Barton Fink (1991)

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Barton Fink  (Barton Fink, 1991) se trata de una de las películas más singulares e icónicas de los Hermanos Coen. Justo después de que ambos realizaran Miller’s Crossing (Muerte entre las flores, 1990), los cineastas tomaron un rumbo bastante más complejo, pasando de crear una película mucho más accesible para todos los públicos, a una obra como Barton Fink, que sin duda se trata de película mucho más enrevesada, y que resulta fácilmente irritable para los que no amen a los hermanos Coen, puesto que en realidad, el filme alarga las características de ambos cineastas y las amplifica al máximo.

La película, como no podría ser de otra manera,  se relaciona intensamente con elementos biográficos de los propios Coen, y por eso el protagonista es un guionista judío (interpretado por uno de los actores fetiche de los Coen, John Turturro) que se instala en Hollywood al ser contratado por una productora de la industria cinematográfica para escribir guiones para el cine. Eso sí, el filme no está ambientado en una época contemporánea, sino entre finales de los años treinta e inicios de los años 40. Aunque esto tampoco es algo realmente excepcional, puesto que los Coen son dados en su filmografía a repasar episodios históricos del S.XX. Turturro, interpreta a un personaje que en realidad es dramaturgo, y que se traslada a Hollywood para escribir el guión de una película. Pero Hollywood no nos es mostrada por los dos cineastas como un paraíso del séptimo arte, sino más bien como un lugar árido e incomodo para un intelectual como el que interpreta Turturro. En el motel donde residirá durante todo el metraje se encuentra con un vendedor de seguros, interpretado por John Goodman, con el que pronto hará amistad.

Hay que advertir que la película no desarrollará un argumento convencional, incluso para los que ya estén acostumbrados a los filmes de los hermanos Coen. En Barton Fink no hay una ruta demasiado clara, y sólo podemos extraer la conclusión de que existe un inicio y un final delimitado y bien señalizado. El resto, se trata de una serie de desdichas, las mayorías itinerantes y traídas por el azar, que se cruzarán en medio de nuestro protagonista y que aparentemente parecen impedir que este sea capaz de adaptarse a la nueva ciudad. Este elemento de azar ha inducido a muchos espectadores y críticos afirmar que la película no tiene ninguna conclusión lógica (Aunque esto tampoco es nuevo, puesto que al discurso de los hermanos Coen no puede pedírsele unos resultados que se basen en simplemente contar un relato). Lo cierto es que Barton Fink es una de las películas más abstractas de los Coen, que se dedican más que a narrar, a describir (personajes y ambientes). Y por supuesto, mientras se dedican a dibujar un paisaje de diversas temáticas (el intelectualismo proletario judío, el absurdo del mundo moderno, los entresijos de Hollywood) introducen su característico humor, que siempre borda la locura.

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Una de las secuencias más geniales resume también la idiosincrasia de la película y por extensión la de los Coen. La encontramos en el preciso momento en que nuestro protagonista entra por primera vez al que será su hotel y su residencia durante toda la película. Los Coen no ruedan esta secuencia de una manera accidental y convencional, sino que preparan muy bien los tempos, creando y sacando de lo que parece una simple anécdota una escena que en realidad resume el discurso irónico de los Coen (con el alargamiento de ese sonido del timbre del hotel). No podía faltar Steve Buscemi, un clásico en la obra de los Coen, quien interpreta el breve papel de recepcionista.

En cuanto a los temas tratados por la película, cabe apuntar que la película se desenvuelve con efectividad en los temas referentes al mundo de Hollywood, aunque para ello el guión no se diversifica en variadas secuencias, sino que se centra básicamente en elementos determinados. Básicamente, la película tira por dos vías, una que está ligada con el director de los estudios, interpretado por Michael Erner, y la otra con la relación que se establece entre nuestro protagonista y la esposa de un célebre escritor, interpretada por Judy Davis.

La película, con su estilo, anticipa la que se iba a convertir en la más icónica de las películas de los hermanos Coen, The Big Lebowski (El Gran Lebowski, 1998), una obra que al igual que Barton Fink abarca una estructura poco clara, que se deja influir por numerosos elementos a cada cual más surrealista, y que son los que van elaborando el sentido narrativo (o más bien dicho, de progresión). Pero aún con todo, Barton Fink es una película aún más reposada, más intelectual y menos instintiva que su predecesora. Más que desde las entrañas, Barton Fink está hecha desde esa glándula que sólo existe en el cerebro de los dos hermanos Coen y en la que se encuentra ese sentido del humor tan característico.

 

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