Jade (1995)

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Algunos acusan a Jade (Jade, 1995) de ser una copia de Basic Instinct (Instinto básico, 1992), filme realizado por Paul Verhoeven, tan sólo tres años antes. Y es cierto que las semejanzas entre ambas películas son más que notables, no en vano, ambas películas cuentan con el mismo guionista Joe Estherzas. Y es más que evidente, que el guión que escribió en su momento Estherzas para Instinto Básico (el más caro de la historia en su  momento) se vuelve a repetir en gran medida en Jade, pero hay un elemento que pocas veces se tiene en cuenta, y es que el director es ni más ni menos que William Friedkin (en su versión inspirada), algo que no es moco de pavo.

La película está producida por la Paramount Pictures, y el productor fue el célebre Robert Evans, uno de los más famosos y exitosos en la década de los años setenta (con películas como productor como Chinatown o Marathon Man) y que en la década de los años noventa ya se encontraba en plena decadencia (en parte por el exceso con las drogas). Injustamente la película recibió nominaciones a los premios Razzies (recordemos que fueron estos premios quienes nominaron en su momento a filmes como The Shinning de Stanley Kubrick) y pasó sin demasiadas incidencias por la taquilla.

La película se inicia con un asesinato terrible, y pronto empiezan las coincidencias con Instinto básico, al presentar una mujer fatal, interpretada por la bella Linda Florentino sobre la que recaen todas las sospechas. El personaje de Florentino maneja todos los hombres a su antojo, utilizando su cuerpo y sensualidad como un gancho irresistible para tenerlos dominados. Friedkin añade además numerosas secuencias subidas de tono en las que Linda Florentino  muestra todo su atractivo (y en las que Friedkin emplea también una excelente puesta en escena que acompaña perfectamente la construcción del personaje). Por otra parte, sí en la película de Verhoeven el asesinato se producía mediante un picahielos, en la película de Friedkin aparecen diferentes objetos que reciben un fetichismo especial (como la extraña hacha africana que es el arma del crimen o los pelos púbicos femeninos que coleccionaba la víctima). También, por supuesto, nos encontramos con una película clasificable como cine negro, que utiliza el suspense y los giros de guión (empleados hasta el mismísimo final de la película) como un recurso habitual. De hecho, la combinación entre cine negro y erotismo recuerda también al filme Body Heat (Fuego en el Cuerpo, 1981).

A destacar también que en Jade se recupera por momentos el mejor Friedkin, aquel que rodó The Exorcist (El Exorcista, 1973) y que pareció desaparecer después de realizar tan mítica película. Además, no sólo el Friedkin de El Exorcista, capaz de crear atmósferas terroríficas y de tensión (para más inri sólo hay que observar la secuencia de acción final, con la utilización de una fotografía azulada), sino también el que rodó The French Connection (The French Connection, 1971) con una puesta en escena capaz de mostrarnos numerosas secuencias de acción. Los ejemplos son numerosos. Para empezar, el cineasta emplea una puesta en escena que rompe con los filmes convencionales de suspense, y que se pone al mismo nivel creativo que el de Paul Verhoeven en el filme comentado anteriormente. Cuando Friedkin quiere mostrar la singularidad y extrañeza del personaje principal al enterarse del primer caso de asesinato, las cámaras nos muestran una gran cantidad de planos inusuales, que tratan de presentarnos el recorrido del personaje principal por el lugar del crimen, interpretado por David Caruso, como un viaje desagradable (en ese momento los planos no son regulares y pretenden mostrar el mismo desequilibrio mental del personaje al ver el cruel asesinato). Pero también podemos citar las numerosas persecuciones que recuerdan al Friedkin cineasta de obras de acción, especialmente con la gran persecución en coche que tiene lugar por las calles de San Francisco y que está perfectamente rodada, no aburriendo en ningún momento a pesar de su extensa duración. Por cierto, al igual que transcurría en El Exorcista, el cineasta también incluye algunas imágenes subliminales, que tienen el objetivo de descolocar al espectador.

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Donde falla en la película es precisamente cuando la obra se aleja de Friedkin y recae en Estherzas, que emplea un guión demasiado poco original y que en ocasiones utiliza demasiados recursos tramposos con la intención de despertar y mantener el interés en el espectador. Algunos personajes resultan demasiado histriónicos y se puede decir que la película también abusa de algunos tópicos, a pesar de que la técnica de Friedkin prevalece sabiendo maquillar estas incidencias.

Cabe destacar finalmente la banda sonora de la película, que compone el genial James Horner y que a pesar de no ser demasiado compleja crea un leimotiv constante (especialmente con el tema principal, que apenas son unas simples notas) y fácilmente reconocible, que además va en total consonancia con lo pedido por Friedkin, ayudando a crear una atmósfera totalmente inquietante cada vez que suena la citada melodía.

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