A la Caza (1980)

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Cruising (A la Caza, 1980) es una película realmente impactante. A pesar de que a más de un espectador el título en sí no le sonará demasiado como filme, si puedo que lo haga, porque se conoce como Cruising la práctica de las relaciones sexuales  furtivas entre desconocidos en lugares públicos. Lo cierto es que el filme ayudó a popularizar el término de manera considerable, pero además la película de William Friedkin (que cuenta con un guión escrito por él mismo) también ayudó de manera negativa a la cimentación durante los años ochenta de los tópicos más defenestrables sobre el colectivo homosexual masculino.

Y es que difícil saber separar la cantidad de clichés que presenta el guión, cuando describe a los homosexuales y su modus vivendi y cuando simplemente estamos atentos a la trama policial, que realmente es interesante. Por ese motivo, a La Caza recibió numerosísimas críticas y levantó ampollas en muchos sectores. La posición del crítico es difícil al intentar analizar la película, ¿Debe simplemente obviar el contenido homófobo del filme? (para empezar, ¿Realmente hay homofobia o simplemente Friedkin se guía por los tópicos más recurrentes?)¿ o debe denunciarlo de manera evidente? En mi opinión, es vital e indispensable no hacer la vista gorda, y además comprobar los pasos bien dados en este sentido en nuestro país (de lo poco de lo que se puede estar orgulloso) al comparar filme y realidad. Lo que está claro es que lo que vemos en la película no describe ninguna realidad, ni ahora, ni en los años ochenta. Y es que el retrato que hace Friedkin del ambiente homosexual es básicamente demencial, según la película, todos los Homosexuales son unos locazas del quince, que se dedican a  disfrazarse en cuero negro e ir con látigo para ir mendigando sexo y restregándose en casa ocasión que pueden. Un completo disparate vamos, aunque para ser justos con el cineasta, también la película incluye algún que otro alegato para los homosexuales. Por ejemplo, estos aparecen descritos como un colectivo prácticamente vulnerable ante los abusos de la policía, y no sólo en una secuencia, sino en varias. En el principio del filme, unos policías aprovechan de su poder para forzar favores sexuales a un grupo, y en la más definitoria, un grupo de agentes propina una paliza a un homosexual a pesar de que este es inocente (y el personaje de Al Pacino contempla atónito la secuencia).

El guión de Friedkin es en realidad una historia cien por cien policiaca, pero con el ambiente descrito de fondo. Al Pacino es el absoluto protagonista, un policía de Nueva York que sin quererlo ni beberlo, se ve inmerso en una operación de infiltración. El Objetivo, un asesino de homosexuales que anda por los bajos fondos. Al Pacino deberá camuflarse como uno más si quiere cazar al asesino.

¿Qué ofrece A la Caza? La película tiene especialmente dos puntos fuertes. Por una parte, la ambientación del filme, una auténtica delicia que puede incluso evocarnos al mejor Friedkin. Si, hablo del Friedkin de The Exorcist (El Exorcista, 1973) y es porque el filme coquetea descaradamente con el cine de Terror. Cada vez que nuestro protagonista se dirige a los bares de ambiente, el cineasta utiliza toda la ambientación posible para convertir estos lugares en auténtico pasaje del terror. Una fotografía que sólo utiliza colores fríos y desganados así como una galería de situaciones estrambóticas son las bazas principales de Friedkin en esta dirección. Por no sumar las secuencias que directamente coquetean con un gusto malsano, y que en la mano de Friedkin consigue unas cotas de buen (insano) cine. Caso del primer asesinato, que deja al espectador con el corazón en un puño, o de la secuencia en el cine X.

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El segundo aliciente es un guión con múltiples lecturas, que si bien peca un poco de lineal, contiene secuencias de un alto interés y con una factura artesanal de gran calidad. Friedkin opta por un tono policial mucho más cercano al cine que inauguró The French Connection (The French Connection, 1971) es decir, una película policiaca intimista, donde las persecuciones y tiroteos se substituyen por secuencias más reservadas y con una potente carga de sentimientos. La relación entre el personaje protagonista y su esposa tiene cierta importancia, o la del personaje con su compañero de piso, lo que nos demuestra que no estamos ante un filme más de acción a lo Charles Bronson.

Por otra parte, hay que destacar la interpretación de Al Pacino, que clava todos los matices que requieren el personaje (tanto su faceta como policía como su infiltración en un mundo que apenas conoce). Los personajes secundarios cumplen más o menos bien (aunque el asesino del filme no impone todo el respeto necesario) pero Al Pacino se come él solito la pantalla, y sin demasiados aspavientos.

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