El Nuevo Nuevo Testamento (2015)

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Aspirante a Jean Pierre Jeunet no es un buen elogio, y a eso es precisamente a lo máximo que aspira la última película del belga Jaco Van Dormael, a convertirse en una película que sigue el rebufo de las más icónica película del cineasta francés, Le fabuleux destin d’Amélie Poulain  (Amèlie, 2001) pero además, sin conseguir  las virtudes de Jeunet en su filme, convirtiéndose en una mera imitación. Aún así la película ha recibido numerosas nominaciones (seguramente porque si algo tiene el filme es que consigue despertar la curiosidad y simplemente leyendo la sinopsis nos damos cuenta) pero sin conseguir ningún premio gordo en los festivales importantes.

Quizá la premisa podría haberse aprovechado en otras manos, porque es realmente interesante, pero Dormael, que ya era conocido por sus sobrados excesos, la convierte en una bufa disparatada sin pretensión final moralizante, un cuento postmoderno vamos, que acaba  por convertirse en una simple pataleta con ínfulas intelectuales. Según el argumento de la película (el guión lo escriben a pachas Dormael junto a Thomas Gunzig) , Dios existe, pero no es como nos lo ha contado la historia, sino que en realidad es un viejo cascarrabias que se dedica a humillar a las personas a las que da la vida, escribiendo sus vidas desde un ordenador portátil. No vive sólo, sino con su mujer e hija, esta última llamada en Nea, en lo que parece un apartamento contemporáneo.

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Bien, la premisa hasta aquí ya puede resultar de lo más chocante, pero lo cierto es que el filme no aprovecha bien sus posibilidades, dando a enseñar (y tratando de desarrollar) la clásica pregunta que viene preguntándose desde tiempos inmemoriales por los filósofos, ya de la escolástica primitiva,  desde San Agustín, esta es: Si Dios Existe, y él es todo luz, ¿Por qué existen las cosas malas? ¿Por qué muere gente inocente y las personas malvadas gobiernan la tierra? Preguntas simplificadas pero que el citado filosofo ya respondió en su momento (siguiendo la mentalidad de la época, claro está) y que la película se dedica a evitar contestar en todo momento (como mucho podríamos decir que se dedica a dar simulacros de respuesta). Por el contrario, y al igual que hacía Jeunet con Amelie, Dormael se dedica a convertir a Dios en un personaje cómico y estridente, que si enfurece a algún creyente no es más por la susceptibilidad de este (ya sabemos que los colectivos religiosos destacan precisamente por  no tener una piel fina en cuanto se parodia su credo) que por la auténtica carga crítica real que contenga la película. Porque la respuesta del cineasta en definitiva es la fácil, la que no exige una respuesta intelectual por parte del espectador, sino que se lo da todo masticado.

Pero la hija de Dios se acabará enfadando con su propio padre por problemas domésticos, así que la hija decide escaparse de casa, pasando del “Cielo” a la tierra. Pero además, para enfurecer aún más a su padre, desvelará a todos los habitantes de la tierra el tiempo de vida que les queda. Más allá de que otra vez el espectador de la película tenga que asistir a una prueba de fe (y nunca mejor dicho) para creerse el argumento, la película vuelve a desaprovechar una oportunidad dorada para desarrollar una película más compleja, para volver a tirar por la vía fácil. A la pregunta: ¿Qué haríamos si supiéramos que nos queda poco tiempo de vida? La película no se dedica a elaborar una hipótesis razonable, sino que registra la vida de la hija de Dios en la Tierra como una niña más que pasea por Bruselas y que se dedica a realizar entrevistas a los más estrafalarios personajes, con tal de conseguir un Nuevo Nuevo testamento (que tampoco se específica que diablo es). Estos apenas quedan consternados por lo que se les ha revelado, sino que simplemente se dedican a relatar sus vidas a la joven, con lo que la película se dedica a enlazar pesados flashbacks uno detrás de otro, sin que exista una continuidad realmente inteligente entre ellos. Como sucedía en la película de Jeunet, nos encontramos con una cargante voz en off (la de la niña) que nos relata todo lo que acontece, pero siempre con un tono cercano a la fantasía, o por lo menos con pequeños retazos de irrealidad que acaba por saturar al espectador que no se deja amilanar por la melosidad soporífera que exhibe la película.

Continuamente el filme da muestras de esquizofrenia, tratando de llamar la atención del espectador de la manera más barriobajera posible. Así pues, el cineasta no tiene reparos en mezclar chorradas tan variadas como: El Coito entre una mujer y un orangután, los paseos de Dios por una Bruselas contemporánea al mismo tiempo que recibe palizas de grupos de ultra derecha, una niña que supuestamente es la hija de Dios y que resulta no ser más que una plomífera niña de 10 años. Las tácticas de Dormael no son nuevas, y esos de aires D´enfant terrible son exactamente los mismos que utilizaba Jeunet en su momento, y que fin y al cabo resultan tan inofensivos (puesto que la película no deja de ser un capricho intrascendente que se olvida igual de fácil que se ve).

 

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