Salvador (1986)

Salvador (1986) (1).jpg

Salvador (Salvador, 1986) supuso el debut del director Oliver Stone en el género político (así como también fue una de las primeras películas de resonancia del cineasta, puesto que anteriormente no había realizado ningún film de auténtico interés). Hasta entonces el director no se había atrevido a abordar un campo del que pronto se convertiría en un importante icono. Además en Salvador, se dan las características que luego le harían célebre, con una potente carga crítica contra la política exterior de los Estados Unidos.

James Woods es un reportero de guerra, con amplia trayectoria a sus espaldas, que en los primeros compases del filme se nos presenta como un personaje totalmente desubicado y al que incluso su mujer con su hijo le han abandonado. Desesperado, decide junto con un amigo suyo, interpretado por John Savage, realizar un viaje al más puro estilo Kerouac por Centroamérica. En realidad, el inicio del filme es realmente desalentador y demuestra la poca pericia que tenía Stone por aquel entonces. Primero no sabe contextualizar a la pareja protagonista, rozando el ridículo no sólo con la presentación de los personajes, sino también con el desarrollo y alistamiento en la aventura que resulta a todas luces forzada. En un par de escenas el guión pretende hacernos creer que nuestros protagonistas no tienen nada más que hacer que apuntarse en una aventura suicida y además el filme respalda esta idea con un montaje apresurado que nos muestra de manera confusa a nuestros dos protagonistas llegando a el Salvador sin que apenas hayan conducido durante más de un par de secuencias. De hecho, a lo largo del filme se demostrará el poco interés de la película por situar exactamente los hechos en el país exacto, sino que simplemente el filme da un marco general, como si todos los países centroamericanos y sudamericanos fueran totalmente iguales. Para más Inri, sólo hay que contemplar la secuencia final, donde sucede exactamente lo mismo que al inicio con el incidente en la frontera. Por otra parte, el protagonista interpretado por John Savage sobra totalmente en la película y apenas tiene un papel destacable en el desarrollo del filme.

Sin embargo, el filme se endereza a medida que transcurre el metraje. Una vez en El Salvador, nuestro reportero será testigo de excepción de la guerra civil. El desarrollo es el del clásico reportero que una vez dentro del país empieza a empaparse de la cultura local y finalmente tomar partido por una causa. Oliver Stone utiliza la película como una arma arrojadiza contra la política exterior norteamericana, que tantas veces ha actuado de manera despótica de México para abajo, imponiendo y derrocando gobiernos a su antojo. James Woods interpreta a una especie de Robert Kapa, que pasa de la inanidad a la pasión. Aún así, Stone, que en aquellos momentos no tenía un crédito como el que tiene ahora (donde puede actuar más libremente) se ve obligado hacía el final del filme a introducir una escena en la que equipara la revolución popular con el régimen dictatorial. La idea podría haber tenido su lógica, pero el problema es que Stone la introduce tan de golpe que el espectador no puede dejar de sentir que en realidad este cambio se debe más a una autocensura que a un auténtico pensamiento real. De hecho, en este sentido sólo hay que ver las últimas películas y documentales de Oliver Stone para comprobar la pequeña autocensura que se impuso en su momento.

Es fácil adivinar que el personaje que interpreta James Woods tiene gran parte de alter ego del propio cineasta, más viendo en retrospectiva la carrera del director. El momento más claro en que vemos este desdoblamiento es en la secuencia en la que James Woods realiza un discurso ante sus compatriotas militares que pretenden iniciar “un nuevo Vietnam”. Ahí vemos el debate contemporáneo que muchos intelectuales norteamericanos comparten y que el cineasta ha sabido sintetizar tan bien, y es que se puede compartir la nacionalidad americana y a la vez estar en contra de su política exterior.

images.jpg

Salvador es una película llena de contrastes. Si hemos comentado ya que la primera parte de la película es confusa y está compuesta de secuencias bochornosas, en la segunda mitad del filme Stone presenta algunas secuencias realmente brillantes. Por ejemplo, la secuencia de la prisión donde se nos muestra con todo el horror la manera de actuar de la gente que no considera o da importancia a la vida, rodada cámara en mano es capaz de transmitir una realidad horrible y apabullante. De igual manera están rodadas las secuencias donde hay acción,  como la espectacular parte final donde se plasma la batalla entre las milicias y el ejército del gobierno. Seguramente una secuencia totalmente irreal (los periodistas se meten totalmente en la batalla y no tienen reparos en pasar de una trinchera a otra) pero realmente espectacular.

This entry was posted in Análisis Fílmico, Cine, Uncategorized and tagged , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s