Arte Para Dummies 12: Severo

Desde nuestra mentalidad actual es difícil hacerse una idea de lo que supuso para el mundo Griego una victoria como la que consiguieron (organizadas en Polis/Ciudades Estado Independientes) en las que hoy conocemos como Guerras Médicas. El Conflicto, (aunque con algún precedente como la conquista de Jonia por parte de Ciro II el Grande en el 547 a.c) empieza alrededor del 499 a.c. En la primera campaña los persas comandados por Darío I son derrotados (en el 490 a.c en la batalla de Maratón) y en la segunda parte de la guerra, las tropas de Jerjes I sufren la misma fortuna (Batallas de Salamina en l 480 a.c y Platea en el 479 a.c. Popularmente es una Historia más o menos conocida (más mal que bien) por ser parte de lo aparecía en el filme de 300 (300, 2006; aunque el filme sólo se hacía eco de la parte Espartana).

Para que nos hagamos una idea de la importancia que tuvo este evento en la mentalidad griega, podemos ver como el gran dramaturgo Esquilo (quien escribió una obra sobre la victoria griega y la derrota persa en el 472 a.c, titulada los Persas) en el momento de realizar su epitafio, no decidió hacer ninguna referencia a su extensa obra como dramaturgo, sino a su participación en las campañas contra el enemigo Persa: En esta tumba yace Esquilo, hijo de Euforión, Ateniense, muerto en Gela, la rica en trigo. De su valor que hable el afamado bosque de Maratón, y el Medo de larga cabellera, que bien lo ha probado. Fue un momento clave para todos los habitantes.

¿Qué habría pasado sí Jerjes, que ya llegó a ocupar Atenas (y destrozarla, precisamente parte del Impulso clásico viene de la reconstrucción arquitectónica tras la guerra), se hubiera instalado definitivamente en el Ática o en Grecia? Probablemente nunca habría surgido el arte clásico,  el arte griego se habría quedado incrustado en el sistema decorativo del Arte aqueménide y nunca habría llegado a explosionar. Pero para ver la evolución hacía el arte clásico, sería interesante ver que se realizaba antes de las Guerras Médicas:

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Kore llamada peplófora, hallada en la Acrópolis de Atenas. Hacia 530 a. c

La Escultura más representativa es la de las Kore (Mujer Joven en Griego) y Kuros (Varón Joven en Griego). Estas estatuas se encuadran dentro del período que denominamos Griego Arcaico. En un primer momento se pensaba que representaban la divinidad Apolo (porque encontraron una gran cantidad de estas esculturas en un santuario dedicado a Apolo), o un deportista exitoso pero lo cierto es que no representan ni una divinidad ni un personaje concreto[1]. Mucho se ha discutido sobre el significado real de estas esculturas, pero lo que nos interesa es remarcar es la Rigidez con la que están esculpidas absolutamente todas estas obras.

Un elemento también característico de estas esculturas es lo que se ha denominado como la “Sonrisa Arcaica”. En realidad, no es más que una pequeña desviación de las comisuras hacía arriba, pero un recurso con el que los artesanos griegos conseguían dotar a las esculturas de una enigmática sonrisa. No sé sabe exactamente qué era lo que pretendían los griegos esculpiendo esta sonrisa en todas las obras que hemos encontrado de Arte Arcaico, pero lo cierto es que una constante total, que sólo desaparecerá hasta llegar el nuevo estilo. Algunos han señalado una especie de gracia divina, de confianza mutua con los Dioses, pero evidentemente es difícil de corroborar.

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Guerrero del frontón occidental del Templo de Afaia en Egina, entre 510 a. C. y 470 a. c. Fijémonos en como la Sonrisa Arcaica aparece como una constante, aunque a nuestros ojos modernos suponga una contrariedad. En este caso, el Guerrero de un Frontón Occidental sigue sonriendo a pesar de la postura reclinada (Postura no casual, echa para ser colocado en un lugar muy determinante del frontón; aunque esta obra ya anticipa algo del movimiento posterior).

