Hesher (2010)

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Hesher (Hesher, 2010) es una curiosa película dirigida por un, hasta el momento, desconocido director, llamado Spencer Susser, que aún así contó con la interpretación de Joseph Gordon-Lewitt, quien empezaba a despuntar dentro del cine más o menos independiente, o digámoslo de otra manera, alejado de los Blockbusters convencionales y también de Natalie Portman, que representa un personaje adorable, por más que ella resulte casi irreconocible debido a la caracterización de su personaje. El filme de Susser recibió una nominación en el festival norteamericano de Sundance, y la verdad es que es difícil separar la originalidad y el atrevimiento en Hesher de los tópicos Indies tan en boga últimamente. Aún así, el filme ha pasado desgraciadamente inadvertida por la mayoría de público, cuando sobresale por encima de la media.

¿De qué va exactamente el filme? La película de Spencer Susser es una mezcla entre drama y comedia, una obra que navega entre diversos géneros y que añade notas de fantasía, surrealismo. Hesher es como si un personaje de una película diferente se colará en un drama que no le corresponde. Sin embargo, el personaje que magníficamente interpreta Joseph Gordon Lewitt tiene una significación básica en el filme. Es el personaje con el que el cineasta, Spencer Susser, puede interpelar directamente al espectador y desarrollar su mensaje principal. La familia y el ambiente del joven T.J, personaje principal del filme, es el prototípico de un drama cualquiera de sobremesa de tarde en Antena 3. El joven acaba de perder a su madre, su padre totalmente destrozado por este hecho ha empezado un camino de autodestrucción, y a la abuela no parece hacerle caso nadie. Por si fuera, poco T.J es un niño sin amigos y totalmente introvertido.

La conexión entre el espectador y el personaje de Hesher viene con ese final, que viene a condensar la esencia de la película. En definitiva, el mensaje es el siguiente: el de la enfermedad que una vez abandona al paciente, le permite ver todo lo que se había perdido hasta entonces por no haber sido capaz de ver más allá de sus quejas y lamentos. Eso es lo que propone Spencer Susser con la película, y eso es exactamente lo que viene a enseñarle, en el fondo, Hesher a T.J y su familia. No en vano, ayuda el tono surrealista y delirante que configuran la iconografía del personaje. Hesher es un rompepelotas, un antihéroe típico del cine, que recoge la herencia de Clint Eastwood en la trilogía de Leone, para unirla con la reciente eclosión en la cultura popular del Heavy Metal y los tópicos que van asociados a esta. Ataviado como un auténtico seguidor de dicho género musical, con una cabellera espectacular que hará sonreír a los que tienen una visión de Joseph Gordon-Lewitt mucho más formal, y con una inconfundible camioneta negra que parece sacada de un relato corto de Stephen King, se presenta un personaje que enriquece tremendamente la película, y que viene para quedarse como mínimo dentro de la categoría de “Personajes de película que sólo molan y son válidos dentro de la gran pantalla”. Es cierto que el guión se toma ciertas licencias que hacen que el filme por momentos vaya convirtiéndose en algo ciertamente increíble, como la entrada del personaje de Hesher en la casa, que convierte la película en algo difícilmente verosímil, colocándola en un plano un poco más fantástico. De hecho, en algunos momentos del filme el equilibrio se rompe y el espectador queda confuso ante lo que está viendo, por la ambigüedad que adopta la película.

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También hay aspectos muy mejorables en el filme, caso del guión que no sabe muy bien cómo afrontar el mensaje principal del filme. La historia del niño con el coche y su infinita persecución se prevé de manera evidente y no aporta demasiado dramatismo, al contrario de las historias que suceden en la mesa mientras cenan en familia. El problema es que a pesar de la buena idea original del filme (introducir un personaje que produzca un terremoto en las relaciones personales de la familia, para que así empiecen a reactivarse) las metas no están igualmente inspiradas. Caso del personaje que se enfrenta continuamente a T.J y que a pesar de representar la marginación del chaval en el instituto, le falta un cierto desarrollo, o las propias actuaciones de Hesher en algunos momentos en los que se les va la cabeza sin más. Si tomamos la película como una fábula moral postmoderna (y el final, Hesher Was Here, así parece indicarlo) podremos disfrutar mucho mejor del filme que como si fuera una película realmente dramática.

Por último, se nota la falta de inspiración en algunos aspectos técnicos como la fotografía o la puesta en escena, que lastran en buena parte el resto de aspectos originales de la película. En este sentido el filme es bastante basto y se echa de menos alguna escena que deje una huella en la memoria.

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