The House on Pine Street (2015)

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The House on Pine Street (The House on Pine Street, 2015) se trata de una de las prototípicas películas realizadas en esta nueva hornada de terror que parecen mostrar cierta revitalización en un género que empieza a levantarse de la decadencia general en la que se hallaba desde mediados de la década de los años ochenta. Y como no podía ser de otra manera, el filme no proviene de una gran compañía, sino que se trata de un proyecto independiente, dirigido por los hermanos Aaron y Austin Keeling.

La película presenta un interesante argumento que en realidad no destaca en exceso, precisamente por estar relacionado y visto en multitud de otros filmes de género. En esta ocasión  las casas encantas, un clásico entre los clásicos, será el marco argumental del filme. No destaca la película por aportar ningún elemento original en este sentido, sino que simplemente se dedica a recoger parte de los grandes mitos en un cóctel que mezcla numerosas películas, eso sí, en general con bastante acierto. No es de extrañar que viendo el filme al espectador se le vengan a la memoria numerosas obras maestras del género.

La película nos presenta a una pareja joven, y además la mujer, absoluta protagonista del filme, está esperando a un hijo. Por motivos profesionales se trasladan a una nueva población, un pequeño pueblo, típicamente norteamericano, donde han adquirido una casa antigua. La película rápidamente desvela su argumento: La casa parece encantada y nuestra protagonista principal tendrá que enfrentarse con lo que parece un espíritu demoníaco que pretende hacer la vida imposible a la familia. Realmente, la gracia de la película no está en el argumento, que como vemos resulta bastante simple y que no evolucionará de manera sorprendente en ningún momento del metraje, sino en la estrategia que tiene el filme para asustar tanto a la protagonista como al espectador. Además, el marco de casas encantadas no se desarrolla con demasiadas novedades, sino que se tira por los caminos más tópicos. Básicamente, el desarrollo consiste en una escalada de tensión que pretende finalizar con un potente clímax. Aunque en realidad, cuando mejor funciona el filme es cuando desarrolla los primeros compases e introduce el misterio, puesto que el final de la película es más bien decepcionante.

El protagonismo absoluto del filme recae sobre Emily Goss, una intérprete joven (a pesar de que en el filme interpreta un personaje un poco más mayor) que hasta el momento no había realizado ningún papel destacable, y que sin embargo cumple perfectamente las múltiples exigencias que se le pide para el papel. La película esconde numerosas reflexiones detrás del personaje y la relación que tiene con su novio, Luke (interpretado por Taylor Bottes). Para empezar, nuestra protagonista está sometida psicológicamente a numerosas presiones, lo que el filme utilizará para explotar la imagen de una mujer femenina atacada totalmente por los nervios, que a la vez nos puede evocar películas como Rosemary’s Baby (La semilla del Diablo, 1968). En la célebre película de Polanski Mia Farrow nos presentaba un personaje dominado completamente por las circunstancias y que se encontraba  además totalmente sola delante de los peligros.  En el filme que nos atañe nuestra protagonista debe enfrentarse sola ante un fantasma peligroso, un marido irresponsable y un embarazo que parece alargarse hasta el infinito. La película juega de manera consciente con la aparente fragilidad de nuestra protagonista e incluso se puede decir que la primera parte del filme es una tortura continua hacia el personaje principal, lo que sirve como combustible durante gran parte del metraje. Aún así, y a diferencia del filme de Polanski, nuestra heroína tratará de sacar fuerzas de flaqueza y encarar las numerosas amenazas que se ciernen sobre su vida, encarnando en ese momento un rol femenino bastante interesante, puesto que a pesar de su aparente fragilidad decide no cruzarse de brazos.

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La grandeza de la película radica en la sencillez con la que consigue sus objetivos, con un savoir faire que recuerda las mejores películas de terror. La puesta en escena sigue la estela de las últimas películas de James Wan en Insidious, jugando especialmente con los efectos teatrales de luz y sombra, con subidas de volumen y sobre todo, con el dentro y fuera de campo. Gran parte de la película utiliza este último recurso cuando nuestra protagonista aparece encuadrada por la cámara, y en el fondo o en fuera de campo se sobreentiende que la presencia fantasmal está cerca, consiguiendo efectos realmente interesantes a pesar de la sencillez con la que cuentan los dos directores.

En definitiva, The House on Pine Street es una película que no inventa nada, sino que al contrario, se pueden rastrear sus múltiples influencias. Sin embargo, para tratarse de una ópera prima la película es una buena carta de presentación y se espera bastante de estos dos directores que con un mayor presupuesto, y sobre todo, un mejor guión, pueden ser capaces en el futuro de alcanzar grandes cotas en el género.

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