Bor (Ladrón, 1997)

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Bor (El Ladrón, 1997) fue un condecorado filme ruso realizado en la década de los años noventa,  que es además es la obra más conocida de Pavel Chukhray, quien a su vez es el hijo de Grigory Chukhray, un prominente director y guionista soviético. El filme consiguió la nominación a mejor película de habla no inglesa en los premios Oscar y en los globos de oro. La película sirve bastante bien para definir más que la época en la que se inscribe su argumento, la que engloba el momento de realización del filme.

La película se ambienta justo después de la segunda guerra mundial, a inicios de la década de los años cincuenta. Nuestro protagonista principal es un joven muchacho (interpretado por Misha Filipchuk) quien ha perdido a su padre y se encuentra sólo con su madre, en mundo que prontamente se revela como cruel e inhóspito. Su madre, interpretada por Yekaterina Rednikova, se enamora durante un viaje en tren de un soldado violento y ciertamente sospechoso, interpretado por Vladimir Mashkov, quien rápidamente se convierte en una especie de substituto paterno para nuestro joven protagonista.

Las primeras sensaciones que da la película se irán amplificando a medida que avance el metraje. Bor es una película demoledora, como lo son prácticamente todas las grandes películas rusas que se ruedan en la década de los años noventa, después de que se disgregara la Unión Soviética y el país se sumiera en una crisis total. Es importante entender esto, porque a pesar de que la película está ambientada en una época histórica, en realidad proyecta su propia realidad a un momento, que aunque es similar en cuanto a condiciones histórico-sociales, no es exactamente el mismo que relata el filme. Más que la Rusia de Stalin, lo que el filme representa es la propia Rusia de los años noventa, aunque eso sí, el filme utiliza inteligentemente algunos elementos de la década de los años cincuenta, como la figura de Stalin que aparece como un determinado símbolo.

Todo parece ir más o menos bien en los primeros compases, aunque en realidad el substituto paterno se desvela como un personaje violento, una autoridad que psicológicamente tiene mucho jugo y que incluso se puede relacionar con el propio Stalin, como además parece indicar posteriormente el filme cuando nos muestra este personaje que lo tiene tatuado en su propio cuerpo. Finalmente, la auténtica cara de este personaje saldrá a la luz, revelándose como un ladrón, que simplemente finge ser soldado para poder ganarse la confianza de los demás personajes y así podar robar de manera placentera.

Como decimos, la película proyecta ese mundo deprimente que apareció en los años noventa. Los protagonistas se ven obligados a robar para mantener un nivel de vida aceptable. El tono general del filme es un de pesimismo brutal, y las escenas cómicas, que apenas encontramos en el filme, vienen más de saber llevar la pobreza que no por otra vía.

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La película, además de la descripción que realiza sobre dicho ambiente, también propone diversos debates morales, como el del propio robo ya comentado. La madre, un personaje que aparentemente no tiene tanta enjundia como el padre o el hijo, en realidad cumple una interesante función dentro de la película. Primero, como una apasionada enamorada de su hombre, cegada totalmente por el amor e incluso permitiendo que su hijo sufra malos tratos por parte de su pareja. Sin embargo su evolución resulta interesante, porque tratará de reaccionar ante esta relación totalmente tóxica, aunque ya sea demasiado tarde para reaccionar. En parte le empuja el deseo de que su hijo no se convierta en otro personaje nocivo como su amante, lo que puede leerse como un mensaje de preocupación por las nuevas generaciones, contemporáneas a la película. Por otra parte tenemos al protagonista principal, el joven muchacho, que es el reflejo de la inocencia y como esta se puede corromper por el entorno en el que le toca madurar.

La película utiliza una poética Voz en off, que relata la historia una vez terminada desde el punto de vista del protagonista pero una vez este es ya adulto, viendo la historia con retrospectiva. Es en realidad un recurso que utiliza el filme para dar cohesión a la historia e hilarla, pero también para darle un toque más pretencioso y como ya hemos dicho, poético, al filme.

En los aspectos técnicos hay que destacar  una fotografía que se sintetiza con el trasfondo dramático de la película. En cuanto a la puesta en escena, el director prefiere utilizarla siempre teniendo en cuenta las prioridades dramáticas y aceptando el papel predominante de la historia, aunque también el cineasta es capaz de desarrollar escenas de interés cinematográfico cuando el filme lo exige, como esa secuencia en la que el muchacho corre detrás de su “Padre” y que consigue ser el clímax en definitivo del filme (puesto que lo demás será un bello epílogo).

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