Aprendiz de Gigolo (2013)

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Un película extraña Fading Gigolo (Aprendiz de Gigolo, 2013) y no porque el argumento del filme sea demasiado extraño (más bien al contrario, el guión es en realidad simplísimo) , sino porque a pesar de estar dirigida por John Turturro (quien además interpreta el papel principal) parece una película de Woody Allen. O mejor dicho, una mala película de Woody Allen. De hecho, como veremos en la crítica, gran parte del filme se lo pasa el espectador dilucidando hasta donde está el trabajo de Turturro y donde se encuentra el del Allen.

No es difícil comprobar que una película como Scoop (Scoop, 2006) tiene bastantes similitudes con Aprendiz de Gigolo, fácil  y suave como una brisa veraniega o un compás de Jazz ligero, y por ende, tan olvidadiza. Turturro dirige una película en la que el propio Allen interpreta al personaje que completa el tándem principal, que a su vez no deja de ser el mismo personaje que ha interpretado Allen a lo largo de toda su carrera, es decir, un hipocondriaco, inseguro con una familia desestructurada pero con una cultura excepcional (rasgo que por cierto siempre se acostumbra a dejar de lado).

A priori la premisa argumental es estúpida, y el espectador se pasa bastante tiempo del metraje del filme dilucidando si efectivamente lo es o no. Allen y Turturro son dos viejos amigos que sufren problemas económicos, y como quien no quiere la cosa, deciden entrar en el mundo de la prostitución. El personaje de Allen se convierte entonces en el chulo de Turturro, y se dedica a conseguirle citas con multitud de mujeres solteras (todas físicamente excepcionales eso sí, no vaya a ser que el filme pierda el toque chic).

Efectivamente, leyendo la sinopsis uno puede pensar que realmente se encuentra ante una idea de olla argumental más. Lo cierto, es que una vez finalizó la película no pude pensar otra cosa que en el agotamiento de las fórmulas actuales. Es decir, Aprendiz de Gigolo no deja de ser una película romántica más, sólo que envuelta con un vestido de lo más extravagante. La pregunta es, ¿Era necesario, o una película romántica más no habría tenido ningún tipo de gancho, sino fuera por la extravagante premisa? También me recordó al propio Wilder, quien cuando escribía guiones, practicaba siempre la manera en cómo podía conocerse un hombre y una mujer, repitiendo una y otra vez a escena en multitud de escenarios diferentes. Seguramente y pese a la experiencia de Wilder esta manera se le pasó, aunque supongo que por algo sería.

Hay dos partes claramente diferenciadas en el filme. La primera de ellas, personalmente la encontré la más disfrutable. Es una comedia ligera, que como ya dije, tiene muchas similitudes con las películas menores de Allen que viene dirigiendo últimamente. En ella básicamente Turturro se dedica a reírse de la bizarra idea que rige todo el filme, así como de los dos personajes, que eso sí, cumplen el papel de Gigolos novatos, creando una simpatía notable con el espectador. Y digo simpatía, porque la primera parte de Aprendiz de Gigolo no es una de aquellas películas con las que uno se ríe de manera exagerada, pero que consiguen colocar una sonrisa cómplice en el espectador durante varios momentos consecutivos. También hay que decir que la película bordea en numerosas ocasiones el Kitsch (caso de la aparición del personaje que interpreta Sofía Vergara) pero siempre de manera consciente.

Sin embargo, todo se esfuma con la segunda parte del filme, que tira por una comedia romántica, más bien insulsa (no por los actores, John Turturro y Vanessa Paradis, que están bastante bien, sino por el guión) cuando Turturro empieza a enamorarse de una de sus clientas, que casualmente también es judía. La historia navega sin más complicaciones, más allá de la futilidad.

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Otra temática que tantas veces hemos visto en Allen y que aparece con mucha fuerza en el filme es el tema hebreo, que sinceramente aparece en el guión de manera muy desdibujada. Ambos personajes principales son judíos y el que interpreta Turturro encuentra a una joven también judía de la que se enamora, por no hablar que gran parte del filme transcurre en un barrio judío y los secundarios también lo son. Pero todo esto no quiere decir que el filme muestre algo interesante en este sentido, sino que simplemente se emplea de adorno, pretendidamente cómico, y listo.

La música es otro elemento que nos hace dudar de la verdadera personalidad detrás de las cámaras. La película emplea constantemente la música de Jazz, pero no uno pesado y reflexivo, sino uno ligero, blanco, que nos evoca la frescura de las películas menores de Allen, que dicho sea de paso, acostumbran a ser las peores. En definitiva la música se asocia bien con la trascendencia intrascendente de la temática.

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