Fuego en el Cuerpo (1981)

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Heat Body (Fuego en el Cuerpo, 1981) es un intento de homenajear al cine negro de los años cuarenta, aquel género cinematográfico que consiguió tanta fama y repercusión en las taquillas norteamericanas y europeas. Significó además la opera prima de Lawrence Kasdan, y siempre se ha señalado por parte de los expertos que el cineasta nunca consiguió superar el nivel que mostró en esta su primera película.

La película explota las características del cine negro tradicional, dándoles una pátina de actualización y a la vez exagerando muchas de sus señas tradicionales. Nuestro protagonista, quien interpreta William Hurt, es el prototipo de investigador privado que tantas veces habíamos visto anteriormente (el caso de Humprey Bogart es el que más fácilmente nos viene a la mente) es un mujeriego que va de flor en flor, hasta que una calurosa noche se encuentra con una bella mujer, quien interpreta Kathleen Turner. A pesar de que ella está casada, entre ambos surgirá una relación más que apasionada, y posteriormente, planes aún más ocultos.

Si algo se puede señalar positivamente al filme es la creación de una atmósfera que se puede sentir e incluso palparse con los dedos. Para ello la película recopila múltiples detalles que unidos crean un ambiente único, que va en una dirección opuesta a la del cine negro tradicional. Fuego en el Cuerpo destapa todo el erotismo que se mantenía de manera sutil en el cine negro. Si queremos, podríamos decir que la película de Kasdan es la actualización del cine negro al cine de los años ochenta, más en concreto de aquel cine que bajo el apadrinamiento de Spielberg, pretendía unir comercialidad y artesanía (¿Autoría?). Lo que queda claro viendo, eso sí, es que Spielberg nunca podría haber rodado una película tan sumamente erótica como la que nos presenta Kasdan. Entre el calor, la sensualidad de la pareja protagonista y los múltiples detalles de una puesta en escena dinámica y móvil el ambiente del filme es realmente singular.

Por una parte, el subrayado con el calor es cierto que muy evidente y que en ocasiones parece incluso una broma  de lo exagerado que se encuentra, pero precisamente ahí está parte de la gracia del filme, en la manera en cómo queda exagerada los vicios del cine negro, que se plasman sensiblemente en el filme. El Sexo es uno de los motores claves del filme, y hay que enmarcar la película en una década en la que Hollywood estaba poniendo toda la carne en el asador (nunca mejor dicho) con tal de conseguir aumentar la audiencia y las colas del cine.

Es cierto que el filme opta por la sensualidad y deja de lado la complejidad de muchos guiones clásicos del cine negro, como era por ejemplo The Big Sleep (El Sueño Eterno, 1946) de Howard Hawks. Mientras en muchas películas de cine negro nos encontrábamos con guiones complejísimos donde en muchas ocasiones el espectador perdía constantemente el hilo narrativo, en este caso es justamente lo contrario. El desarrollo dramático del filme es bastante simple y lo peor en este sentido, predecible. No hay que ser demasiado lince para ver que el personaje de Kathleen Turner esconde algo, y más, si tenemos en cuenta el historial de viudas negras que pululan por el género. Incluso la película se recrea en este simplismo reiterativo, como los constantes elementos que se repiten mostrándonos una temática cercana con el calor, el fuego y el erotismo (desde la secuencia inicial, donde nuestro protagonista observa a manera de presagio un incendio a través de la ventana, pasando por los diálogos en los que una Kathleen Turner hace alusión a lo caliente que va, sexualmente hablando, o el temporal bochornoso que planea sobre la ciudad, elevando la temperatura hasta límites inhumanos). Lo interesante del filme no está tanto en ir desvelando la trama, sino disfrutar de los momentos individuales que nos entrega la película.

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Esa música pegadiza, que compuso el gran John Barry y que se engancha sudorosamente como el calor que desprende el filme, es un elemento clave que se sintetiza perfectamente con los diversos tonos que recoge la película. A ello se le suma una fotografía que firma Richard H.Kline capta y se explaya con unos claroscuros que forma el color pero que evocan las técnicas del cine negro. El rojo, además de tener un papel protagonista dentro de la temática, también lo tiene en los colores empleados en diversas escenas de la película.

Es cierto que sobre Fuego en el Cuerpo planea siempre la sombra de la artificialidad. Y es que en algunos momentos da la sensación de que el filme de Kasdan parece una estrategia de Hollywood, que se dedica a reciclar antiguos géneros para adaptarlos a los nuevos horizontes comerciales. A diferencia de obras maestras que también revisionan el género negro, como Chinatown (Chinatown, 1974), la sensación es más de una película pensada con otros órganos antes que con la cabeza y el corazón.

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