Ritmo Loco (1937)

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Shall We Dance? (Ritmo Loco, 1937) es una de las prototípicas películas de cine musical que se suelen citar en los manuales sobre la historia del séptimo arte como ejemplo de lo que fue este fructífero género en los años treinta. Ciertamente, el filme cumple con todos los cánones necesarios para ser considerada como una de las obras típicas: Producida por la RKO, con la interpretación de la famosísima pareja de intérpretes Fred Astaire y Ginger Rogers, con uno de los números o canciones musicales más famosas de la historia del cine (You say tomato…) así como una gran ristra de personajes secundarios. Y sin embargo, el filme también delata los errores de un género que en la mayoría de las ocasiones, y este es un claro ejemplo, no pasaba de buscar convertirse en un mero entretenimiento sin ningún tipo de reflexión. Así sucede, al igual que sucederá con los filmes de entretenimiento de ahora, que la película resulta por momentos bastante desfasada, e incluso me atrevería a utilizar la frase (de la que no soy nada proclive) de que el tiempo le ha causado demasiado mella.

La película está dirigida por Mark Sandrich, un director especialista dentro de la RKO en la producción de filmes musicales, y entre cuyas obras podemos citar películas tan célebres como The Gay Divorcee (La Alegre divorciada, 1934) o Top Hat (Sombrero de Copa, 1934). El cineasta fue un especialista del género, pero sin embargo su trayectoria sólo puede clasificarse en estos parámetros, de los de donde nunca salió. Aún así se puede afirmar que fue un más que correcto artesano, que sabía entregar el protagonismo  a sus estrellas musicales, sin por ello descuidar la puesta en escena.

Como decía, el filme es un ejemplo prototípico, y esto por supuesto incluye el guión y el argumento de la película. El filme nos presenta un desarrollo basado en dos pilares, primero la conexión entre la pareja Fred Astaire y Ginger Rogers, básicamente el gran aliciente por el que el espectador de aquella época pagaba por la entrada de cine, y por otra parte una trama de enredos que nos recuerda a la Screwball comedy, pero con una pátina mucho más popular que la que tienen filmes más sofisticados como los de Enrst Lubitsch. Fred Astaire interpreta en esta ocasión (como no podía ser de otra manera) a un prestigioso bailarín, que acompañado por su ayudante bufón, quien interpreta Edward Everett Horton, acabará embarcándose en un viaje donde conocerá a la elegante cantante interpretada por Ginger Rogers. Evidentemente, entre los dos surgirá el amor, aunque tampoco podemos decir que la trama resulte demasiado elaborada, pues desde el primer minuto nosotros sabemos (como también lo sabían los espectadores que iban a ver una película de Fred Astaire y Ginger Rogers) como acabará la cosa.

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La historia se hila con la música y con un humor ligero y suave. Los juegos de palabras, la gesticulación y los personajes secundarios que pierden los nervios y que realizan el papel de bufón son los pilares principales del humor del filme. Cabe decir que nos encontramos con un sentido cómico apto para todos los púbicos, en esencia incluso podríamos decir que infantil, que no trata de hacer daño a nadie en definitiva. Las Stagies, esos números musicales que narrativamente no aportan nada a la historia,  aparecen en reiterados momentos. Cabe destacar dos que sobresalen con fuerza. Primero, la más famosa de todas y versionada en multitud de ocasiones, una canción simple pero pegadiza, You say Tomato i Say Tomato…que resulta bastante efectiva y que consigue despertarnos del sopor musical del resto de canciones. Ligera, ágil pero efectiva, uno puede respirar la química por la que ambos actores consiguieron tanta celebridad en su momento. Fred Astaire con sus clásicos movimientos de claqué y por su parte Ginger Rogers con su dulce voz. En segundo lugar tenemos una canción compuesta por ni más ni menos que por George Gershwin (Quien compone otros temas en la película, los más destacables sin duda), They Can’t Take That Away from Me, que también rezuma amor.

También hay que destacar la interpretación de Edward Everett Horton, quien encarna a un personaje secundario, un segunda espada, muy típico de estos filmes. El actor, un clásico de repertorio en estas películas aporta el sentido cómico, de personaje torpón y nervioso ante el carisma y la galantería del personaje principal. A pesar de que los diálogos que soporta el actor le desmerecen en cierta medida, lo cierto es que es un buen contrapunto y siempre fue un gran actor de reparto.

Por cierto, resulta bastante interesante remarcar una de las escenas iniciales, donde el representante que interpretada el citado Everett Horton se acerca al personaje de Fred Astaire para recomendarle que deje esos bailes modernos y se dedique a un baile más tradicional. No deja de ser curioso, porque nos recuerda a eternos debates sobre músicas que ya han pasado su tiempo, por otros movimientos contemporáneos que les arrebatan su puesto. En todo caso, el Jazz del que se burla el personaje de Fred Astaire ha resistido mejor el paso del tiempo que no las canciones más azucaradas y pegajosas del filme.

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