Arte para Dummies 11: Reconstruyendo Mitos

Antoni Viladomat i Manalt (1678-1755) es una de las figuras más emblemáticas del arte catalán. Cualquier barcelonés de a pie habrá oído su nombre en alguna ocasión, puede que tan siquiera sin conocer su obra, debido al mero hecho de hay una calle importante de la ciudad concedida en su honor. Sin embargo, analizando detenidamente la trayectoria artística del pintor, en seguida nos damos cuenta de que sus obras no son tampoco piezas excepcionales, más si las comparamos con el panorama mediterráneo del momento, en este caso barroco tardío.  ¿Cómo es posible, que una figura tan mediocre (o si se quiere, medianía), artísticamente hablando, como Antoni Viladomat se haya convertido en uno de los iconos artísticos, no ya de la ciudad, sino de toda Catalunya?

La recuperación de la fortuna crítica de Viladomat es ciertamente apasionante, puede que incluso más que su propia obra artística. Durante su vida, el artista gozó de una correcta posición social, y se convirtió en un pintor barroco típico del Siglo XVII español, es decir, la gran parte de sus trabajos se realizaban para el poder eclesiástico, dejando los trabajos cortesanos de lado, que acostumbraban a ser los más intelectuales y refinados en la época.

La primera gran referencia aparece descrita en la obra de Antonio Ponz. Este erudito realizó un viaje por toda la península, a raíz de la expulsión de los jesuitas, para inspeccionar los bienes artísticos que habían sido confiscados por orden del monarca Carlos III. Posteriormente realizó un magnífico libro, Viajes de España donde hacía un análisis recopilatorio de todas las obras de arte que había visto por toda la península. Fue precisamente Antonio Ponz quien realizó el primer elogio sobre la figura de Viladomat y recoge una supuesta anécdota[1] que tuvo lugar entre los pintores Anton Raphael Mengs (como habíamos visto anteriormente, uno de los teóricos del neoclasicismo más importantes) y Manuel Tramullas (quien había sido discípulo del pintor). Ponz afirma que después de haber visto diversas series de Viladomat, el alemán dijo de él que había sido el mejor pintor de la ciudad en su tiempo. Algo, por otra parte, resulta bastante inusual, si tenemos en cuenta que el Neoclasicismo que propugnaba Mengs distaba enormemente de la concepción tanto teórico como práctica de Viladomat.

Una de las obras fundamentales la realizó Joaquín Fontanals de Castillo (1842-1894),  Historiador del arte origen cubano, que se movía en los círculos intelectuales del Ateneo Barcelonés. Fue él quien recupera la figura en su tiempo, elaborando una monografía canónica[2]. En el título de la monografía Fontanals del Castillo hace referencia al olvido del pintor, pero él mismo no ocultaba el hecho de que otros artistas como Joan Grau, Joan Porcell, Melcior Nogués, Jacint Font o Josep Riba también lo estuvieran, pues tal y como él mismo dijo: “ Nadie sabía quién eran”.

El componente político es más que evidente. Viladomat se convierte en una figura que tiene usos claramente reivindicativos, en el sentido de la búsqueda de una pintura “Nacional”. Un momento clave de la encumbración viene en el 1863, cuando Victor Balaguer propone la nueva toponimia de las calles del ensanche de Barcelona[3]. Sólo una recibe el nombre de un artista (la mayoría serán instituciones o personajes históricos) y ese es ni más ni menos que Viladomat. Por otra parte, y aunque se suele dejar de lado, el hecho es que el propio Balaguer tenía una colección considerable de cuadros de Viladomat…

Un ejemplo del rendimiento que supone atribuir el nombre de un artista concreto en vez de a un simple estilo o escuela, lo encontramos claramente en la casa de Subastas. El procedimiento es muy sencillo, la gente está dispuesta a pagar más cantidad de dinero, cuando una obra tiene una firma concreta. Ergo, las casas de subasta en cuanto cogen una obra de un determinado siglo, si quieren sacar un buen provecho dirán que es del artista más representativo de aquel momento, e incluso si no se atreven, dirán que forma parte de aquella escuela o taller. Esta nauseabunda tendencia también la podemos encontrar en el caso de Antoni Viladomat.

La Historiografía convencional acostumbra a señalar que entre el período gótico y el Modernismo, el arte catalán fue un erial, y que sólo aparecen pequeños oasis como el caso de Viladomat (el concepto de decadencia es algo que tiene que tomarse entre algodones, y entre más tres siglos siempre hay artistas, literarios u otras figuras  destacables). Esto provoca que del Barroco catalán tardío sólo tengamos un nombre en primera plana, Viladomat, y prácticamente todos los artistas coetáneos sean inexistentes o tengan una relevancia mínima. Así, artistas como Pau Priu o Joan Grau quedan en el más absoluto de los anonimatos. ¿Qué va a ganar una casa de subastas poniendo un nombre anónimo como los anteriormente comentados?

