Brigada 21 (1951)

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Detective Story (Brigada 21, 1951) es una interesante película de cine negro (aunque resulta difícil de etiquetar, puesto que es  una pieza bastante singular dentro del género) dirigida por el célebre cineasta William Wyler. La película recibió numerosas nominaciones a los Oscars, entre las que se encuentran la de mejor película y mejor actor. La película adapta la obra teatral original de Sidney Kingsley.

El filme gira en torno a una investigación policial, aunque muy sui generis y alejada de los cánones convencionales, seguramente por la influencia de la obra original en la que se basa. Nuestro protagonista principal es un detective interpretado por Kirk Douglas, quien recibe un extraño caso sobre un doctor de origen europeo (¿Sombras del nazismo cada vez que vemos a ese extraño, frío y calculador doctor entrar en escena?) que parece haber realizado diversos abortos de manera ilegal. Nuestro protagonista irá tras su pista, aunque con dificultades. De hecho, que la película se trata de una rara avis nos lo demuestra que la película no se cierra de una manera habitual, sino que la investigación final queda en suspenso (en realidad sólo sirve para destapar un importante engranaje argumental). El final, será en realidad totalmente inesperado.

Brigada 21 está basada en una obra de teatro, y eso se nota claramente en la película. Para empezar, el filme transcurre prácticamente en el mismo escenario, la comisaría de policía (a excepción de un par de secuencias que transcurren en las afueras) donde además de la trama principal se van uniendo algunas subtramas al mismo tiempo que van entrando y saliendo algunos detenidos en la comisaría. Algunas de ellas serán totalmente relevantes, mientras que otras tendrán un papel secundario. Sin embargo, William Wyler consigue crear un dinamismo interesante, y la película no resulta tediosa en ningún momento, es más, el cineasta sabe aprovechar el efecto claustrofóbico de estas circunstancias.

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Es curioso como Brigada 21 parece anticipar debates que se repetirían en el futuro. De hecho la película recuerda (en su primera parte antes del giro final) al célebre filme de Don Siegel, Dirty Harry (Harry el Sucio, 1971), que se estrenaría veinte años más tarde, especialmente en la construcción del personaje principal y el discurso ideológico de este. En el filme de Wyler, el personaje principal que interpreta Kirk Douglas es un detective de policía que no tiene escrúpulos en utilizar la violencia y métodos sucios contra los delincuentes. Pero el filme va más allá de la violencia y sitúa la concepción ideológica de nuestro personaje en otra esfera. En numerosas ocasiones el personaje de Douglas arremete contra los criminales y su particular lucha contra una sociedad que él considera corrupta (en gran parte debido a traumas infantiles). Sus discursos no dejan de recordarnos los que años más tarde haría suyos el personaje de Clint Eastwood en Harry el Sucio. Aún así, las realidades de ambas películas son notables. Mientras que en la obra de Don Siegel había una cierta justificación de las acciones del personaje principal (lo que la llevó a ser acusada de reaccionaria) en la obra de Wyler es más bien al contrario. La visión general que se da del personaje que interpreta Kirk Douglas, en la primera parte de la película, es negativa, puesto que se muestra un personaje cruel, que no respeta ningún tipo de ley con tal de vengarse de su propio pasado, pero esto cambia en la segunda mitad. En este sentido, el final del filme es una especie de redención, puesto que el personaje acaba convertido en algo similar a un mártir.

Así pues se establece un interesante debate sobre la justicia y los límites de los que dispone el servicio policial. En contraposición al personaje de Douglas tendremos otros policías como el interpretado por William Bendix, que ofrecerá un contrapunto mucho más moderado, tratando de poner al personaje de Douglas en su sitio. La película muestra mediante los criminales que van entrando en la comisaría, la diversidad de delincuentes, desde los más peligrosos (que bordean la locura y que son irrecuperables para la sociedad) hasta los que simplemente han cometido un error y pueden aún enmendarse.

Una gran baza de la película de Wyler la encontramos en la interpretación de Kirk Douglas, quien hace un trabajo excepcional. En la primera parte del filme el actor borda a la perfección el papel de personaje cruel que tiene una única obsesión enfermiza. Pero luego, a medida que avanza la película, el actor sabe cambiar de rol, emocionando al espectador y consiguiendo su simpatía en el tramo final. El resto de personajes está también bien, como por ejemplo la mujer de nuestro protagonista interpretada por Eleanor Parker, pero realmente Douglas eclipsa al resto de estrellas.

La realidad del aborto aparece también en la película (con intento de censura en la versión española, aunque se puede entender igualmente), un tema polémico, aún más en su momento, evidentemente. El filme trata con delicadeza pero se hace eco de un tema que a pesar de ser tabú era también real.

 

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