El Exorcista II: El hereje (1977)

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Exorcist II:  The Heretic (El Exorcista 2: El Hereje, 1977) se trata de la continuación cinematográfica de la mítica película que cuatro años antes había dirigido William Friedkin, The Exorcist (El Exorcista, 1973). Como es bien sabido, la primera de ellas adaptaba la novela que William Peter Blatty había escrito ese mismo año de 1973, basándose en las experiencias personales de un caso de exorcismo del que había oído hablar por mediado de un padre jesuita bastante tiempo atrás. La película fue un auténtico éxito de taquilla, lo que inevitablemente llevó a la Warner, la productora, a pensar que una secuela sería la guinda perfecta. Finalmente, tras barajar numerosos nombres (entre los que podemos destacar el de Stanley Kubrick) la continuación recayó en manos de John Boorman, cineasta de origen británico,  quien en aquel momento contaba con Deliverance (Defensa, 1972) en su haber, como acreditación para ser el cineasta indicado.

En todo caso, la película de Boorman reafirma el refrán popular de que segundas partes nunca fueron buenas. A pesar de obtener algunos beneficios comerciales (también hay que decir que la película tuvo un presupuesto gigantesco detrás), la película no tuvo una acogida favorable por la crítica e incluso el numeroso público que la fue a ver (siempre teniendo en cuenta que fueron menos espectadores en total que la primera) recibió entre risas el filme. De hecho, Friedkin y Blatty, los dos hacedores de la primera entrega, rehusaron rápidamente la participación en la película, lo que ya de por si resulta bastante significativo. El Exorcista II no cuenta con una historia tan potente detrás como la que entregaba Blatty en su primera obra, en parte por factores que veremos a continuación. El guión finalmente recayó en manos de William Goodhart, quien hizo un refrito entre la primera película y elementos que pretendían dar la vuelta al concepto de exorcismo que se había presentado en la obra original.

Y seguramente, todo lo comentado se lo debemos a que El Exorcista II: El Hereje, abandona el terror puro y duro que había caracterizado la película de Friedkin. Quien vea el filme esperando algo remotamente parecido a la película original (como fue el público que asistió a las salas en el 1977) quedará totalmente decepcionado. Más al contrario, la película de Boorman tira por otras temáticas y géneros, entre los que destacan el campo del Thiller y el cine de aventuras (aunque con un punto oscuro).

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La película arranca ya de una manera bastante sorprendente, con una secuencia que nos muestra al padre Philip Lamont (interpretado por Richard Burton) realizando un exorcismo en tierras del Perú. A pesar de que no es una gran secuencia, la película parece señalarnos el género de terror, parecido al de la película de Friedkin. Sin embargo, una vez transcurrida esta secuencia llegamos a la esencia real del filme. Nuestro protagonista, es ordenado por las instancias superiores eclesiásticas para que investigue el caso del asesinato del Padre Merrin (el exorcista de la película original, compañero de Karras), lo que lleva a que nuestro protagonista contacte con Regan (la que sufrió la posesión original, interpretada una vez más por Linda Blair), la niña que ahora se ha convertido en una adolescente con poderes telequinéticos.

La película tiene un guión ciertamente confuso, que la hace navegar por multitud de variantes inconclusas. El nudo del filme por ejemplo, tendrá muchísimo de película de aventuras y nos situará en la mismísima África. A pesar de que Boorman desarrolla secuencias que visualmente tienen mucho interés, la estética y el sentido general de la película se pierden entre narraciones que por su histrionismo y por los conceptos tan confusos que se emplean acaban por hacer desistir al público. Muchas veces, estos mismos conceptos se mueven entre el ridículo (la escena en la que nuestros protagonistas interactúan mediante un aparato interconector es una muestra de ello), al perder la simplicidad de la primera película (que tenía al mal en mayúsculas como principal protagonistas) y marear al espectador con debates metafísicos que si al menos estuvieran bien trabajados habrían conseguido algo, pero que al que tornarse tan burdos lo único que consiguen es una sonrisa de vergüenza en el espectador.

La resolución final es impropia de Boorman, y convierte la película en un mix de fantasías vulgares y aderezado con unos fuegos artificiales que hacen decaer el nivel del filme a cotas mínimas. Si por lo menos durante el inicio y el nudo el cineasta había conseguido mantener el interés en el espectador, con el desenlace se tira todo por la borda en pos de un espectáculo tan artificial como fallido.

Aún así hay que decir que El Exorcista II: El hereje no es el filme desastroso que algunos han intentando vender. Si bien las interpretaciones y el guión resultan fallidos, se pueden rescatar algunos elementos de interés, como la puesta en escena, la fotografía o la banda sonora. La música, por ejemplo, que compone el genio italiano Ennio Morricone, está prácticamente al nivel de la banda sonora de la película original, compuesta por Mike Oldfield. La fotografía y la estética del filme, es igualmente de lo más destacable, gracias al trabajo realizado en parte por William A. Fraker.

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