Puro Vicio (2014)

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Inherent Vice (Puro Vicio, 2014) es la adaptación cinematográfica de una de las novelas más extraordinarias de la literatura norteamericana contemporánea, escrita por el fascinante (y para muchos repelente)Thomas Pynchon. Este enigmático escritor, del que apenas se conocen datos biográficos, realiza con Inherent Vice un homenaje a un tiempo pasado que nunca más volverá a ver la luz. O mejor dicho, dos homenajes en paralelo, que acaban confluyendo en el mismo destino, por una parte el cine negro, y por la otra la California de los años sesenta (Una California no real, sino adulterada).

Aunque para empezar, podríamos delimitar cuales son los aciertos de la película y cuales sus errores respecto a la adaptación literaria. Lo más importante en la novela, ese ambiente tan enigmático que Pynchon elaboraba en la obra como si fuera sencillísimo, cuando en realidad se trataba de un mundo complejo  pasado por ácido, no ha sido filtrado con la misma gracia en la película. Y esto se debe especialmente a un motivo, como es la falta de tiempo. La película ha tenido que reducir muchísimo material que transcurría en la novela, y esto ha ocasionado un incremento de la sensación de eventos concatenados con prisa (y esto ya pasaba en la novela). El espectador que no esté acostumbrado al estilo de Pynchon se quedará eclipsado completamente por la complejísima trama, que no deja nunca ni un minuto de respiro (muchas críticas al filme vienen de gente que afirma no haber podido entender nada, no sólo Carlos Boyero que ya viene mal de fábrica). Y al comprimir tantos eventos, la magia de Pynchon se neutralizado en buena parte. Esto no quiere decir que Puro Vicio sea una mala película, ni mucho menos. Hay que tener las ideas muy claras para poder componer una película (y no perderse en el intento) como la que monta Paul Thomas Anderson con semejante base literaria.

Doc Sportello, el protagonista absoluto del filme (apenas hay metraje que no tenga a dentro de campo al personaje) es interpretado por Joaquin Phoenix. Hay que decir del responsable de casting que la elección es de las mejores que se podían haber dado, y es que Phoenix interpreta a la perfección el extravagante investigador privado Doc Sportello, una mezcla entre el clásico investigador de cine negro, tan propio de las películas de los años cuarenta (con Humphrey Bogart a la cabeza) con los Hippies adictos a la marihuana de los años sesenta. Como vemos, la nostalgia es un motor básico en la película, como ya lo era en la novela.

La trama del filme es de hecho una revisión del género negro en toda su expresión y con continuos guiños e homenajes. El principio no puede ser más propio del cine negro, con el personaje femenino clásico (una femme fatale), para más señas ex de nuestro protagonista, que es la que introduce el Macguffin con el que arrancará toda la película (un caso más de cine negro, en esta ocasión su actual pareja podría haber sido secuestrada para que alguien se quede con su dinero). Y es que efectivamente, y como ya decía antes, toda la película es en realidad un gran Macguffin, con el que se distrae a nuestro protagonista, que se dirige de un sitio a otro sin que exista nunca una razón sólida. Pero al fin y al cabo, este movimiento itinerante es también una constante del género, si bien es cierto, que Thomas Anderson explota exponencialmente este recurso, creando a propósito un viaje paranoico en toda regla, donde no existen leyes racionales.

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Por lo demás, la película crea sobradamente  una atmósfera surrealista, donde se respira tanto la hierba de nuestro protagonista como la California pasada por salitre de los años sesenta. Con unos personajes secundarios de lujo (entre los que podemos destacar Owen Wilson, Josh Brolin, Katherine Waterston y Benicio del Toro entre otros), el cineasta consigue sacar adelante un universo propio lleno de vida, algo que siempre es difícil, por más que el material de base sea excelente. Puro Vicio puede degustarse de múltiples maneras: como una película de cine negro, con una compleja trama (que si engancha al espectador de primeras y conecta con este ya no le suelta), como una película con un humor singular y anti-Blockbuster que hará las delicias de los amantes del humor absurdo (en especial a la generación de los treinta y pocos) o como una plataforma para que Paul Thomas Anderson explote todos sus recursos favoritos, entre ellos una puesta en escena creativa y provocativa (el punto más delicado como adaptación, después de la trama).

Puro Vicio, como vemos, no es una película para todos los gustos. Ahora bien, si te engancha, difícilmente te va a soltar. Paul Thomas Anderson ha sabido situarse a la altura de las expectativas, en su película más arriesgada. Esperemos que siga a este nivel, porque sin duda se ha convertido en el director más icónico de su generación, representando un Hollywood diferente, nostálgico e irreverente.

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