Coche Policial (2015)

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No hay porque tener miedo en afirmar que Cop Car (Coche Policial, 2015) es una buena película. Seguramente algunos no se atreven a decirlo, porque desde luego el filme que firma y dirige Jon Watts no es una película convencional. Pero sí es cierto que es una buena muestra del cine que se puede hacer hoy en día, o mejor dicho, Coche Policial es el resultado de un cineasta consciente de la postmodernidad cinematográfica. Una película que no cuenta absolutamente nada habría sido imposible en el clasicismo cinematográfico, y sin embargo el atractivo del filme es comprobar de qué manera tan inteligente se ha conseguido estirar lo que en un primer momento parece una simple anécdota.

Efectivamente, todo lo que muestra la película de Jon Watts parte de una fruslería, de una nadería intrascendente de la que acaba haciéndose una gigantesca bola de nieve. Algunos críticos no han entendido que precisamente el valor del filme está en saber mantener este aparente vacío argumental mediante el savoir faire del cineasta, de tal manera que han achacado a la película de contener demasiadas escenas “que estiran” el metraje. En realidad, se puede decir que todo el metraje está estirado, puesto que la historia que se cuenta podría durar perfectamente unos cinco minutos. Porque lo crucial en el filme no está en lo que se cuenta, sino como lo cuenta el director y sobre todo el trayecto entre la salida y la línea de meta. No podría ser más ajustada la comparación, teniendo en cuenta que al fin y al cabo la película recoge el espíritu de las Road Movies sesenteras y setenteras y lo actualiza contemporáneamente.

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La película ya muestra sus cartas en sus primeros cinco minutos. En una sola escena el director es capaz de presentarnos a los dos jóvenes personajes principales, el contexto en el que se desarrollará el filme y el tono principal de la película. Lo hace mediante, como no podía ser de otra manera, una anécdota que se acaba alargando más de cinco minutos. James Freedson-Jackson y Hays Wellford interpretan a dos jóvenes niños de menos de diez años, que parecen haberse ido de aventuras por la América profunda. Con un tono que personalmente me evoca a una parodia de Stand by Me (Cuenta Conmigo, 1986) los vemos caminar lentamente por las llanuras desérticas. El director ya nos muestra el contexto cultural de los dos jóvenes y del lugar donde está transcurriendo la acción: la América blanca, la América Tópica y presuntamente analfabeta que tantas veces hemos visto en numerosas películas. De repente, encuentran un coche de policía abandonado. Y como no podía acabar sucediendo de otra manera, con la tontería lo acaban cogiendo prestado, sin saber que pertenece a uno de los policías más corruptos del condado, quien interpreta el genial Kevin Bacon.

A pesar de que como digo, el filme nunca pretende tomarse en serio a sí mismo, de regalo nos entrega un contexto irrepetible y bastante jugoso. La ya comentada “White America” y su latido se pueden escuchar en numerosos fotogramas y el retrato que hace el director no podía ser más ajustado, a pesar de que el subrayado nunca es necesario. La película también puede leerse como una fábula moral, un cuento moderno que si bien no está especialmente dirigido para niños (debido a la violencia y a la poca convencional estructura) sí es cierto que tiene cierta esencia de recuperación de la memoria de la infancia. Al fin y al cabo, como ya decía el filme evoca el cine de aventuras, como la citada Cuenta Conmigo.
No podemos olvidarnos de la gran estrella de la película, Kevin Bacon. El actor consigue por sí sólo elevar la película a la categoría de arte, con una interpretación que se sale de sus estándares habituales. Bacon clava a la perfección el personaje de policía de la Norteamérica profunda, que ha traspasado cualquiera barrera moral. Siguiendo el tono general del filme, apenas se nos explica algo del lío en el que se ha metido, pero la gestualidad del actor y su interpretación es suficiente para ocupar toda la pantalla. A pesar de que Kevin Bacon interpreta a un personaje oscuro, lo cierto es que el espectador no puede evitar cogerle cierta simpatía, puede que por su particular personalidad.

La película cuenta con numerosas secuencias dignas de ser destacadas. La ya primera citada es una gran introducción pero también podemos enumerar otras como el tiroteo final, perfectamente rodado (creando una tensión de primer nivel entre el espectador, como si el cineasta fuera un experto en rodar este tipo de películas) o las conversaciones entre el policía y los dos muchachos, al más puro estilo del gato y el ratón. Por cierto, no puedo acabar la crítica sin antes comentar que el filme tiene cierto tono general que inevitablemente recuerda a los filmes de los hermanos Coen, puede que por su humor negro tan característico o por la manera en como los filmes de los directores comparten una estetización de la violencia tan parecida.

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