¡Me ha caído el Muerto! (2008)

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Ghost Town (¡Me ha caído el muerto!, 2008) es una película totalmente fallida. A pesar de que el gran humorista británico Ricky Gervais actúa como protagonista principal, su humor y esencia característica se han quedado disueltos en un filme inofensivo y que está totalmente diseñado para hacer dinero en taquilla. Por eso, o quizá a consecuencia, se escogió a David Koepp, un director artesanal, conocido especialmente por sus pequeños thrillers como Secret Window (La Ventana secreta, 2004) o Stir of Echoes (El último escalón, 1999).

¡Me ha caído el muerto! Es claramente una película adocenada y domesticada. El tufo con el que está construida puede olerse desde el primer minuto de la película. Ahí vemos a uno de nuestros protagonistas, interpretado por Greg Kinnear, pasear por Manhattan con una música compuesta por Geoff Zanelli, que es la típica en estos productos para todos los públicos. Y en un momento determinado, mientras nuestro protagonista tranquilamente discurre por la ciudad, es atropellado tras una rocambolesca concatenación de errores. La película tiene tanto miedo a presentar algo amargo al espectador, que la muerte aparece representada como algo gracioso, más allá de que la película sea una comedia romántica. Y es un hecho que se repetirá en más de una ocasión. Pues estos productos prefabricados, realmente no tienen la intención de impactar emocionalmente al espectador, como en una tragedia griega, sino que simplemente le quieren absorber por un tiempo determinado. Incluso en las transiciones musicales, donde vemos a nuestro protagonista sólo y herido ante la soledad, el impacto es mínimo, y simplemente tomamos la escena como una secuencia de transición (ayuda en parte la música) donde lo importante no es cuidar la escena en sí, sino hacerla pasar lo más rápido posible, pues sólo sirve en cuanto es obligatoria para que pueda transcurrir el filme. Es evidente que este tipo de cine falsea totalmente una realidad, imponiendo otra totalmente distorsionada.

GHOST TOWN

En definitiva, el filme de Koepp nos presenta la típica situación de comedia romántica, donde el elemento sobrenatural no es más que un aderezo argumental para condimentar la situación. Kinnear interpreta el fantasma de un marido infiel, que muere sin poder decirle nada a su esposa. Por eso decide actuar por medio del personaje que interpreta Ricky Gervais, un dentista malhumorado y anti social, que debido a una operación de colón que sale mal, puede ver a los fantasmas (cosas del cine). Una comedia romántica entre un protagonista anti heroico, descuidado y cínico y una mujer convencional para este tipo de filmes, nada nuevo bajo el sol de Hollywood.

Lo único que se trasluce como de interés es alguna escena aislada donde el personaje de Ricy Gervais puede mostrar parte de su fama como humorista cínico que le consagró como uno de los humoristas más valorados del panorama. Escenas de un humor absurdo, mucho más conflictivo y agresivo que las escenas predominantes de humor infantil y blanco. Podríamos citar aquella en la que Gervais trata de hacer confesar un secreto a uno de los personajes, o alguna de las situaciones incómodas que se producen entre él, y el personaje de Téa Leoni.

El desarrollo argumental de la película tira evidentemente por los mismos caminos prefabricados. Acercamiento del personaje masculino al femenino-Distensión entre ambos tras metedura de pata del protagonista masculino-reconciliación final. Incluso las mismas transiciones musicales que tantas veces el espectador ha tenido que soportar en los filmes académicos, vuelven a aparecer con fuerza en el filme.

Por otra parte a pesar de las buenas intenciones, el infantilismo hace imposible disfrutar de la evolución del protagonista principal interpretado por Gervais. El mensaje es bastante evidente. En un primer momento Gervais es un hombre incapaz de sentir cualquier tipo de empatía por sus compañeros (no diremos amigos porque ni siquiera tiene) pero a medida que se va enamorando del personaje que interpreta Téa Leoni, irá dejando atrás su máscara para convertirse en un ser mucho más empático. Sin embargo, el proceso está contado de una manera tan infantil que es difícil que trascienda el argumento, más allá de la pura anécdota. Lo único rescatable es como comentábamos, algún elemento aislado del personaje de Gervais, así como su interpretación.

En definitiva, ¡Me ha caído el muerto! Es una película cien por cien académica, que únicamente tiene algún que otro gag aislado, pero no los suficientes como para justificar su producción.

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