Mucho se ha hablado de la conexión entre estas esculturas y el arte Egipcio. En este momento los griegos eran ya unos comerciantes expertos, y surcaban todo el mediterráneo, y por supuesto quedaron embelesados con el Arte Egipcio. De hecho, trataron de emular la monumentalidad de su arte, algo que se puede comprobar tanto en la arquitectura como en la escultura. La frontalidad y rigidez del arte egipcio aparecen claramente en los Kouros y las Korai. Sin embargo también hay algunas diferencias. Dejemos hablar a Martin Robertson, quien lo define magníficamente: Los Escultores Egipcios Poseían desde antaño un conocimiento mucho más profundo de la estructura del cuerpo humano que sus primeros emuladores griegos, aunque el efecto general de sus obras es (y seguramente ese era su propósito) de mucho menos vida. La preocupación por la vida (de manifiesto en la escultura en relieve y en la pintura como un interés por la narrativa) es un rasgo esencial del arte griego[2].

También Existía la Escultura sobre Arquitectura, como elemento añadido. En esta ocasión, a diferencia de la egipcia, los artesanos griegos no se dedicaron a hacer relieves, sino que trataron de realizar de incrustar la escultura de bulto redondo en la propia arquitectura, lo que en un primer momento les dio serios problemas, hasta que fueron evolucionando. Uno de los temas recurrentes en esta escultura es la Gorgona, que jugaba un efecto mágico, apotropaico, es decir, de Protección.

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Auriga de Delfos, hacía el 470 a.c

Y ahora llegamos al punto culminante, la transición ente el Arte Arcaico y el Clásico. Toda esta revolución artística tiene lugar justo entre las Guerras Médicas y la posterior victoria griega. El Estilo Severo sería en Escultura lo que en la Tragedia dramática las Obras de Esquilo: Arte Reflexivo y Respetuoso con la Divinidad, pero también empezando a ser consciente de la grandeza del propio hombre. La Estatua del Auriga de Delfos estuvo esculpida por orden de Polyzalo, tirano de Gelas, en Sicilia (Los Griegos Colonizaron el Sur de Italia y algunas zonas más del Mediterráneo), para celebrar su victoria en los Juegos Píticos. En realidad la obra formaba parte de un conjunto más grande, pues el auriga se encontraba a pie en una cuadriga.

Los contrastes entre las antiguas esculturas y el Auriga de Delfos son bastante notables. La Sonrisa Arcaica ha desaparecido del rostro del Auriga y en su lugar aparece un gesto de confianza y serenidad (Serenidad, que recordando, nos remite a la misma que atribuía Winckelmann al arte griego). Esta propia calma de hecho es la que describe Platón en sus obras, según la cuál el Auriga ha de ser capaz de domar la parte irascible del alma[3]

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Efebo Rubio,  hacía el 490-480 a.c

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Efebo de Kritios, hacía el 480 a.c

Otros dos ejemplos más del Estilo Severo. En el caso del Efebo de Kritios, se atribuye este efebo al propio Kritios quien también realizó otra importante escultura, como es la de los Tiranicidas (en colaboración con Nesiotes). Lo interesante del Efebo es que aunque sea con un ligerísimo Contrapposto, se rompe con la rigidez arcaica, dando una sensación de movimiento. Dos de los Autores que trabajan dentro del Severo y que acabarán por hacerlo evolucionar hasta el clásico son Policleto y Mirón, que llevaron el movimiento (pensemos en el Mirón) y la Simetría hasta las más grandes cumbres (El Célebre Canon de Policleto).

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Conjunto de los Tiranicidas, Copia Romana. Que los paradigmas mentales estaban cambiando en Atenas nos lo muestra la obra de los Tiranicidas que se mandó construir como Símbolo de Libertad para la Atenas Victoriosa.

Sí relacionamos este nuevo estilo, el severo, con los fenómenos políticos comentados al inicio, obtendremos relaciones muy significativas. El Estilo Severo aún no es una explosión de Proporción, Simetría o Fuerza como sería el Clásico, ni tampoco la alegría y desenfreno del Helenístico. Es un momento en que la obra de arte realiza una introspección interior y en la que empieza a fijarse en sí misma, como reflejo del Griego, que iba Humanizándose. Como Esquilo, el honor a los Dioses es síntoma de Respeto Cívico. Momento previo y necesario en todo caso, para poder dar el siguiente paso, que en este caso conduciría a la etapa artística más influyente de toda la cultura occidental.

[1] BANDINELLI, Bianchi, Introducción a la Arqueología, Ed. Akal, Madrid 1982

[2] ROBERTSON, Martin, El Arte Griego, Ed. Alianza Editorial, Madrid 2010, p. 33

[3] HARTT, Frederick, Arte, Ed. Akal, Madrid 1989

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