Todos los Hombres del Presidente (1976)

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A priori podría parecer que All the President’s Men (Todos los Hombres del Presidente, 1976) es una película más de cine político, si tenemos en cuenta que el argumento del filme gira en torno al escándalo Watergate y a los dos periodistas que descubrieron el meollo. Y más aún si pensamos en el director del filme, Alan J. Pakula, uno de los directores más prestigiosos en el cine político, que anteriormente a la película en cuestión había rodado The Parallex View (El Último Testigo, 1974) película que trataba en realidad sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy, por mucho que utilizara un argumento de tapadera.

Pero la realidad, es que Todos los Hombres del Presidente está más cerca del cine de Espías e incluso del cine negro (inolvidables las apariciones de Garganta profunda) que de una película que desengrana cien por cien la cuestión política. La película consiguió numerosos premios y galardones, entre los que se pueden destacar los 4 Oscars (Secundario; para Jason Robards, el mandamás del Washington Post, Dirección Artística, Guión y Sonido).

El filme se centra, como decía anteriormente, en el escándalo Watergate. Robert Redford interpreta a Bob Woodward y Dustin Hoffman a Carl Bernstein, ambos los periodistas reales que se ocuparon de desvelar el caso y las conexiones existentes entre el incidente y las altas esferas, incluyendo al presidente Nixon. La película que cuenta con el guión de William Goldman, se inicia en la oficina del Washington Post y a partir de ahí y de la investigación que promueven los dos periodistas se van implicando el resto de personajes.

Como decía, el filme tiene más de cine negro y Thriller que no de Política. Al fin y al cabo, los elementos políticos son marginales, y sólo aparecen intercalados en momentos puntuales de la película, como el inicio y el final del filme (con los discursos de Nixon a través de la pantalla de televisión). La película tira más por el Thriller y el espionaje. De hecho el desarrollo del metraje es muy parecido y no tiene demasiadas inclusiones novedosas. Nuestros protagonistas deben recoger todo el material incriminatorio posible, para poder implicar con pruebas a los culpables y así el filme se convierte en un recorrido de investigación. El filme se convierte en un Tour típico en el que aparecen las secuencias propias del género, entre las que se incluye la mítica escena en la que el soplón clásico del cine negro chiva información mientras las sombras ocultan su rostro.

El Enaltecimiento del periodista como héroe es algo muy propio del cine norteamericano casi desde sus principios, y en el filme de Pakula este prototipo aparece con toda la claridad. Robert Redford y Dustin Hoffman interpretan a personajes honestos, que siempre van con la ley por delante (la escena de los nombres que tiene que ser publicados es bastante significativa en este sentido, no desean hacer nada que sea ilegal) y que parecen seguir la investigación por deber moral y no por motivos de recompensa personal. Toda la película es en realidad una mitificación al estereotipo de la Prensa Libre, aquella que a pesar de las adversidades y de las amenazas de los grandes tiburones políticos acaba triunfando siempre en el mundo de Hollywood. Un mito que es propiamente norteamericano, y que tantas veces hemos visto repetido en la gran pantalla. El final es precisamente la culminación de esta moraleja, que se ve reflejada en la caída del propio presidente. Evidentemente no hace falta comentar que la ficción dista siempre  de la realidad.

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Todos los Hombres del Presidente es una película que vale especialmente por ser arriesgada y valiente, y eso es lo que sin duda más se agradece a Pakula, que haya sido capaz de entramar una película a tan sólo cuatros años vista de que se produjera el escándalo Watergate, sin embargo, también es cierto que la película es tibia en muchos sentidos. Como ya hemos dicho, los ataques políticos son mínimos. Pero aún así, lo más reprochable lo hallamos en el ritmo de la película, que es realmente soporífero. Una y otra vez somos testigos de los procedimientos de nuestros dos protagonistas, y la película se convierte en un bucle infinito en el que se repiten las mismas acciones prácticamente calcadas. De tal manera, que acabamos por ver la oficina del Washington Post por lo menos unas veinte veces en pantalla. Además, el guión del filme resulta un tanto confuso en algunos aspectos, en los que se avasalla al espectador con información con la que puede no estar familiarizado, como son los aspectos que rodearon el Watergate.

Finalmente, en el reparto nos encontramos con un Dúo de estrellas, que realizan una buena interpretación ambos, si bien es cierto que el guión no construye unos personajes demasiado interesantes, y de hecho los dos se acaban pisando un poco en el mismo tipo de papel (es lo que tiene que no les veamos en otro ambiente que no sea recopilando pruebas).

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