2024: Apocalipsis Nuclear

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Cuatro años antes del estreno de Mad Max (Mad Max, Salvajes de Autopista, 1979) una pequeña película de ciencia ficción, A Boy and His Dog (2024: Apocalipsis Nuclear, 1975) tomaba la misma premisa y las mismas ambiciones: Un futuro postapocalíptico, donde los restos que quedan de la humanidad sobreviven como pueden en las amplias llanuras del enorme desierto que supone ahora la tierra. La película adapta cinematográficamente la historia de Harlan Ellison y está dirigida por L.Q. Jones, que sólo realizaría esta película en toda su carrera, y ciertamente no tuvo demasiada fortuna crítica.

Hemos de tener en cuenta que en el 1974 la Guerra fría aún estaba candente. Y si ha habido un género cinematográfico que se ha hecho eco de los posibles efectos de una guerra atómica o de las radiaciones provocadas por el efecto nuclear, ha sido la ciencia ficción. En los años cincuenta tenemos las películas de Monstruos, o mejor dicho, animales o seres corrientes que al ser afectados por la radiación se convertían en seres gigantescos. El mejor ejemplo de este tipo de filmes lo encontramos en Them! (La Humanidad en Peligro, 1954) donde un Hormiguero de pequeñas hormigas se convertían en gigantes después de sufrir radiación. Los Males primarios de la sociedad norteamericana (y podemos extenderla a la occidental) evolucionaron con el tiempo  y desembocaron en filmes como el que dirige L.Q. Jones, donde pasábamos de los monstruos a las posibilidades de supervivencia en un contexto post guerra nuclear. Precisamente la película empieza haciendo referencia a cómo empezó todo el desastre, en algo que los dos protagonistas del filme comentan como la 4 Guerra mundial.

Prácticamente, la película emplea el mismo tipo de escenarios que Mad Max, e incluso parte del mismo argumento. Las consecuencias atómicas nos llevan a una tierra totalmente desolada, donde el paraje desértico es el único predominante.  Los humanos viven, al igual que en la película del australiano George Miller, absolutamente aislados, y sólo de tanto en tanto sobrevive alguna pequeña comunidad tribal. La película nos introduce dos personajes sorprendentes.

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Quizá no lo sea el que interpreta Don Johnson, un personaje arquetípico: Uno de los últimos hombres sobre la tierra. Lo que esto tampoco significa que nuestro personaje sea un santo, sino más bien un cínico que simplemente se mueve por instintos de supervivencia (durante gran parte del filme dará la matraca con encontrar una mujer). A su lado…Un perro, al que Tim McIntire pone la voz. Sí, la Voz. El filme nos presenta una relación fantástica, en la cual nuestro protagonista tiene capacidades telequinéticas para poder conversar con el perro. El filme aprovecha este motor para hacer rendir la máxima aquella de que el Perro es el más fiel compañero del hombre. Para muestra véase el final del filme, en el que incluso podemos ver algún tinte homoerótico (los que lo hayan visto comprenderán).

La película y el desarrollo argumenta siguen caminos muy parecidos a los de otras películas post apocalípticas. El guión es una muestra itinerante, donde realmente lo que se desarrolla es una sucesión de eventos, sin necesidad de demasiados nexos para unirlos. El Cóctel lo contiene todo: Postales donde vemos a nuestros personajes ante los desolados parajes en los que se supone que ha terminado la humanidad, por otra parte, también nos encontramos con los poblados seminomádas, donde los filmes aprovechan el guión para incluir todo tipo de detalles ingeniosos (en esta ocasión nos encontramos con que los habitantes de la aldea han construido una especie de cine improvisado, donde se exhiben películas X) y por supuesto, la búsqueda desesperada por parte de los hombres con tal de conseguir una fémina.

Lo que sí resulta chocante es la tercera parte de la película, donde nos encontramos con un episodio aislado y autonconclusivo. Nuestro protagonista se adentra en una población superviviente, que se ha convertido prácticamente en una secta cristiana, que intenta defender los valores tradicionales norteamericanos. Una clara referencia aquellas comunidades americanas que a nuestros ojos de europeo resultan tan chocantes.

Donde no se resuelve efectivamente 2024: Apocalipsis Nuclear, es en su aspecto técnico. Lo que queda claro al ver el filme es que el presupuesto era más que ajustado, incluso más que en la película de Miller. Se puede comprobar en los escasos extras que participan en el metraje, o en los decorados con los que el director trata de hacer lo que puede, pero que en más de una ocasión nos descolocan.

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