Deathgasm (2015)

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Siguiendo los pasos de Peter Jackson, así es como podría titularse el debut cinematográfico del neozelandés, Jason lei Howden, quien precisamente ya había trabajado con su compatriota en algunas de sus películas como responsable de efectos especiales (por ejemplo en toda la Trilogía del Hobbit; así como en otras películas más honrosas) y que cuenta en este apartado con una interesante experiencia a pesar de su juventud. Al igual que Jackson, Jason Lei Howden inicia su andadura con una película gore que trata de convertirse en un homenaje a películas míticas de Serie B como Evil Dead (Posesión infernal, 1981) o Braindead (Braindead, tu madre se ha comido a mi perro, 1991). No es casual el guiño que aparece en cierto momento de la película, cuando uno de los personajes viste una camiseta de la mítica película de serie B, Bad taste (Mal gusto, 1987) una de las primeras películas de Peter Jackson. Curiosamente, en otra película homenaje a la serie B gore, como es Dead Snow (Zombis Nazis, 2009) también nos encontramos con el mismo tipo de homenaje a Braindead, tu madre se ha comido mi perro, utilizando el recurso de la camiseta, algo que explica en parte el fetichismo que tienen todos estos jóvenes directores por mostrar las referencias de las que beben en numerosos fotogramas.

Más en concreto, la película es también un homenaje a la música Metal, de la que seguramente el cineasta es un aficionado. Más que una película apta para todos los púbicos, en realidad el filme es un capricho vendido como filme de género. La historia es aparentemente simple, y los primeros compases de la película nos recuerdan a muchas películas de cine independiente tan en boga hoy en día (de hecho la presentación no tiene demasiadas diferencias con filmes como Juno y similares). Se nos presenta al protagonista principal, interpretado por Milo Cawthorne, un amante del Heavy Metal que llega a un pequeño pueblo Neozelandés por problemas familiares, siendo acogido en la casa de su tío. La descripción inicial del filme, a pesar de las singularidades del protagonista, no dista demasiado de la de otros filmes que tienen a protagonistas adolescentes en sus filas, y no se anticipa ni un poco el ultra gore del que será testigo el espectador más adelante.

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En el nuevo instituto, nuestro protagonista se hará amigo de un fanático como él de la música Metal, que le propondrá crear una banda de música junto a otros dos compañeros. Por si fuera poco, por una pirueta del destino acabará en sus manos una partitura extraña que no es ni más ni menos que una música capaz de invocar al diablo y propagar una plaga demoníaca por el pueblo…que evidentemente recuerda al guión de Posesión Infernal de Sam Raimi, donde en aquel caso el protagonista interpretado por Bruce Campbell leía por error un libro (para más señas, el Necronomicón de H.P Lovecraft) diabólico que liberaba unos espíritus malignos. En Deathgasm también se le une al embrollo fantasmal, además el subgénero Zombie, pues en realidad los “Espíritus” poseen a los habitantes del pueblo (obviamente todos secundarios) cual plaga zombie, sin que el guión delimite demasiado las reglas entre uno y otro. Así, la segunda mitad de la película será un delirio de violencia, sangre y toques de humor macabro. Lo canallesco y carnavalesco se unen en un tour de force que tiene el objetivo de provocar el mayor número de arcadas posibles en el espectador, mediante las muertes y acciones más horripilantes posibles. Funcionan algunas de ellas, fracasan otras.

En definitiva, la película es un simple entretenimiento, bastante bien dirigido y llevado por el director, que tiene muy claro quién es su público. Los toques de humor funcionan en ocasiones, el Gore es excesivo tal y como demanda el seguidor típico del género, los detalles escabrosos, eróticos y demás pulsiones instintivas son numerosas a lo largo del filme, y aún así la sensación final que da el filme es de convertirse en un mero pasatiempos prefabricado que no cambiará en nada al espectador. Un homenaje que no se siente igual de cercano que a las películas a las que constantemente hace referencia.

Aún así, hay que reconocer que los efectos especiales de la película están realmente conseguidos. A diferencia del ridículo que causaban muchas películas de las que precisamente Deathgasm homenajea (por obvios problemas presupuestarios), el filme de Howden acierta en todas sus propuestas, siendo su parte técnica una de las partes cruciales por las que el filme consigue transmitir auténtico pavor. Sin embargo, esto no quiere decir que el film renuncie a sus principios, sino todo lo contario. El maquillaje, los trucos…todo está hecho de una manera sumamente artesanal, que evoca a los filmes anteriormente comentados. Sólo que a diferencia de aquellos, Howden cuenta con una experiencia crucial. Aún así, aquella magia que se podía sentir en muchos fotogramas de Posesión Infernal sigue trasluciéndose en la película, o por lo menos en varios momentos de esta.

 

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