual e incluso de talento artístico, no era definitivamente la mejor opción. El caso es que Schnabel se decanta en definitiva, por la compasión ante su antiguo compañero. Una vez finalizada la película podemos comprobar cuales eran las intenciones reales del filme.

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Basquiat aparece como un artista que parece triunfar prácticamente por puro azar (de hecho, su compañero interpretado por Benicio del Toro le hará un comentario en este sentido, alegando que el éxito se la ha subido demasiado rápido a la cabeza cuando en realidad podría haber triunfado cualquier otro en su lugar) e incluso insinuando algunas cuestiones de mercadotécnica (el hecho de ser uno de los pocos pintores afroamericanos capaz de haber alcanzado un gran nivel de reconocimiento) pero en definitiva, Basquiat siempre está al margen de todo este negocio comercial. Es decir, Schnabel señala al artista como un personaje inocente, que no se interesa demasiado por el dinero, sino por la pura creación en sí misma. Esto queda bastante claro entre la contraposición que existe entre el Pintor salvaje y natural, Basquiat, y su némesis, el pintor que busca por encima de todo el rendimiento crematístico, Warhol.

También hay que destacar la banda sonora de la película. Schnabel  utiliza los propios coqueteos de Basquiat con la música (como vemos en el filme, al principio parece querer convertirse en intérprete musical) para compilar una banda sonora que tiene una importancia determinante en el filme. La New Wave musical, que en aquellos momentos en los que se ubica la película estaba en pleno auge, es una de las protagonistas indiscutibles. En líneas generales podemos decir que la película utiliza la música de dos maneras, una para describir y la otra para impactar dramáticamente. Casos del primer ejemplo lo encontramos con la propia selección de Música de la New Wave, como el tema de PiL que suena al principio del filme o Lust for Life de Iggy Pop. En el segundo sentido, tenemos las dos canciones que abren y cierran respectivamente la película  y que buscan un impacto emocional en el espectador. Una táctica un tanto lacrimógena, pues sólo hace falta recordar el tema hallelujah de John Cale, pero ciertamente efectiva.

Como comentaba anteriormente la película duda entre el Biopic convencional y la inclusión de algunos elementos creativos. La película opta por una linealidad convencional, que transcurre temporalmente de un punto a otro sin recurrir a otros elementos narrativos. Por otra parte la convencionalidad y el esquematismo también se añaden al tratamiento de unos personajes que tampoco parecen demasiado desarrollados, como es el caso de Andy Warhol, quien interpreta el célebre músico David Bowie, y que no aparece con toda su complejidad. El descenso a los infiernos del personaje principal es también uno de los ejes de la película pero por momentos Basquiat parece seguir las directrices del guión y no sus propias convicciones. Sin embargo, Schnabel también introduce algunos recursos singulares, como algún que otro salto de eje descolocante (la conversación en el piso de Benicio del Toro y Basquiat) o alguna intromisión audiovisual totalmente lisérgica (discursos casi esquizofrénicos que se entrometen en el filme).

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