Vida en Sombras (1948)

Vida en Sombras (Vida en Sombras, 1948) es una extrañísima película española, dirigida por el aún más enigmático director Lorenzo Llobet-Gràcia, que sólo dirigió una película en toda su carrera, evidentemente, esta. Sin embargo, esto no quiere decir que el director fuera un desconocido en el mundo del cine, sino más bien lo contrario. Llobet-Gràcia fue un empedernido enamorado del cine, desde los 17 años,  a los que su padre le regaló una cámara[1]. Pero seguiría durante toda su vida, formando clubs por ejemplo algún que otro club cinéfilo. La película es principalmente un gran homenaje al cine. Desgraciadamente el filme fue olvidado y no fue hasta la década de los años ochenta en que se recuperó la película y pasó del ostracismo a convertirse por algunos cinéfilos reducidos en una obra de culto. En definitiva, una historia digna de su director.

Carlos, el protagonista del filme, es de hecho el alter ego del cineasta. Además, para gloria de todos está interpretado por Fernando Fernán Gómez un actor que por aquel entonces aún no era tan conocido (a pesar de haber rodado alguna película interesante y haber estado en manos de directores como Edgar Neville). El personaje se presenta desde su nacimiento (mostrado en la película) que como no podía ser de otra manera es en un cine (un lugar simbólico, aunque no será el único) como un auténtico cinéfilo. Desde pequeño ya está devorando cualquier asunto relacionado con el cine, y a medida que crece desea trabajar en algo relacionado con el séptimo arte. Finalmente nuestro personaje encontrará el amor en Ana, un personaje que interpreta María Dolores Pradera. Desgraciadamente, la guerra civil irrumpe en sus vidas, trayendo la tragedia.

Si en la primera parte nos encontrábamos con la formación de nuestro protagonista y su amor por el cine, en la segunda parte del filme el metraje da un vuelco, convirtiéndose en un drama con referencias cinéfilas, un tour de force dramático. Aún así no podemos decir que la película se divida exactamente en dos partes, sino más bien que contiene una estructura claramente circular. De hecho, sólo hay que ver principio y final del filme.

Los homenajes al cine son constantes. Para empezar, somos testigos del nacimiento del propio medio, en la escena del parto, donde el director introduce elementos bastante fidedignos con la historia (no es un cine propiamente dicho, sino una barraca de feria, donde era habitual que se estrenaran las primeras películas) y de su evolución a medida que avanza el metraje. Los filmes de Chaplin por ejemplo, la estrella cómica del cine mudo por excelencia. Y por supuesto, el cine de Hitchcock, que aparece en la película con un homenaje sincero, y que a pesar de que uno vea el filme sin información, se nota que viene desde el corazón. El filme de Hitchock es en concreto, Rebecca (Rebeca, 1940) que además tiene una importancia capital en el filme, pues las relaciones argumentales entre una y otra película son más que evidentes.  En definitiva, la película entera es un tour vital que recorre los sentimientos del director por su amor al cine.

Un hecho negativo lo encontramos en el montaje. El metraje es realmente corto, apenas un poco más de setenta minutos de duración y desgraciadamente el director no es capaz de mostrar una historia totalmente consistente. En muchos momentos al espectador le da la sensación de que lo que está viendo sucede demasiado deprisa, sin que se respeten los tempos. A más a más, también nos encontramos con un guión ciertamente confuso, que parece adolecer de poca profesionalidad. Por ejemplo, la manera en cómo se presenta la guerra civil española es ciertamente amateur, aunque seguramente esto se lo debamos a la censura franquista (el filme se estrenó en poquísimos cines y de una manera estrepitosa) que tuvo bastante trabajo con esta película, que nos presenta una indeterminación bastante sensible en nuestro protagonista. Los discursos políticos por supuesto son inexistentes y lo mismo podemos decir de las motivaciones de los personajes delante de la guerra.

La película también cuenta con alguna secuencia realmente espectacular, como aquella en la que nuestro protagonista graba en primera mano la guerra civil, y es donde el director muestra todo su potencial con una puesta en escena atrevida, que muestra un recorrido de cámara realmente impresionante.

En definitiva, Vida en Sombras es una película única. Puede que encontremos numerosos fallos, pero desde luego todos ellos son permisibles, porque realmente nos encontramos ante un filme singular. Una película crítica en plena dictadura franquista (cuando ni siquiera esta se había relajado), con una idea realmente singular (en un mundo lleno de producciones mediocres y repetitivas) y con algunos guiños autoreferenciales que ya los querrían para ellos muchos otros directores.

[1] TORRES, Augusto, Directores Españoles Malditos, Ed. Huerga y Fierros, Barcelona 2004, p.189

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