Impresiones de la Alta Mongolia (1976)

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Salvador Dalí, artista conocido prácticamente en el mundo entero, tuvo como es sabido, una relación más que fructífera con el séptimo arte. Desde una película primeriza, como Un Chien Andalou (Un perro andaluz, 1929) donde colaboró con su íntimo amigo (por aquel entonces amigos, después se llevarían a matar) Luis Buñuel, y donde ya mostraba cuales eran sus intereses dentro del cinematógrafo o las colaboraciones que ligaron al artista con Disney y su factoría. Sin embargo, un mediometraje menos conocido y no por ello menos interesante, es Impressions de la haute Mongolie (Impresiones de la Alta Mongolia, 1976).

La película está codirigida entre el propio pintor y José Montes-Baquer, y el guión de hecho proviene también de estos mismos autores. Viendo el filme parece que la idea era claramente Daliniana, aunque Montes-Baquer parece aportar el enfoque técnico que necesita la obra. Sin embargo, también hay que destacar el papel de Bodo Kessler como encargado de la fotografía cuyo papel es básico en el filme.

Resumiendo, Impresiones de la Alta Mongolia, podríamos decir que es una obra que es más de lo que en apariencia se ve. En un principio podríamos pensar que el filme no es más que una comparsa de la que Dalí se sirve para desarrollar su discurso publicitario y de autopromoción, pero lo cierto es que la película esconde un mensaje más que interesante.

Primero, nos encontramos con la presentación, Dalí, ya de una entrada avanzada, nos presenta su vivienda particular, done convive con su musa (aún más entrada en años, pues tenía bastantes más años que el pintor) Gala. El lenguaje que emplea Dalí ya nos advierte de la situación surrealista que nos espera en adelante. Aquí el espectador menos avezado puede perder la paciencia y pensar que Dalí simplemente hace un juego de palabras eterno, pero posteriormente todo el eje se resolverá efectivamente. El artista hace referencia a Raymond Roussel, escritor y poeta que anunciaba una especia de protosurrealismo en su obra. Según él, el filme es un homenaje a su figura.

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En la segunda y más intensa parte del filme, nos encontramos con una descripción ciertamente extraña. Dalí empieza a contarnos (toda la película en realidad es un solilioquio que tiene el pintor con él mismo y el espectador) una extraña historia, acerca de una princesa en Mongolia y una seta alucinógena. La historia se ilustrará con diversas secuencias, imágenes confusas,  en realidad, pareidolias totales de las que Dalí saca una narrativa como a él le conviene. Finalmente nos enteramos de su boca, que en realidad estas imágenes son totalmente aleatorias, y que provienen de un macro zoom efectuado sobre la placa metálica de un bolígrafo, previo paso por una gota de orín depositada por el genio.

Lo que muy poca gente ha supuesto, es que el filme puede leerse perfectamente como un ataque, burla o parodia al Expresionismo Abstracto (La Nueva pintura americana, preconizada por artistas como Jackson Pollock y defendida por teóricos como Clement Greenberg). Resumiendo a la gente que desconozca el movimiento, los expresionistas abstractos defendían la libertad de la pintura pura por encima de todo, y en su búsqueda formal se desarrollan conceptos como El Dripping (Goteo de la pintura en el lienzo, de manera instintiva por parte del artista). En definitiva, las pinturas abstractas de Pollock parecen parodiadas en Impresiones de la Alta Mongolia, de manera muy inteligente. Y Es que, las imágenes que vemos en la pantalla, y que posteriormente se nos muestran como provenientes del Bolígrafo de Dalí, podrían hacer referencia a este tipo de pintura antes comentada. Es decir, Dalí, literalmente, micciona sobre el Expresionismo Abstracto. Y sí aún parece poco clara esta interpretación, en el tramo final de la película se nos presenta una performance colectiva, llamada Bolígrafo,  que parece tener lugar en Figueres,  y donde vemos a un grupo de personas anónimas emplear una serie de mangueras de pintura, para disparar a presión y aleatoriamente sobre un lienzo gigante, donde dejan una especie de macropintura. En efecto, esta performance parece seguir haciendo referencia al arte aleatorio del Action Painting. No sabemos si Dalí estaba utilizando una ironía surrealista y subrepticia, pero lo cierto es que esta lectura es indudablemente atractiva, porque nos haría pasar de un artista teóricamente extravagante y alejado del mundo, a otro que en realidad utiliza el lenguaje de la metáfora más socarrona y punzante.

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