Society (1989)

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A BrianYuzna ya le tenemos todos los cinéfilos bien clasificado y señalado, pero hubo un tiempo en que era un director cuanto menos interesante. Y es que su carta de presentación en el mundo del séptimo arte fue la extrañísima y divertida (siempre que tengamos en cuenta que se trata de un humor negrísimo, no apto para mentes sensibles) Society (Society, 1989), una película que dejó a todo el panorama crítico con un gesto de estupefacción,  como por ejemplo cuando se estrenó en el festival de Sitges de dicho año.

La película arranca precisamente con una pesadilla y ese será el tono predominante que le dará Brian Yuzna a Society. De hecho, la película es simple y llanamente una pesadilla de principio a final. Al tono argumental hemos de añadir también los propios agujeros del guión e incluso la falta de presupuesto, que todo suma para añadir un grado de surrealismo delirante a la película. Pero antes de entrar en materia, hay que decir que Society no es una película fácil. No está hecha para todos los paladares y ya en el momento de su estreno, tuvo problemas de exhibición en los Estados Unidos, mientras que en Europa recibió una mejor acogida[1]. Incluso me atrevo a decir, que hay que tener cierto bagaje en el género de terror para poder apreciar correctamente la película. Sólo tenemos que comprobar el final, una delirante sucesión de escenas bizarras y gore, al más puro estilo coetáneo de Peter Jackson en sus primeras películas, para darnos cuenta de que el filme siempre va a tener a los cinéfilos divididos.

El argumento, opta por una estructura continua, que no deja ni un momento de respiro y que concatena acontecimientos continuamente. Billy Warlock interpreta a Billy, un joven estudiante de instituto que un día empieza a sospechar que la idílica familia que tiene no es realmente lo que parece. Poco a poco empezará una trama de suspense con toques de terror, que finalizará en una orgía Gore de tomo y lomo. La película se acerca argumentalmente a nuestro protagonista, que es el personaje absoluto y el que conduce el hilo narrativo de todo el filme.

Lo que une al filme con otras películas grandes del género de ciencia ficción y de terror es la segunda lectura que es fácilmente extraíble a medida que avanza el metraje. Sin duda alguna, Society es una descharrante y nada velada crítica a las altas élites mundiales. De hecho, la película tiene mucho parecido con el mítico filme They Live (Están Vivos, 1988) del gran John Carpenter. Al igual que en el filme de Carpenter estrenado un solo año antes, nos encontramos con un mundo donde la humanidad no vive realmente sola. Sino que una élite mundial (en ambos casos, extraterrestre) controla a la humanidad, esclavizándola y torturándola. Una metáfora evidente de cómo las altas clases se enriquecen a costa de la clase trabajadora. En la película de Carpenter, nuestro protagonista iba poco a poco dándose cuenta de que algo estaba realmente fallando en su mundo, y a medida que se desaliena empieza a tomar partido por la raza humana. Exactamente sucede igual en la película de Yuzna. Billy, es un joven estudiante que a raíz de una pequeña sospecha empieza a pensar que todo lo que tiene a su alrededor es una farsa. Este descubrimiento para encontrar la verdad tiene un tono mucho más pesadillesco (como ya he repetido anteriormente) que gamberro, más desesperado que atrevido. En definitiva, Society es mucho más negativa que Están Vivos, o quizá deberíamos decir, realista, y sólo hay que comprobar y comparar los finales de ambas.

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En definitiva, el filme tiene una clave política y un desparpajo que son las que la salvan de la quema, y la convierten en un filme icónico. Por lo demás, es evidente que Society tiene numerosas fallas en el guión e incluso momentos que rozan descaradamente la vergüenza ajena (por ejemplo, el momento en que sin quererlo ni beberlo nuestro protagonista decide ir en un Jeep que no sabemos ni cómo demonios ha llegado hasta allí, o incluso si vamos hasta el fondo de la trama, porque la familia se dedica a hacer el tonto y no caza directamente a nuestro protagonista) y que es una película hecha por gente bastante inexperta. La puesta en escena es muy floja, y los compases iniciales del filme hacen temer lo peor, y de hecho, durante gran parte de la película el filme no puede desprenderse del tufo de película de categoría baja. También hay que destacar que el presupuesto bajo con el que cuenta Yuzna no ayudó para nada, y la fotografía es una gran muestra de esto (realmente poco inspirada). Aún así hay que decir en este sentido, que para tener poco presupuesto se consiguen unos efectos especiales realmente terroríficos, en los diez últimos minutos (que es cuando Yuzna lanza toda su pirotécnica).

[1] PASZLYK, Bartłomiej, The pleasure and Pain of cult horror films: an Historical Survey, Ed. Macfarland, North Carolina 2009, p.188

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