El Hotel de los muertos (1960)

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The City of the Dead (El Hotel de los Muertos, 1960) es una película prototípica dentro del cine de terror de los años sesenta. De nacionalidad británica, la película podría pasar como una producción más de la Hammer, sino fuera por la poca sustancia e indefinición con la que está rodada la película, así como por el escaso talento que aporta la mayoría del reparto. La dirigió John Llewellyn Moxey, quien es en realidad un completo desconocido y quien no tiene ningún filme destacable en toda su carrera. Y con todo lo dicho, el filme no es realmente malo, sino simplemente un entretenimiento inane.

Lo más interesante de El Hotel de los Muertos es la perspectiva cultural que ofrece el filme, más que no la cinematográfica. La película sigue el continuismo clásico de la Hammer (que a su vez fue una compañía continuista de la Universal), y podemos decir sin miedo que es una producción que sigue la corriente ya construida sin demasiada creatividad añadida. A diferencia de las grandes películas del género, el filme de Llewellyn Moxey no es capaz de vislumbrar ninguna novedad iconográfica (sigue el mismo molde que las películas de terror clásicas de los 30 y 40; a excepción de algún detalle violento que anticipa el futuro, como el montaje con cuchillos, no es capaz de aportar algo significativo), sino más que seguir moldes ya construidos y elaborados.

Todo empieza con una historia que nos retrae al siglo XVII en Norteamérica. Básicamente el prólogo nos cuenta la caza de brujas que tuvo lugar en Salem, pero cambiándole el nombre por un tal Whitewood. Aún así no hace falta ser muy ducho en historia para ver que más o menos es el mismo hecho (aunque en Salem no se quemaron brujas reales porque no existieron, aquí en cambio se quema a una bruja de verdad que además maldice en el lecho de muerte a todo el poblado). Evidentemente, y al encontrarnos una película de terror, la historia real queda ensombrecida por la imaginación. Efectivamente, como decíamos, las brujas existen de verdad en la película (¿Cómo sino iba a poderse hacer una película de terror?) y de hecho siguen existiendo en Whitewood donde continúan haciendo de las suyas.

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Nuestro profesor universitario, interpretado por Cristopher Lee (que parece que da clases en su propia despacho, algo que seguramente debamos entender que es una falta de presupuesto) es un tipo bastante raruno, que envía a una entusiasta alumna al dichoso pueblo en cuestión, para que investigue acerca de la leyenda. Nuestra joven, que interpreta Patricia Jessel, Llega rápidamente al pueblo, pero se encuentra con que un gran mal asola la comunidad. Lo más interesante del guión lo encontramos sin duda en este protagonista, al que el guión tiene reservada un curioso destino, poco común en otros filmes del género, donde la Rubia buena, lista y guapa, siempre acaba teniendo un final feliz.

Las Brujas en el sentido más clásico del término, son fundamentales para el desarrollo de la película. De hecho, el profesor interpretado por Lee tiene un encontronazo justo al comienzo del metraje con un escéptico, que niega su existencia. La película sigue bastante el modelo convencional de bruja, aquel que instauró el negro libro conocido como el Malleus Maleficarum y que en definitiva sirvió para inventarse prácticamente una leyenda de la nada. No es extraño pues escuchar algunas menciones que parecen obligadas, caso del Sabbath, o del extraño aquelarre que realiza en el cementerio, pero en realidad visualmente la película obedece más a otras obras antecesoras del género que no a fuentes originales como grabados u descripciones literarias.

La ambientación resulta bastante resultona, y aunque es evidente que la película está rodada en pocos interiores (la vista del pueblo es desde luego el espacio más explotado) consiguen un efecto bastante interesante, creando una ambientación atmosférica que es capaz de dotar de vida (aunque sea inquietante) al ficticio pueblo de Whitewood. El Cementerio, las calles llenas de Humo…El Raccord es bastante arquetípico, algo que resulta difícilmente negable, pero como decimos, funciona aceptablemente.

En definitiva, una de las razones principales por ver la película estaba en la interpretación del mítico actor Christopher Lee, quien recientemente, en el momento que se escribe esta crítica, nos dejaba a los 93 años de edad. Sin embargo, lo cierto es que la interpretación de Lee es puramente anecdótica. A pesar de que es él quien abre la película, y quien nos impresiona con su historia introductoria, su participación en el filme es muy minoritaria y sólo aparece al principio y final de la película y sin demasiadas incidencias. El Hotel de los Muertos es una película entretenida, pero sin más fundamentos para hacer historia dentro del cine.

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