En el caso de Viladomat, gran parte de la pintura de la época que se encuentra en las casas de Subastas se ha considerado y vendido como Viladomat. Fijémonos ahora en algunos ejemplos:

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Transverberación de Santa Teresa Atribuido a Antoni Viladomat, por parte de Francesc Miralpeix. Vendida en la Casa de Subastas de Balclis en Barcelona,  el 19 de Octubre de 2011, por un precio final de 2.250 €.

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Transverberación de Santa Teresa atribuida a Antoni Viladomat. Puesta a la venta en la casa de Subastas de Alcalá en Madrid, el 5 de Octubre de 2005.

Como podemos comprobar a pesar de la mala calidad de la imagen, aquí nos encontramos con algunos elementos discordantes. La segunda pieza se vendió como un Viladomat, lo que seguramente debió encarecer parte de su precio, pero no aparece en el catálogo crítico que realizó Francesc Miralpeix en el 2004, un año antes de la venta. Por tanto, lo que está claro es que aquí la casa de subasta o no se ha mirado el catálogo, o directamente no le ha interesado hacerlo. En cuanto a la primera pieza, y a pesar de que se contó con el trabajo de Miralpeix, que añade la obra dentro del catálogo y como Atribuido a Viladomat, nos encontramos con que el estilo de la pieza es aún así bastante inclasificable. De hecho, en el catálogo ya encontramos que el origen de la pieza es inédito, es decir, de procedencia desconocida, algo que nos debería hacer sospechar. Volvamos a tomar una obra del artista, esta sí, totalmente documentada, como es la Sagrada Familia que se encuentra en la Basílica de Santa Maria del Pi, en Barcelona:

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Las diferencias son más que notables. A pesar de no ser una obra excepcional (la a cara de la Virgen tiene la típica cara de Viladomat, una masa plana inexpresiva en forma de media luna) tiene detalles de primera calidad, como la mano de la virgen que se encuentra en claroscuro o el detalle del manto con pliegues que cubre al niño. Esta obra demuestra que hay una disparidad enorme en la manera de trabajar del artista, pero sigamos con algunos ejemplos más:

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Jesús entre los Doctores, entre 1735 y 1740, pintada por Antoni Viladomat, ubicada actualmente en el Museo de Montserrat.

La pintura se realizó originalmente por el encargo del canónigo Iglesias de Santa Anna y llegó a Montserrat en el 1827. Con la desamortización de Mendizábal en el 1835 se llevaron muchas de las donaciones que había realizado el propio Iglesias, sin embargo esta precisamente se quedó en Montserrat.

Sin embargo, vayamos ahora a una casa de Subastas, como es SetDart.

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Nos encontramos con otro cuadro con la temática de Jesús entre los Doctores. Esta obra se llegó a tasar por un precio de entre 60 mil y 80 mil euros. Evidentemente, se quedó sin venta, porque, el precio resulta totalmente desorbitado en relación a los precios habituales del artista. La cuestión que nos ocupa ahora es que artísticamente, la obra de SetDart y la de Montserrat no tienen demasiado parecido estilístico o por lo menos cabe suponer la existencia de un taller (algo que tenemos documentado en el caso del artista). Es una constante en la obra atribuida a Viladomat y algo que aún Miralpeix no ha sabido atajar del todo con su catálogo.

Como decíamos, con la Tesis de Francesc Miralpeix (que realizó un catalogó crítico) se han podido resolver muchas de la incógnitas que venían rodeando al artista, y sin embargo, aún nos queda mucho camino por delante. Sin embargo, los intereses siguen estando ahí, porque una casa de Subastas difícilmente va a admitir haber cometido un error, porque  significaría una pérdida de prestigio muy importante (y las Casas de Subastas viven prácticamente del prestigio y del eco que consiguen levantar). Por otra parte, quien ya ha comprado una obra de un artista reconocido, no va a admitir fácilmente que ha sido estafado,

[1] BASSEGODA, Bonaventura, L’època del Barroc i els Bonifàs, Ed. Universitat de Barcelona, Barcelona 2007, p. 281

[2] FONTANALS, Joaquín, Un recuerdo de Antonio Viladomat: el Pintor y olvidado y maestro catalán del siglo XVIII, Ed. Narciso Ramírez y Compañía, Barcelona 1872

[3] BALAGUER, Victor, Las Calles de Barcelona, Ed.Salvador Manero, Barcelona 1886, p. 417: Se puede comprobar la explicación que da Balaguer para justificar la utilización de Viladomat como nombre ejemplar para poner el nombre de calle.

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