Tiempo de Revancha (1981)

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Federico Luppi y Adolfo Aristarain hacen generalmente una buena pareja cinematográfica. Uno delante de las cámaras (Luppi) y otro detrás de ellas (Aristarain) ambos han realizado conjuntamente filmes muy destacables en la filmografía Argentina, y la que nos ocupa hoy es una de las más grandes, Tiempo de Revancha (Tiempo de Revancha, 1981). Una película que evoca los mejores momentos del cine negro (género también muy popular en Argentina en los años cuarenta y cincuenta), pero pasándolos por un filtro de denuncia social, muy a la manera argentina. La película forma parte de una trilogía considerada como la del “Thriller”, que junto a La Parte del León (La Parte del León, 1978) y Los últimos días de la víctima (Los últimos días de la víctima, 1982) forman un tríptico que atacaba el régimen del dictador Videla[1]. Además los filmes abrieron la veda para un nuevo “Boom” del nuevo cine negro.

El filme se arranca con una secuencia que parece anticipar el tono de Farsa que va a desarrollar la película (esa hipocresía tan clásica del cine negro; por otra parte nuestro protagonista comparte ese mismo tono que también gastaban los detectives más clásicos del cine negro). Una secuencia navideña, que no tira por la cotidianeidad familiar de dichas fiestas, sino por la pura ironía. Federico Luppi es un personaje de madura edad, que interpreta a un dinamitero en paro, que busca desesperadamente un trabajo. En una entrevista, acepta un peligroso trabajo que carece de cualquier legalidad pero que reporta numerosos beneficios económicos. Mientras se fragua este pacto mortal, la gente en Buenos Aires prepara sus vacaciones navideñas. El tono de opereta bufa se puede palpar en el delicioso ambiente que prepara Aristarain a cada minuto del filme.

Así pues, como podemos comprobar la película utiliza dos tonos totalmente distintos para el filme, que además tratan y tienen perspectivas totalmente diferentes. En la primera parte de la película, la denuncia social es más que clara. El cineasta presenta uno de los males endémicos del país de manera vitalista y en algunos momentos también cómica, pero sin olvidar nunca el auténtico drama que supone la extracción del mineral. Los múltiples accidentes son un recurso más, pero cuando más acierta el filme es con la descripción de la cotidianeidad de los mineros, así como con la de los magnates de la empresa, una sarta de tiburones despreciables, que abusan de todos sus trabajadores y a los que la muerte de estos les da absolutamente igual. La lectura que hace Aristarain de su país es realmente terrible, y precisamente por esta visión crítica el filme es punzante e hiriente. Agita las heridas de un país saqueado por la corrupción y los empresarios que se compinchan con el gobierno para explotar todo lo que encuentren a su paso en nombre del beneficio. Algo extensible a prácticamente todos los países del mundo, pero que Aristarain singulariza en el caso de su propio país. Sin embargo, Tiempo de Revancha no es una película panfletista, y al igual que las obras críticas que se realizaban durante el franquismo, el director argentino sabe camuflar bien sus intenciones para poder apuntar alto y sortear a la censura y a las autoridades.

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Por otra parte, la película es una excelente  muestra de cine negro o Neo-Noir como la han clasificado algunos. A partir del accidente, la película toma una nueva identidad, recogiendo los mejores momentos del cine negro clásico norteamericano, y readaptándolos a la nueva situación argumental. El personaje de Federico Luppi copia el plan que pretendía llevar a cabo su amigo, para poder extorsionar a los capataces y la empresa y decide fingir que se ha quedado mudo durante la explosión descontrolada. La Mudez de nuestro protagonista deberá ser ocultada hasta que tenga lugar el juicio, y además nuestro protagonista sabe que su vida corre peligro desde el momento en que pretende chantajear a los empresarios. Hay gran cantidad de secuencias que muestran una tensión brillante, que Aristarain prepara con una puesta en escena trabajada (numerosas secuencias que quedan en la memoria: La explosión en la mina, el encuentro de nuestro protagonista con el máximo mandatario de Bulsaco o la enigmática secuencia final). La Historia del filme puede leerse como una venganza cocinada al fuego lento. Además el filme está salpicado de pequeñas gotas de humor, pero no uno cualquiera, sino áspero e irónico, que se adapta perfectamente a la situación, y que en general proviene de nuestro protagonista y su particular manera tanto de ver como de afrontar el mundo, aunque también de líneas de algunos ingeniosos diálogos.

Tiempo de Revancha habría sido imposible sin un intérprete como Federico Luppi, que prácticamente es la mitad de la película. Su actuación raya a un nivel sobresaliente, y no es un mero cliché. Luppi construye un personaje antihéroe en un principio, que acaba conquistando al público por su mala leche, tozudez y carisma.

[1]V.V.A.A, The cinema of Latin America, Ed. Columbia University Press, Columbia 2002, p. 169

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