Una Pistola al amanecer (1956)

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Great day in the Morning (Una Pistola Al Amanecer, 1956) es un Western sorprendente, que se aleja en gran parte de la épica Fordiana, para aunar una singularidad que le hace merecedor de un visionado. No en vano, la dirige el cineasta de origen francés Jacques Torneur, quien con anterioridad a esta película ya había realizado alguna incursión al género, como Wichita (Wichita, Ciudad Infernal, 1955).

El Guión, que escribe Lesser Samuels se ambienta en la Architrillada guerra de secesión norteamericana (1861-1865), tantas veces tocada en el Western. (de hecho es casi un icono más, como podrían ser los Indios, que por cierto aparecen en el filme aunque sólo en la secuencia inicial, como carne de cañón de nuestro protagonista). Sin embargo, el enfoque si es realmente original. La película se ambienta en Denver, donde en una pequeña ciudad la población se encuentra dividida en un ambiente bélico entre los numerosos partidarios de la unión y los pocos “Rebeldes”.  Nuestro protagonista es un joven sureño, interpretado por Robert Stack, que pronto empieza a ganarse la antipatía del pueblo, tanto por sus condiciones políticas como por los incidentes  y altercados que desarrolla con otros habitantes del poblado.

Y es que vayamos directamente al grano, el personaje que interpreta Robert Stack es lo más importante y fascinante de la película de largo. Nuestro sureño no es ni de lejos el héroe ejemplar que encontramos en las películas de John Ford o Howard Hawks, sino un tipo arisco y orgulloso, que sólo mira exclusivamente por su beneficio personal. De hecho podríamos decir que tiene bastante en común con el tópico del empresario capitalista del sur, que no tiene reparos en sacar todo tipo de provecho económico aunque que tenga que traspasar barreras morales. Y sin embargo, no se puede negar que el personaje tiene un carisma magnético. Hábil con las armas, con las mujeres y con los negocios, el personaje que interpreta Stack invita a una seducción al espectador que contempla fascinado el lado oscuro del personaje. También hay que remarcar el individualismo del que hace constante gala la película, y que Torneur parece querer mostrar de manera inconsciente como una seña clara de este prototipo de primitivo americano, tan relacionado con el lejano oeste. De hecho, nuestro propio personaje protagonista, a pesar de pertenecer al Sur, no duda en cobrar hasta el último centavo a sus compatriotas.

La película capta bien el ambiente guerracivilista que se estaba cultivando en aquella América de los años sesenta del siglo XIX, con dos bandos claramente diferenciados. Al igual que sucede con nuestro protagonista principal, la película sigue siendo igual de turbia. Los personajes que representan al norte, no son tampoco un culmen de virtudes, sino que siguen siendo personajes con muchos elementos negativos, que se alejan ostensiblemente del modelo heroico. El personaje que interpreta Stack empieza a hacer rápidamente algunos enemigos en el pueblo, consiguiendo en una partida de Póker ni más ni menos que un Saloon típico del Western. En definitiva, la película gira entre varios ejes, aunque el más importante es el que tiene relación con el inminente conflicto bélico que está a punto de estallar. Volvemos a citar al gran maestro John Ford, para comprobar que su mensaje de camaradería se disuelve en la película, entre odios e iras de compañeros, pese a pertenecer teóricamente al mismo bando.

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También se incluyen unas gotas románticas, entre el trió protagonista que incluye a los actores: Virgina Mayo, Robert Stack y Ruth Roman. Nuestro protagonista principal, Robert Stack, conoce a una bella mujer en su camino a Denver, interpretada por Virgina Mayo, esta protagonista encarna la élite social y económica del poblado, sin embargo el amor entre los dos no fluye con totalidad, en parte por el personaje que interpreta Ruth Roman, de carácter más popular y atractivo,  se acaba metiendo por medio, consiguiendo el cariño del personaje que encarna Stack.

Resulta destacable la fotografía que emplea la película, y que se puede relacionar con otras películas de Jacques Torneur, con ese tono titilante tan característico de su filmografía. También es verdad que hay alguna secuencia que podría haberse mejorado, como son algunos de los tiroteos (en especial los que suceden en el Saloon), que resultan bastante inverosímiles tal y como se desarrollan.

En definitiva, Una Pistola al Amanecer es una película intensa, que consigue ser un Western con alma propia (algo difícil en un género tan popular en aquellos años) y que tiene sus puntos propios que la hacen ciertamente disfrutable. Es verdad que también nos encontramos con algunos defectos, sobre todo en cuanto el filme duda si seguir adelante, con un final predecible.

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