La Gran Guerra (1959)

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El papel de Italia en la primera mundial ejemplifica perfectamente el carácter imperialista que tuvo este conflicto. A diferencia de la segunda, donde se podía esgrimir el escudo de la “Lucha contra el Fascismo” (aunque en realidad fuera también una guerra por puros motivos económicos), la Gran Guerra fue un conflicto bélico que sólo tenía como misión el mayor lucro de las potencias implicadas, que pretendían conseguir un cacho más del pastel. Italia es el ejemplo paradigmático, porque a pesar de estar aliada en un primer momento con el Imperio de Austro-Hungría, el gobierno decidió cambiarse bando, y así optar a incrementar sus conquistas territoriales. Sin embargo, y a pesar de que Italia finalmente estuvo en el bando vencedor de la guerra, la jugada no le salió como esperaba y tuvo además batallas sangrientas, como la de Caporetto. La opinión pública fue furibunda contra los líderes y altos mandos italianos, como Luigi Cadorna, uno de los militares más nefastos de toda la guerra (y eso que no fue precisamente una guerra de grandes estrategas). El caso, es que muchos años después, tiempo incluso, de la segunda guerra mundial, en el 1959, Mario Monicelli (uno de los directores más conocidos dentro del ámbito cómico) dirigiría una película titulada La Grande Guerra (La Gran Guerra, 1959) y que versando sobre este tema, provocaría una intensa polémica en Italia. Aún latían tabús en Italia, y la desastrosa campaña militar era una de ellas. A pesar de esto (aunque también por la polémica levantada) la obra fue un gran éxito de taquilla[1].. Este hecho lo atestigua la gran cantidad de opiniones dispares que recibió el filme por parte de crítica y público, a pesar de ganar Ex -Aequo con la película de Roberto Rossellini,Il Generale Della Rovere (El General de la Rovere, 1959) otra película crítica con el gobierno del país.

La película cuenta con dos grandes bazas a su favor: Alberto Sordi y Vittorio Gassman. A manos de Monicelli, se convierten en dos ases cómicos, que sacan una sonrisa al espectador por más que el filme transcurra en el mismo infierno. La diferencia entre La Gran Guerra y otras películas bélicas es precisamente el toque de humor que aporta, sin que por ello impida mostrarnos el horror de la guerra en toda su máxima expresión. El metraje no sigue un guión fijo, sino que la película está construida de manera itinerante, haciendo un recorrido por los elementos más identificables de cualquier filme bélico. Todas las claves del género aparecen, pero siempre filtradas por la visión del cineasta, que en numerosas ocasiones recorre a las segundas lecturas y a la ironía para redefinir las situaciones.

Y como es comedia, nuestros personajes se encuentran alejados del héroe clásico. Incluso el antihéroe, tan abundante en las películas de la Primera y Segunda Guerra mundial (ese soldado cínico, que lo único que hace es sobrevivir a sus compañeros) es reemplazado por una galería de personajes que aunque reales y creíbles, no son los más convencionales. Nuestro protagonista principal, interpretado por Vittorio Gassman es un hombre que intenta saltarse continuamente el alistamiento, y que presenta el arquetípico del trabajador concienciado que sabe que la guerra es sólo un negocio para lo más ricos. Sin embargo, a este perfil de anarquista, se le añade también el carácter latino tantas veces reconocido y tópico por antonomasia en el país de la bota. Además, la película tiene también un halo de fuerza popular, y se encarga de apoyar a las más bajas clases, que fueron las que dieron la vida en el campo de batalla, a diferencia de las altas élites, que evitaron mandar a sus hijos a la guerra (se remarca con la multitud de la tropa, la mayoría de ellos analfabetos). A la dupla se añade Alberto Sordi, quien interpreta el papel de un soldado voluntarioso pero también cobarde, que a medida que avanza la guerra va dándose cuenta que no era lo que él esperaba. A estos se le añade una ristra de secundarios bastante bien elaborados.

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El Humor en esta cinta no es utilizado por Monicelli como en otras películas suyas, donde en ocasiones sirve como recurso sociológico o para el simple humor, sino que sirve para desmitificar la Guerra como acto heroico. La Vida en las trincheras se convierte en una concatenación entre actos cotidianos (Como cazar una gallina antes de que lo haga el enemigo) y estallidos de violencia. En este sentido, la Gran Guerra es mucho más humana (en el sentido de real) que otras grandes películas bélicas como Paths of Glory (Senderos de Gloria, 1959),

La película cuenta con una excelente puesta en escena, que Monicelli revela con cada secuencia bélica (la más impresionante sin duda la de las trincheras, donde la cámara se alza para mostrar la escena desde dos puntos de vista, la de los soldados y la del comando que lideran los dos protagonistas) y también con una excelente fotografía en blanco y negro que capta los múltiples matices que exige el guión (la oscuridad del tramo final, la guerra de trincheras, los interiores donde habitan los personajes).

[1] RODRÍGUEZ, Araceli, El cine cambia la historia, Ed. Rialp, Madrid 2010, p. 71

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