Inseparables (1988)

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Dead Ringers (Inseparables, 1988) es una de las películas más icónicas del perturbador director canadiense David Croenenberg, una personalidad fascinante, que prácticamente desde que arrancó su carrera ha generado controversia a su paso. La película cosechó gran cantidad de premios y nominaciones en el momento de su estreno, y se ha convertido por méritos propios en una de las películas más personales y controvertidas del director, cosa que ya significa bastante si tenemos en cuenta que uno nunca queda igual después de ver una película del Sr.Croenenberg.

Como no podía ser de otra manera, el argumento del filme es cuando menos estrambótico. Dos hermanos gemelos, que desde una secuencia inicial en la que se nos presentan de niños ya vemos que son extraños, se convierten en prestigiosos médicos de adultos, más en concreto, en ginecólogos (profesión que en manos de Croenenberg, como podemos suponer da para mucho juego). Ambos son físicamente idénticos, y para rizo de Croenenberg, están interpretados por el mismo actor, Jeremy Irons, quien sin duda hizo una de las mejores actuaciones de su ya veterana carrera, realizando una interpretación llena de matices, y sobre todo, siendo capaz de realizar la ardua tarea de mostrar dos personalidades diferentes siendo evidentemente el mismo intérprete.

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Sin embargo, estos dos personajes no comparten una misma personalidad. Por una parte tenemos a Berverly Mantle, que no tiene un nombre femenino por azar, sino por tratarse del hermano dominado (Teniendo en cuenta el género de roles tradicional) que muestra a su vez una personalidad mucho más intimista y introvertida. Es también, el personaje con el que el espectador empatiza más, por estar prácticamente bajo el dominio de su hermano gemelo. Por otro lado, tenemos a Elliot Mantle, que es la cara opuesta a su hermano. Un Casanova que además parece también tener más éxito tanto en su vida social como en el trabajo. Sin embargo, ambas vidas quedarán interrumpidas en el momento en el que conozcan a una extraña mujer, con una malformación en su vagina… Con sólo leer la sinopsis, ya podemos ver que hay muchos temas típicos del cineasta que aparecen con determinación en la película: Caso del doble y de la identidad rota, que anteriormente ya había tenido cabida en la filmografía del cineasta,  la sexualidad desviada y las perversiones más retorcidas en este campo, así como una atmósfera densa y malsana, que puede presentirse desde el primer minuto.

La sexualidad y el amor, así como la autodestrucción forman un tándem inseparable. Las tres personalidades más importantes del filme forman una relación interesantísima desde el punto de vita cinéfilo y se pueden extraer múltiples lecturas. Sin duda la más interesante es la relación de amor y odio que existe entre los dos hermanos. Al principio, Elliot es el personaje dominante, pero a medida que la película avanza y su hermano gemelo desfallezca, el verá que no puede vivir sin su hermano. El culmen de la relación simbiótica, que Croenenberg finaliza con un magistral secuencia donde triunfa la visión catastrofista, marca de la casa.

La atmósfera de la película recuerda también a trabajos anteriores del cineasta. Prácticamente toda la película transcurre en salas metálicas, con una fotografía gris muy determinada, que acaba provocando una sensación “Industrial” muy propia de Croenenberg. Los personajes se mueven en ambientes reales y plausibles, pero la sensación que tiene el espectador es que está viendo una pesadilla pasada a imágenes. Estéticamente, hay una mezcla entre lo industrial y el art deco, una suma muy interesante y que forma parte indispensable de la idiosincrasia del filme.

Inseparables es una película difícil. En temas escatológicos no llega al nivel de la máxima del cineasta, Fly (La Mosca, 1986) pero la complejidad de la película la hace difícil de acceder a todo tipo de públicos.  La trama es realmente densa por ejemplo, y difícil de seguir en varios momentos, porque la confusión entre los dos hermanos puede dejar totalmente descolocado a más de uno. Y porque está claro, que la agresividad, locura y perversión están patentes en cada fotograma del filme.

Punto y aparte merece la escabrosidad inventiva del director, que aparece como un torbellino surrealista en la última parte de la película. El momento más alto en este sentido lo encontramos con la fabricación de unos extraños aparatos ginecológicos, hechos por un supuesto artista, que resultan realmente escalofriantes, y que nos recuerdan el trabajo plástico de otros artistas como el de H.R Giger (uno de los máximos responsables de Alien). Como no, el In Crescendo típico de Croenenberg nos seduce y nos atrae hacía la misma atmósfera de depravación que va consumiendo a los personajes protagonistas, y sin duda estos toques personales y bizarros (como la operación o la drogadicción de uno de los protagonistas).

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