Todos nos Llamamos Alí (1974)

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Angst essen Seele auf (Todos nos llamamos Alí, 1974) es uno de los filmes más representativos del cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder y por ende, del nuevo cine alemán, la corriente renovadora que se instaló internacionalmente a partir de los años 60 del siglo XX, y que tuvo una importante repercusión en Alemania, a pesar de que muchas de las películas realizadas en dicho país hayan tenido una distribución mucho menor en comparación a la de otros movimientos cinematográficos europeos, como la Nouvelle Vague o el Nuevo Cine italiano. La película se inspira en una película de Douglas Sirk, All thath Heaven Allows (Sólo el Cielo lo sabe, 1955), donde la protagonista, interpretada por Jane Wyman, se enamoraba de su jardinero, interpretado por Rock Hudson, aunque en realidad el propio cineasta admitió que había rodado el filme en un In media res de otras obras más importantes[1]. El filme consiguió el premio del jurado en el festival de Cannes del 1974.

El Guión lo escribió el propio Fassbinder, como ya hemos dicho basándose en la película antes citada de Douglas Sirk. La acción del filme sucede la Alemania de milagro económico, y La protagonista de la película es una anciana, interpretada por Briggite Mira, que un buen día se encuentra con un inmigrante proveniente de Marruecos, de clase social mucho más humilde que interpreta el actor, El Hedi ben Salem. La relación entre los dos empezará a surgir y como no podría ser de otra manera en un filme dirigido por el alemán, serán objeto de burla por parte de toda la comunidad, con consecuencias dramáticas.

Como vemos, Todos nos llamamos Alí tratas diversas temáticas. Una de las principales es el Racismo, que aparece analizada bajo la lupa de Fassbinder, quien no tiene reparos en atacar los clichés aún que estos saquen a relucir lo peor de la Alemania de aquellos años. El Nazismo, aún candente en según qué ambientes, se deja transpirar en el filme, por parte de muchos de los personajes.  ¿Cuántas veces no habremos visto en una película la situación que se da en el filme, donde nuestro protagonista, en este caso una adorable anciana, queda rodeada y aislada de la comunidad, que la mira con recelo? En este caso las discrepancias vienen del racismo intrínseco de una sociedad que no ve con buenos ojos la unión entre la anciana alemana y el joven marroquí. Gran parte del metraje es de hecho un clínic denunciatorio, en el que Fassbinder introduce secuencias que se dedican a desmontar todos estos tópicos. Ejemplos podemos citar numerosos: Caso del hombre que no quiere atender al inmigrante en su establecimiento comercial, las marujas que cuchichean e increpan a las espaldas y por supuesto la familia que da la espalda a la protagonista. En definitiva, la comunidad que cierra los ojos y el corazón ante lo que no entiende de su alrededor. Por este motivo hacía referencia al Nazismo más oculto, donde es evidente que hace hincapié Fassbinder.

Por supuesto, también la película da un peso crucial al eje romántico y dramático de la película, desarrollando a dos personajes que se encuentran totalmente solos y que se necesitan mutuamente para sobrevivir.

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Muchas veces, en la crítica cinematográfica, se tiene el defecto de utilizar abundantemente el término “Teatral”, aunque en ocasiones este no sé pueda atañer totalmente al caso en cuestión. In Stricto Sensu, hablar de efectos teatrales es un craso error, y además se suele aplicar equivocadamente (aunque servidor ha de admitir que muchas veces ha cometido estos mismos errores que ahora crítica), por ejemplo, cuando nos encontramos ante una puesta en escena poco dinámica y más bien estática. Por eso podemos decir, que la película de Fassbinder sí utiliza un tono teatral, aunque no en el sentido convencional. Buena muestra de ello es la primera secuencia de la película: Nuestra protagonista, una anciana mayor que interpreta Brigitte Mira, entra en un bar y pide un refresco. La cámara no se queda estática, sino que realiza diversos gestos, entre ellos algunos zooms sobre los demás protagonistas que se encuentran en el bar y que miran contrariados a la nueva clienta. Aparte de la cámara, lo que resulta más fascinante en esta escena es la manera en como Fassbinder hace colocar y sobre todo moverse a los protagonistas secundarios, que entran y salen del campo de cámara de una manera claramente coreografiada y dirigida. Con esto nos referíamos a tono teatral, y resulta una constante de la película. Otros aspectos, como el dramatismo acentuado de los actores o que la acción transcurra siempre en los mismo decorados, también sustentan está opinión.

Brigitte Mira y El Hedi Ben Salem realizan dos interpretaciones de altura. Pese a que priori puede parecer bastante difícil que compenetren entre ellos, por la disparidad de sus personajes y de sus condiciones físicas, lo cierto es que la química entre ambos fluye con soltura en la película.

[1] ERBERT, Roger, Las Grandes Películas, Ed. Robinbook, Barcelona 2004, p.391

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