El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (2014)

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Y por fin llegó el cierre definitivo a la trilogía del Hobbit, con The Hobbit: The Battle of Five Armies (El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos, 2014) una película que supone el adiós definitivo de Peter Jackson a la tierra media, después de haber tenido más de un dime y direte con los Fans de la obra de Tolkien. No es tiempo de extenderse en esta crítica en este sentido, pero es más que evidente que la obra menos extensa de Tolkien no merecía más de una película como adaptación cinematográfica, pero ya sabemos que lo que manda en Hollywood es el verde del dinero.

Y lo que se suponía el gran espectáculo, la traca final de los fuegos artificiales, se ha convertido en un globo desinflado, que ha ido dejando la ilusión detrás a medida que avanzaban las secuelas. Poco se puede rescatar de esta última entrega, una película pesada y reiterada, que entrega lo peor de la trilogía del Señor de los Anillos pero ampliando aún más los defectos y multiplicándolos en tiempo y metraje.

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Hay algo poco entendible en esta tercera película, y extensible a toda la trilogía, y es la manera en como Peter Jackson ha perdido todo el control sobre la tierra media, creando un mundo totalmente desprovisto de alma, un simple reflejo de lo que en la primera trilogía refulgía con brillantez, y que es ahora un mundo inerte. Ya para empezar, en el tema digital, que repercute evidentemente sobre la concepción que el espectador acaba teniendo sobre la verosimilitud de este universo, acaba siendo un fracaso estrepitoso. Desconozco si es por desidia del propio Jackson o porque el presupuesto con el que se contaba en esta ocasión era mucho más reducido, pero lo cierto es que visualmente la trilogía del Hobbit es netamente inferior a la del Señor de los Anillos. Aspecto ciertamente comentado, pero imposible de rehuir cada vez que se menciona este trabajo. A pesar de ser una trilogía hecha con posterioridad en el marco temporal, la sensación es realmente la contraria, y parece que haya una involución en el aspecto técnico. Pero más allá de los efectos especiales, la propuesta de la tierra media en esta última entrega fracasa especialmente por el poco interés que parece haber detrás de su construcción:

Pongamos por caso el primer trayecto del filme. En apenas unos pocos prolegómenos Jackson decide desquitarse del dragón Smaug, que sinceramente parecía un problema para el realizador, más interesado en mostrarnos un metraje extendido sobre batallas y ofensivas militares. Peor aún así, el problema no es directamente la duración, sino la poca estima con la que parece resuelto este primer conflicto. Los destrozos del dragón sobre la ciudad humana tienen más pinta de ser una pantalla de videojuego que no una película seria.

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Personalmente creo que Jackson no ha sido capaz de trasladar efectivamente el espíritu del Hobbit de la novela a la gran pantalla. Es cierto que el cineasta ha entendido que esta obra era en esencia muy diferente a la serie del Señor de los Anillos (y los que hayan leído ambos libros corroborarán esta afirmación) pero sin ser capaz de dar en la tecla exacta y dando palos de ciego. El género de aventuras se diluye entre el tono infantil y la épica militar. Entre elfos que parecen adolescentes inmaduros (¿Cuando perdió un elfo la dignidad?) y Enanos Jubilosos. Jackson no sabe cuando dosificar los diálogos ni sobre todo, las secuencias de acción, convirtiendo el Hobbit en lo que realmente nunca fue, esto es, una ensalada de espadazos y golpes, una batalla multitudinaria.

Y Ya puestos en la batalla….Realmente resulta frustrante pensar que en realidad el gran objetivo del director era repetir una especie de Campos de Pelennor con el Hobbit. Tanto tiempo y energías malgastados en busca de una gran ristra de secuencias que simplemente no dan el nivel. No hay clímax (la linealidad de la batalla resulta desconcertante, y nunca nos sentimos implicados con el bando “bueno”), ni un desarrollo demasiado inteligente o cuidado (no hay más que lo mismo pero repetido en un bucle constante). Para ser el deseo máximo y único del director al iniciar la aventura (Sino no se explica que el Hobbit se dividiera en tres partes, y que la última, la de la batalla final, ocupará prácticamente una sola película) lo cierto es que no se ha cuidado demasiado esta parte final, un postre que debía ser apoteósico y se queda en simplemente aburrido.

Poco se puede salvar del filme, sino quizá algún aspecto visual (a pesar de la monotonía, hay que admitir que el despliegue de efectos tiene algún punto positivo, quizá destacable con el asalto inicial de Smaug o alguna parte de la batalla), de maquillaje y vestuarios, pero en definitiva una película bastante floja que no hace honor a anteriores proyectos del director, que sin ser tampoco las grandes obras maestras que se pretendieron vender en su momento, si eran capaces de crear un Mundo de Fantasía hecho a partir de la obra literaria de Tolkien, cosa que no se puede decir de estas últimas películas, que simplemente se dedican a desplegar por técnicas digitales arquetipos sacados de cualquier libro aleatorio sobre Warhammer u otras obras muy secundarias de este género literario de capa y espada, del que Tolkien fue uno de los grandes artífices.

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