Calígula (1971)

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La Figura del emperador Calígula (37-41 D.C) ha suscitado opiniones contradictorias y ha acostumbrado a ser fuente de polémicas. La Historiografía, que no es demasiado extensa sobre sus acciones, no ha sido benevolente con el emperador, sino todo lo contrario, los historiadores de la antigüedad como Dión Casio o Suetonio afirman que Calígula era un demente cuyos excesos son incontables y cuyas anécdotas dan para rellenar cantidad de pergaminos (una de las más sonadas por ejemplo, es que llegó a hacer Cónsul a su caballo, Incitatus). Puede que Calígula fuera realmente un loco, o puede que su estilo de gobierno, cercano al absolutismo helenista fuera lo que causara la crítica de los historiadores, pero lo cierto es que su imagen da juego en el ámbito de las artes. En el cine, podemos contar con algunas películas que versan sobre su figura, seguramente la más famosa de todas ellas es la que dirigió Tinto Brass en el 1979, Calígula (Calígula, 1979) que fue producida por la revista pornográfica Penthouse y que más que diseccionar la psicología del emperador era en realidad una excusa para mostrar en pantalla todo tipo de excesos sexuales y violentos (Una mezcla de Eros y Tanatos que además fue manipulada por el productor en detrimento de la versión original de Brass, más intelectual y que además contaba con un guión original de Gore Vidal). Pero también podemos contar con la versión española, que dirigió Jaime Azpilicueta, Calígula (Calígula, 1971) y que en realidad se basa en la versión teatral que escribió el autor francés Albert Camus en la década de los años  treinta y cuarenta.

La versión de Azpilicueta se trata del contraste total de la película de Tinto Brass, y a pesar de que ambas películas tratan la misma figura, la versión española, siguiendo la obra de Camus, se centra en la psicología de los personajes y evita los momentos morbosos, que en realidad no aparecen en ningún momento del filme. La obra se trata de una producción de TVE, que desde el 1965 había empezado a rodar una serie sobre obras teatrales (la serie se llamaba Estudio 1). Así pues, Calígula es una pieza teatral filmada, aunque Azpilicueta no deja la cámara estática y la puesta en escena tiene una presencia considerable, así que no se puede decir que nos encontremos simplemente ante una obra filmada. El guión, del propio Azpilicueta, sigue fielmente la obra de Camus.

Y precisamente, siguiendo a Camus, la imagen que se nos da de Calígula es muy concreta. La película empieza con un Calígula desolado por la muerte de su hermana Drusila. Este hecho le deja totalmente trastocado, y de hecho le hace cambiar totalmente la personalidad, convirtiéndolo en un tirano (aunque resumir su repentino cambio de manera tan simple es una indiscreción absoluta).

El Nihilismo aparece desmenuzado y diseccionado de la mano de Camus, quien se encarga de dar su visión personal del emperador, y más que convertirlo en un loco, lo llena de todos los problemas y problemas existenciales del ser contemporáneo, elevándolos al máximo (hasta la insoportabilidad del ser).  Calígula es un ser despreciable, cierto, pero no lo es porque simplemente se dedique a liquidar senadores por mero placer o incluso por intereses políticos, sino que lo hace por el hastío a la vida, que lo consume terriblemente por dentro. Por este motivo, Camus se hace suyo a Calígula, convirtiéndolo en parte en un alter ego del ser contemporáneo (pero en una situación extraordinaria, como es la de ser emperador del reino más grande de la antigüedad). En este sentido, el espectador puede incluso entender y empatizar en parte con el propio tirano, al sentir cercanos los discursos que realiza (y que Rodero declama tan perfectamente).

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Calígula, el ser contemporáneo, no le encuentra sentido a la vida. Y su manera de resolver la situación se liga con el poder del que dispone como emperador. Pero a la vez, esto le añade aún más impotencia, puesto que aún siendo el hombre más importante de Roma, es incapaz de solucionar los grandes temas que preocupan al hombre desde el origen de la filosofía. Los monólogos de Calígula son de lo mejor de la obra, y es donde Camus consigue concentrar mejor su carga filosófica. Pero también Azpilicueta explota de manera bastante efectiva la relación del emperador con los senadores, elaborando relaciones personales con mucha miga, entre las que destaca la relación entre Calígula y Flavio o Quereas.

Con decorados modestos, cierto, pero con un elenco en estado de gracia y una fuerza impresionante, la pieza se convierte en una de las joyas icónicas de Estudio 1. Además, uno de los puntos más positivos del filme lo encontramos en la interpretación de José Maria Rodero, quien interpreta magníficamente el papel principal de Calígula

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