La Batalla de Maratón (1959)

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Seguimos con el Péplum, y en esta ocasión nos detenemos en una de las producciones más sonadas del subgénero, titulada La battaglia di Maratona (La Batalla de Maratón, 1959) y codirigida por dos directores tan dispares como Jacques Torneur y Mario Bava. Aunque como veremos más adelante, esta última afirmación necesita un matiz.

Como indica el propio título mencionado, la película versa sobre una de las batallas más famosas de la antigüedad: La Batalla de Maratón. Evidentemente, la película se inscribe pues en las Guerras Médicas, un conflicto bélico que sostuvieron las Polis Griegas y el ejército Persa. En realidad, la excusa perfecta para rodar un Péplum más, un subgénero que estaba en el 1959 en su punto de ebullición más alto. Como muchas otras películas del subgénero, el filme se rodó en Yugoeslavia (en España ya sabemos que los rodajes de cine acostumbraban a visitar este tipo de tierras donde los rodajes solían salir más baratos) y nos ofrece un desarrollo argumental teóricamente entretenido, pero Históricamente igual de falso que otras producciones contemporáneas, caso de 300 (300, 2006). El director principal en principio era Jacques Torneur, pero fue despedido por la productora, ya que la manera de dirigir de Torneur era demasiado lenta para estas películas Fast Food y la productora suplió la baja de manera chapucera, tal y como se acostumbraba a hacer en este tipo de películas. El caso es que Mario Bava se encargó de las batallas (en los títulos de crédito aparece con su nombre real) mientras que el ejecutivo a cargo de la producción, Bruno Vailvati, lo hizo en las secuencias submarinas[1].

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El filme se centra en Maratón, aunque en realidad el guión se inventa prácticamente todo para poder contar una historia cinematográfica. Nuestro protagonista no es Calímaco ni Mílciades ni tampoco Temístocles, sino Filípedes. Sí Filípides, el célebre corredor que recorrió 42 Kilómetros después de la victoria en la batalla, para comunicársela a los espartanos, muriendo de cansancio al acabar su cometido (o al menos así cuenta la leyenda). Lo cierto es que la película se inventa un nuevo personaje, que representa que es el gran héroe de Atenas, y que como no podía ser de otra manera, está interpretado por el gran (literalmente) Steve Reeves, uno de los iconos más reconocibles del Péplum.

Las lagunas históricas no se quedan ahí. Nuestro personaje se enamorará de una bella protagonista, que interpreta la actriz francesa Mylène Demongeot (en este tipo de películas no era raro que hubiera actores y actrices de muchas nacionalidades diversas). La película obvia el papel reducido de la mujer en la antigua Grecia, y la ambientación es más bien una fantasía de los diseñadores que una realidad. Pero obviando estos detalles, la película sigue el tópico de una Grecia indómita, que representa los valores occidentales de democracia y libertad, en contra de las hordas bárbaras. También es verdad que gran parte del problema griego viene en una traición en el filme.

El desarrollo de la película es el arquetípico en este tipo de filmes. Introducción Honrosa, donde se pretenden ensalzar y mostrar la epicidad del pueblo civilizado en cuestión (generalmente romano, en esta ocasión griego), un nudo donde nuestro protagonista debe lidiar con traiciones y con el lío amoroso de turno, y finalmente las remarcadas batallas, que básicamente son el plato fuerte de la película. Estéticamente nos encontramos, como viene siendo habitual, con un filme claramente desigual, que tiene cierto interés en la creación de algunos elementos (especialmente los conflictos bélicos).

Bava, como ya hemos dicho, dirigió las batallas, y hay que reconocerle cierto mérito. Sabe sacar provecho de los escasos extras (no hay planos como en otros péplums de grandes espacios abiertos, sino que se nos muestran lugares muy cerrados de soldados combatiendo). Es cierto que la estrategia que presuponen en la batalla los griegos es bastante deficitaria (explicada muy simplemente por parte de los propios personajes). La Batalla naval también resulta interesante, aunque hay ciertos elementos muy Naif que resultan bastante difíciles de obviar, caso de las estacas submarinas y de los primeros buzos militares

[1] AGUILAR, Carlos, Mario Bava, Ed. Cátedra,  Madrid 2013, p.54

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