Re-Animator (1985)

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Re-Animator  (Re-Animator, 1985) es carne de Videoclub en su máxima expresión. Con esa portada ochentera y su sinopsis, seguro que causó furor entre los adolescentes del momento. Gore a hurtadillas de los padres, una extraña historia como argumento y algún que otro pecho al descubierto eran suficientes para calentar a una generación. Y así, con el paso del tiempo, el filme producido en parte por ni más ni menos que Brian Yuzna (uno de los directores con más películas bochornosas en su haber, ahí ahí con el alemán Uwe Boll) se ha convertido en una especie de película de culto, un icono de aquel cine gore/fantaterrorífico de los años ochenta. Además, la película consiguió el premio a la mejor película en el Festival fantástico de Sitges, aunque hay que decir que la gala de dicho año fue bastante floja.

Pero lo cierto, es que cuando una revisa la película en la actualidad, se da cuenta de que Re-Animator es más bien una cinta apolillada, que ya en el momento de su estreno debió como una película que como mucho aspiraba a unas sonrisas cómplices (y eso de manera involuntaria). A pesar de esto, el filme tuvo un éxito considerable, y de hecho se realizaron algunas continuaciones más, como From Beyond (Re-Sonator, 1986) o Bride of Reanimator (La Novia de Re-Animator, 1990) entre otras.

Seguramente, una de las cosas más lamentables de la película es la falsa relación con el escritor norteamericano H.P. Lovecraft con la que pretende ligarse el argumento. Según los títulos de crédito del filme, la película está basada en una historia del escritor norteamericano, Herbert West, y además, los guiños a la obra de Lovecraft son numerosos a lo largo del filme, como el nombre de la universidad Miskatonic, que era el mismo nombre que aparecía en obras del escritor, pero en realidad, hay que aclarar que son guiños superficiales y simples. La realidad, es que Re-Animator difiere totalmente en esencia de la Obra de Lovecraft. Por ejemplo, el gore ultra explícito (con claros objetivos de buscar el público adolescente) habría sido impensable en la obra del escritor. E incluso los guiños cómicos (chuscos, la mayoría, para que obviarlo) resultan desubicados. Más que una actualización de Lovecraft a la década de los ochenta, se podría decir que simplemente se utiliza su obra literaria como reclamo comercial. Y el rasgo más característico de Lovecraft, ese terror profundo y cósmico, no tiene ninguna importancia en la película, que tira por un terror mucho más banal y pubescente. Por cierto, la banda sonora del filme emplea un tema que resulta ser una variación del tema principal que empleo Bernard Hermann en la célebre película de Alfred Hitchcock, Psicosis (Psicosis, 1960), que se queda como homenaje, por más que el filme la emplee insistentemente.

Ya entrando en el argumento del filme, nos encontramos con que es bastante simple, y tiene un poco de todo de lo que estaba de moda por aquel entonces (Zombies, Gore, elementos caníbales) en la más cochambrosa serie B. Como decía anteriormente, la película arranca en una universidad, donde viene a llegar un extraño alumno, interpretado por Jeffrey Combs. Este personaje, que tiene bastante de antipático, empezará a realizar unos extraños experimentos científicos en el campus, que acabarán devolviendo a la vida a cadáveres. Pero no volverán felices, sino con ansías de sangre. La película, como intuimos leyendo el argumento, tiene bastantes similitudes con las películas de George Romero y la estela zombie que dejó este autor después de filmar las películas más icónicas de este tipo de cine, como sería Night of the Living Dead (La Noche de los Muertos Vivientes, 1968) e incluso con obras de serie Z de procedencia Italiana, como Lucio Fulci. Esta segunda influencia puede observarse en la propia porquería que el filme no tiene reparos en esconder.

La Trama se convierte finalmente en una película más de zombis un tanto arquetípica, sin que podamos destacar grandes sorpresas. La imaginería del director, Stuart Gordon, está dentro de lo ya visto anteriormente en el género, y finalmente poco se aporta de novedoso. Como mucho se puede destacar algún toque de humor negro (negrísimo) pero siempre se acaba rayando entre la obscenidad más adolescente (e inofensiva, por muchos litros de sangre que explote).

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El filme tiene cierta relación también con películas como Braindead (Braindead, tú madre se ha comido mi perro, 1992). La película producida por Yuzna se realizó años antes, pero ambas comparte una tensión in crescendo que acaba con un clímax sangriento. La escena final de Re-Animator tiene mucho de gran espectáculo circense, donde la efervescente violencia estalla en una vorágine surrealista. En definiva,una película para olvidar rápidamente

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