Testigo Accidental (1952)

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The Narrow Margin (Testigo Accidental, 1956) es una de aquellas películas prototípicas dentro del cine negro. De aquellas obras que reúnen todas o casi todas las características indispensables para que se las considere dentro de un género. El filme, que lo dirige el camaleónico director Richard Fleischer (quien no ha tenido reparos a lo largo de su carrera en realizar trabajos de toda índole, incluidos filmes de aventura tan míticos como Los Vikingos) estuvo nominado en el 1952 a la gala de los Oscars por la Mejor Historia.

La película tiene dos partes claramente diferenciadas, que además suceden en dos escenarios totalmente distintos. La primera parte de ellas, sin duda alguna la mejor de todas, es una gran introducción llena de fuerza y que nos evoca a la mejor tradición del género negro. Dos policías, interpretados respectivamente por Charles McGraw (el protagonista principal) y Don Beddoe (su inicial acompañante) son los encargados de escoltar una importante testigo, interpretada por una actriz clásica del cine negro, la bellísima y mortal Marie Windsor, hacia un juicio (para inculpar a un importante criminal) donde esta mujer debe testificar. Sin embargo, todo sale mal, pues en un tiroteo muere el personaje que interpreta Don Beddoe y deberá ser nuestro protagonista principal, quien realice por sí mismo la peligrosa misión de acompañamiento. En parte, esta secuencia inicial está perfectamente rodada, primero porque da poquísimas explicaciones de lo que el espectador tiene delante de los ojos, y eso provoca un desconcierto tremendo. En los primeros compases de la película la película nos evoca la mejor tradición del cine negro, aquella que es capaz de poner la intriga con muy pocos recursos sobre la mesa (incluyendo una puesta en escena más bien austera). Una gran presentación, que de paso nos presenta también gran parte de los pilares que formarán el filme: La Femme fatale, interpretada por Marie Windsor, quien nada más empezar la película ya nos seduce tanto a nosotros como espectador como al protagonista principal, con el habitual descaro y mala baba que caracteriza este tipo de arquetipo (pero que sin duda la actriz consigue hacer sobresalir, también por su exótica o singular belleza que es explotada a conciencia por Richard Fleischer, sólo hace falta recordar las escenas del tren) la venganza (el asesinato del compañero del protagonista en los primeros compases, será una de las bases que motivarán al personaje principal) y por supuesto la misión peligrosísima y mortal, presentada prácticamente como un destino mortal.

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Incluso la puesta en escena de esta primera parte está mucha más elaborada que las que le preceden. La utilización del claroscuro en la bajada de las escaleras y en la persecución saca a relucir el mejor Richard Fleischer.

Pero después de esta brillante primera parte, el filme entra en una monotonía general. En la segunda parte, el filme transcurre enteramente en un tren, donde se embarcan nuestros dos protagonistas, con la intención de llegar hacia el juicio. En el tren, el filme se dedica a mostrar el mismo esquema narrativo una y otra vez, lo que sin duda acaba cansando al espectador, por más que haya buenas escenas de género, como la misma resolución final. Todas las posibilidades y expectativas que se habían levantado con la primera parte del filme se frustran por la anodina y repetitiva mitad del metraje. El propio filme se contenta con convertirse en una película menor, que simplemente entretenga al espectador y listo. Sale a relucir pues, el calificativo de artesano con que tantas veces se ha designado al director, Richard Fleischer, una palabra utilizada en muchas ocasiones de manera despectiva, pero que en esta ocasión acaba siendo irremediablemente cierta.

Por otra parte, el guión de la película se toma excesivas licencias. Por ejemplo, la relación entre las dos mujeres (el personaje que interpreta Marie Windsor ya lo hemos comentado, mientras que el personaje que interpreta Jacqueline White es un personaje totalmente contrario y opuesto al primero, una mujer dulce, viuda, que cuida a su hijo y que el guión intenta juntar con el personaje principal, a pesar de que la química entre ellos es prácticamente inexistente) y el protagonista principal, a pesar de prometer bastante, acaba derivando en un giro de guión final que no se sostiene por ningún lado. Como tampoco se entiende demasiado como puede ser el hecho de que la mafia tenga un acceso total y prácticamente impune a todos los mismos lugares por donde pase nuestro policía, pero luego los asesinos sean tan recatados a la hora de actuar.

En definitiva, Testigo Accidental es una película que a pesar de no contar con una gran trama ni con unas posibilidades técnicas y presupuestarias demasiado elevadas, consigue atrapar al espectador desde el primer minuto. Sin embargo, esta misma táctica es su condena, pues el filme no intenta ir más allá de esta condición de puro entretenimiento, sin tan siquiera querer traspasar la barrera de los mejores filmes del género. Fleischer se contenta con servir un aperitivo.

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