Relatos Salvajes (2014)

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Una pequeña revolución ha sacudido el panorama cinematográfico argentino. Se trata de un filme dirigido por Damián Szifrón, quien había sido protagonista por una película muy exitosa tiempo atrás, Tiempo de Valientes (Tiempo de Valientes, 2005). Sin embargo, esta última película ha superado todas las expectativas, consiguiendo el beneplácito del público (algo fácilmente esperable tras ver la película y sus múltiples concesiones a las grandes masas) y de la crítica (algo más complicado). Incluso llegó a recibir varias nominaciones y premios, caso de la importante Nominación a los Oscars en la categoría de mejor película de habla no inglesa, aunque finalmente no recibiera el premio, afortunadamente.

Relatos Salvajes (Relatos Salvajes, 2014) no es un gran filme. Por mucho que intente adornarse con una capa de género Pulp o de entretenimiento elevado a la categoría de Arte, lo cierto es que la película se cree más inteligente y transgresora de lo que realmente es. En realidad es como una película mala de Serie B que ha gozado de todas las prebendas para poder competir con los grandes filmes, así es, con un gran reparto, un gran presupuesto…y una dosis de suerte y de boca oreja que ha propiciado que el filme sea un absoluto éxito.

La película no tiene en apariencia un discurso unitario, sino que se encuentra dividido en diversos relatos (de ahí evidentemente viene el titulo de la película), más en concreto seis. Sin embargo, hay un nexo de unión entre todos ellos, como es la violencia y la sed de venganza. Al ser una película de relatos ya de antemano no encontramos lo que viene siendo habitual, esto es, algunos episodios mejores que otros. Como disfrutables podríamos citar el primero, el del avión, o el que nos presenta Ricardo Darín, los dos únicos relatos que conjugan adecuadamente la ironía y el humor negro, con la originalidad (en el caso del primero) y el malestar social (en el caso del segundo).

En definitiva, ¿Cuál es la moraleja de todo lo que nos ofrece la película? Aquí algunos sacarán a relucir el hecho de que en pleno 2015 una película no tiene por qué tener un ideal al que aspirar o proponer el desarrollo de un tema. Pero lo que definitivamente no sé puede permitir, es aceptar un trabajo tan poco elaborado, porque sino el resultado final no deja de ser el mismo que la peor película de Tarantino, o en este caso, la obra que nos ocupa. La Gracia y el humor negro siempre han de estar acompañados de talento, porque si no se puede caer en el terrible error de la frontera moral y su relativismo y de hecho esto le sucede repetidamente a Relatos Salvajes. Destripemos ahora algunos casos:

En el segundo fragmento, el del restaurante, nos encontramos ante un mafioso que acaba de llegar ante un hotel de carretera, donde se encuentra, sin que él lo sepa, con una antigua muchacha a la que en el pasado arruinó la vida. Esta no pretende vengarse en un principio, pero finalmente se involucra debido a la locura de su compañera de trabajo. En definitiva, este segundo fragmento coquetea muy maliciosamente con el tema de la Venganza, y sinceramente, no lo hace con la suficiente soltura como para salir del paso. Más bien, la solución que se propone entre cuchillada y cuchillada es la de la venganza populista, la más instintiva. La película no tiene reparos en liberar el instinto más macabro de la plebe sólo con el fin de conseguir su adhesión y disfrute. El ojo por ojo más evidente que se haya visto en mucho tiempo en el cine. Szifrón despierta la parte más Dionisíaca del espectador, sin darle un sustento Apolíneo.

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Por otra parte, el filme se cree transgresor en determinados aspectos, pero lo cierto es que como hemos dicho anteriormente, no abre ninguna vía, sino que se dedica a seguir la que dejó abierta Pulp Fiction (Pulp Fiction, 1994) en su momento. Relatos Salvajes palidece cada vez que se compara ambas, y parece convertirse en un mero reflejo, una copia deshilachada. Mientras en una hay ingenio, en la otra sólo hay un odio mal digerido, del que poco provecho se puede sacar. Y es que los guiones no se tiran adelante con secuencias donde sólo impera la ultraviolencia y el chiste fácil, y ese es un problema fundamental en Relatos Salvajes. Pongamos por caso el fragmento del coche. ¿Qué hay en ese fragmento que merezca la pena? La idea no es realmente novedosa, sino que bebe de Serie B anterior de la que sería fatigoso citar (Aunque hay queda parte de nuestro amigo Spielberg), el desarrollo resulta intrascendente y no deja de ser metraje de acción no muy diferente del que podríamos ver en una película aleatoria de Seagal, y el final… una nota que como decíamos, pretende ser rompedora, pero que se queda en el intento.

En definitiva, esperemos que Relatos Salvajes no se convierta en el cine del futuro, aunque desgraciadamente parece tener todos los condimentos necesarios para serlo, y así lo demuestra la cantidad de gente que la ha encumbrado. Y sin embargo, el filme de Szifrón se acerca a una especie de Barbarismo cultural, que pretende destruir los cimientos de lo que ha venido siendo el cine hasta el momento, para quedarse en la mera anécdota cómica, para convertirse en una frivolidad rijosa que no construye sino que aliena al espectador, dejándole inmerso en su propio odio.

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