Los Tres Mosqueteros (1973)

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The Three Musketers (Los Tres Mosqueteros, Los diamantes de la reina, 1973) es la primera incursión de Richard Lester dentro del mundo literario de Alejandro Dumas, pero no sería la última. Recordemos el filme que dirigirá sólo un año más tarde, The Four Musketer (Los Cuatro Mosqueteros, 1974) y la más tardía, y que cerraría la trilogía, The Return of The Musketers (El Regreso de los Mosqueteros, 1989). El filme se toma sus grandes licencias argumentales y nos presenta una historia típica, en la que todos los clichés propios del género de aventuras. El filme se trata de una coproducción donde llegaron a colaborar naciones diversas como Reino Unido, España y Panamá, además de conseguir diversas nominaciones en la gala de los Globos de Oro del 1974.

Lo que sorprende es que Richard Lester, después de haber firmado auténticas joyas del cine Pop como fueron las películas que realizó con el grupo de Liverpool, The Beatles, se prestara a narrar una aventura tan insustancial como la de los Tres Mosqueteros. Los diamantes de la reina. Incluso sin contar sus películas más exitosas, Lester siempre ha sido un autor con unas señas cinematográficas evidentes, tanto en su discurso formal como en el temático. Sin embargo en este filme, que a la vez tiene unos intereses comerciales mucho más claros que otras de sus películas, Lester no deja claro su sello, más allá de escenas aisladas.

La película es una cinta de aventuras de toda la vida. De hecho, sino fuera por los toques de humor que introduce el director, la película podría confundirse perfectamente con los clásicos de aventuras de Burt Lancaster, como The Flame and the Arrow (El Halcón y la Flecha, 1950) o The Crimson Pirate (El Temible Burlón, 1952). Exactamente el mismo esquema, con unos protagonistas principales ideales en los que el espectador puede sentirse identificado (en esta ocasión, no contamos con Lancaster, sino con el actor Michael York, que representa el arquetipo de pícaro que pretende convertirse en el modelo de caballero ideal), secuencias de acción que son el eje narrativo total de la película y un humor blanco e indoloro (es decir, apto para todos los gustos) en su mayoría.

D’artagnan, Michael York, es un joven que decide convertirse en un mosquetero perfecto. Así conocerá a los tres mosqueteros, que se involucrarán en una trama delirante en búsqueda de unas joyas perdidas, en la que aparecerá también el conde de Buckingham, interpretado por Simon Ward. En realidad, la aparente trama que hace mover el filme es totalmente banal, una simple excusa para el entretenimiento. En definitiva una lástima, sabiendo que Richard Lester es capaz de mucho más.

No es extraño, que viendo el filme veamos continuas stagies de acción. Estas stagies, eran tradicionales dentro del cine musical, donde los protagonistas abandonaban el desarrollo narrativo que estaba teniendo lugar en ese momento, para realizar un número musical. Exactamente lo mismo pasa en Los Tres Mosqueteros. Los Diamantes de la reina. Durante mucho momento da la sensación de que el hilo argumental es simplemente una excusa para que el filme pueda presentar diversas batallas de los mosqueteros, donde prima la coreografía y los saltos acrobáticos. Escenas que si se eliminaran no harían perder el sentido argumental del filme, y que sólo están incluidas por motivos comerciales.

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En definitiva, lo que más resulta criticable de la película es el infantilismo con el que Lester configura todo el filme. Los personajes no tienen profundidad ninguna, y no dejan de ser monigotes al servicio de la acción. No hay conflicto ni ideología, en una película que acaba convirtiéndose en un sopor para todo aquel espectador que espere algo más que un simple entretenimiento infantil. La puesta en escena convierte el filme en una película interesante, pero también reiterativa.

Estéticamente la película cumple, pero sin demasiados alardes. Más que el siglo XVII, la película es una mezcla de fantasía, capa y espada y el auténtico Siglo XVII, algo que tampoco es demasiado extraño en las diferentes adaptaciones cinematográficas. El Humor del director puede observarse en alguna secuencia, pero incluso una característica tan significativa de Lester como esta, queda desdibujada por un humor blanco que pretende ser accesible a todos los públicos.

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