Ave, César (2016)

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Vuelven los hermanos Coen, en esta ocasión con una película llena de contrastes, Hail Caesar! (Ave, César, 2016), que nos evoca a las mejores películas de los directores, pero también tiene momentos auténticamente vergonzantes e impropios de su filmografía. Eso sí, es una película arriesgada, con lo que se pone por delante de los filmes más tibios e impersonales de los dos hermanos, como Intolerable Cruelty (Crueldad intolerable, 2003).

Se nota también, que ambos directores se lo pasaron genial rodando el filme, pues no en vano, tocan uno de los temas favoritos de cualquier cineasta, como es el propio cine. En efecto, Ave César! Es una película que combina perfectamente la ficción con el elemento metacinematográfico. La película se enmarca en los años cincuenta, durante la guerra fría y en el ocaso de los grandes estudios, cuando estos se dedicaban a realizar grandes filmes de espectáculos para contrarrestar los efectos de la incipiente televisión.

La película sigue los pasos de Eddie Manix, quien es interpretado por Josh Brolin. Mannix es un “Arregla-problemas” de la compañía Capitol Pictures, y a pesar de que la figura de Mannix está parcialmente basada en el personaje homónimo, lo cierto es que los directores idealizan totalmente su trabajo, convirtiéndolo en una película de cine negro al más puro estilo de Chinatown (Chinatown, 1974). Por ejemplo, la primera secuencia, con la propia voz en off del personaje, que nos lo presenta realizando su primer trabajo, proteger a una estrella cinematográfico para que no incumpla los derechos fotográficos. A pesar de que en realidad lo que nos muestra no es nada espectacular, los cineastas le dan un halo mistérico a la acción, convirtiendo la escena en puro cine negro. Este registro se repetirá en cada ocasión en la que se nos presente al personaje de Brolin siguiendo la investigación principal, que más adelante comentaremos. Pero es curioso ver, como prácticamente todos los géneros importantes que existían en el cine de los años 50 son homenajeados por los cineastas y el principal, el cine negro, es contado desde la óptica principal.

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En teoría, el guión nos presenta un extraño caso de secuestro, cuando el personaje que interpreta George Clooney, uno de los más célebres actores de Hollywod (quien en el momento del secuestro está rodando un Péplum al estilo de los de Cecil B. deMille) desaparece misteriosamente. Pero en la práctica, a los hermanos Coen les importa un pimiento desarrollar esta trama, con lo que nos podría causar una falsa impresión leer el argumento y pensar que nos encontramos ante un thriller convencional. Lo cierto, es que la desidia de los cineastas es tan palpable en este aspecto, que el resultado es totalmente decepcionante en cuanto a la resolución de la trama.

En realidad los intereses de los dos cineastas van en una dirección opuesta. El personaje de Eddie Manix es utilizado para contarnos todos los entresijos de los rodajes cinematográficos de entonces, así como para homenajear a los diversos géneros. El filme tratará todos los clichés sobre el cine clásico, con la típica pátina Coeniana, bastante acertada en los momentos en los que tiene que desgranar estas vicisitudes. Por ejemplo, el Stagie musical resulta complejo y bien elaborado (excelente interpretación en este número de Channing Tatum), trayéndonos recuerdos sobre el género, o el inteligente contraste entre la secuencia de la piscina que evoca a los filmes míticos de Esther Williams y la auténtica cara oculta de la actriz (en la película, la estrella es interpretada por Scarlett Johansson) o la vida íntima de los actores y sus problemas personales.

Sin embargo, la resolución es demasiado atropellada y la inclusión del debate político es absolutamente estúpida. Es cierto que por aquellos tiempos habían escritores relacionados con el socialismo, como el gran guionista Dalton Trumbo, sin embargo el filme no sabe muy bien cómo dirigir el asunto, y en este caso la parodia no es ni divertida ni ilustrativa. La secuencia del submarino es más que significativa, puesto que es en la que los cineastas tratan de cerrar frustradamente la trama, claramente sin éxito.

Estéticamente la película es resultona y agradable, en especial cuando se sintetiza con los diversos tipos de filmes. La secuencias musicales, las Stagies, el Peplum…En general son momentos conseguidos.  Por otra parte, a pesar de que no es el mejor trabajo de Carter Burwell, el compositor crea temas interesantes que compenetran con el tema del filme y que saben adaptarse a los temas tan variados que tocan los hermanos, desde el número musical hasta el acompañamiento musical de los guionistas.

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