Historias de Medianoche (1997)

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Campfire Tales(Historias de Medianoche, 1997) es una película que vista hoy en día puede parecer demasiado inofensiva e ingenua. Lo cierto es que más de una década de género ha hecho sus efectos, y algo tan poco agresivo como Historias de Medianoche puede parecer casi un cuento infantil. El filme tiene además una mala carta de presentación, que es la de ser una de las predecesora del subgénero de las leyendas urbanas y de filmes homónimos como Urban Legend (Leyenda Urbana, 1998).

Efectivamente, la película se adentra en el mundo de las leyendas urbanas de terror, tan puramente contemporáneas. La película sigue la estructura de capítulos (a  la manera de los Creepshows), aunque enlazadas por una historia que es el nexo común entre todas ellas. En total y contando con la Historia del Nexo, nos encontramos con 5 capítulos de leyendas urbanas e historias supuestamente terroríficos. El filme cuenta con 3 directores, que son los encargados de dirigir los diversos capítulos. No podía ser el otro el nexo: Un grupo de jóvenes está realizando un paseo nocturno en automóvil, cuando de repente sufren un accidente y deben salir en plena noche al bosque. Ahí empezarán a contarse historias de terror (forma lógica de pasar el rato después de un accidente), que son las que formarán el núcleo importante de la película.

De hecho, la película se inicia con una Historia siendo ya contada por los jóvenes, la más especial de todas por estar rodada en Blanco y Negro. La Leyenda urbana que cuenta este arranque es la del asesino con Gancho que persigue a una pareja adolescente. Puede que sea la mejor historia de toda la película, a pesar de su escasísima duración (apenas un aperitivo introductorio) y de que en realidad…no es nada del otro mundo, cosa que ya nos dice bastante de cómo son las demás. Por otra parte es la historia con más tono Slasher, autoreferencial además, pues nos encontramos con la pareja adolescente típica que planea tener relaciones sexuales en el coche en una parte alejada del bosque, e incluso con un tono más agresivo, aunque nunca olvida su parte de leyenda urbana y de película apta para todos los públicos (difícilmente en un slasher corriente  nos encontraríamos el recurso del gancho resplancendiente).

La segunda historia baja cualquier pretensión del espectador posible. Esta vez parece que directamente no hay ninguna leyenda urbana, sino que nos encontramos ante una historia de terror cualquiera. Una pareja enamorada se dedica a recorrer los Estados Unidos en caravana hasta que se encuentran en un bosque perdido de la mano de Dios, donde parece que  habitan unas extrañas criaturas que devoran todo a su paso. Nada destacable de esta historia, que apenas consigue poner algo de tensión en el espectador. La película sigue mostrando los tópicos del género de terror, pero en esta ocasión sin que las referencias conscientes estén presentes. La segunda historia es una leyenda urbana en toda su expresión, popularmente conocida por la coletilla de: “Los hombres también saben lamer”. Seguramente es también el capítulo más cercano al puro terror, aunque con algún punto de puro estrambótico en su haber (la resolución con el PscychoKiller debajo de la cama tiene su aquel) pero sin embargo una vez termina uno no puede de preguntarse el Porqué de todo lo que ha visto (básicamente por la mala conexión de todos los ingredientes que componen la historia). En la tercera nos encontramos un tono mucho más sensiblero, sólo cortado por un abrupto final (que para ser sinceros no era ni necesario).

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Por cierto, el final de la película (cerrada con el nexo que había ligado todas las historias) tiene muchos parecidos argumentales con la película francesa Dead End (Atajo al Infierno, 2003), dirigida por Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa, donde un miembro de la familia también tenía unas ensoñaciones debido al accidente, que formaban básicamente el metraje del filme, tal y como sucede en Historias de Medianoche. Aún así hay que apuntar que el enfoque del cineasta encargado de esta historia es mucho más cercano al de la fantasía que al terror. En realidad algo ampliable a toda la película: Difícilmente un adulto se va a aterrar con las historias que muestra el metraje. El tono con las que están tratadas las historias se aleja sensiblemente del terror para acercarse al sentimentalismo sensible y “mágico”, cuyo caso más significativo es el último capítulo (el del motero que para en una casa abandonada). Para entendernos, el tono de la película está más cercana al de series de televisión como Amazing Stories (Cuentos Asombrosos, 1985) que a una auténtica película de terror. Y la cita a Steven Spielberg no es casual, porque al igual que con el célebre director, los directores que se encargan de dirigir Historias de Medianoche son incapaces de mostrar algo terriblemente oscuro, sino que incluso cuando el argumento del filme tiene que tirar por lo escabrosos, se acaba cayendo en la sensiblería o en la sorpresa efectista.

En definitiva, nos encontramos con una película renqueante, que no da lo que promete (una película de terror estructurada en capítulos como mínimo ha de suscitar interés y ser capaz de sorprender al espectador por lo menos en algún momento) y que en algunos puntos se hace eterna.

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