Giordano Bruno (1973)

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Giordano Bruno (Giordano Bruno, 1971) se trata de uno de los  más célebres Biopics, sobre el filósofo Giordano Bruno, quien fue ejecutado por la inquisición (junto a Copérnico, una de las muertes más sonadas que se produjo durante esta época). Seguramente se trata de una de las películas más importantes del director italiano Giuliano Montaldo, junto a otra película suya (también con un fondo contestatario muy parecido, pues en dicha película el director también defendía mediante una trama judicial a dos personas inocentes, que además fueron condenadas injustamente a muerte) como fue Sacco e Vanzetti (Sacco e Vanzetti, 1971). Además hemos de tener en cuenta que la película está estrenada en una época convulsa como fue la década de los años setenta, donde los cadáveres que se habían guardado en Italia tras la segunda guerra mundial empezaban ya a oler mal. Incluso aún en el Siglo XX, no hemos de menospreciar la importancia de los países Vaticanos como mediador de la diplomacia internacional, con lo que la película jugó una baza importante.

Por otra parte, no podemos decir que la película es exactamente un Biopic, porque el guión del filme (escrito entre el propio director Giulio Montaldo y Lucio De Caro) no se centra en la vida y milagros de Giordano Bruno, sino que lo hace específicamente en una parte concreta de la vida del autor, la más dramática y célebre de todas, como es evidente, su trágico final ante la inquisición. Y de hecho, estas limitaciones le pasan factura a la película. Reducir los hechos de Giordano Bruno a un simple drama judicial (con muchas pinceladas interesantes de por medio, eso sí) es realmente insatisfactorio, puesto que el personaje daba mucho más de sí. En este sentido podemos decir que la película claudica un poco ante el medio hollywoodiense, tan proclive a este tipo de espectáculos judiciales.

Lo que si retrata bastante bien el filme son dos aspectos. Primero, el sistema judicial del momento, con el método inquisitorial a la cabeza, que implica de manera turbulenta a nuestro protagonista,  Giordano Bruno. El filme podría haber exagerado el proceso, pero en realidad todo sucede con tranquilidad. Incluso cuando están leyendo la sentencia final de nuestro protagonista, la secuencia está rodada con una siniestra calma. La película podría haber optado por un tono más estridente, que además iría en consonancia con la manera en como el cine acostumbra a enfocar los tribunales inquisitoriales o más ampliamente el Siglo XVI (que para la mayoría de películas es igual que el XV, XIV y anteriores, un lugar oscuro y siniestro). Por ejemplo, nos encontramos con una secuencia de tortura, en efecto, pero es realmente comedida y el cineasta no cae en los excesos de la sangre. De hecho, hay una secuencia en este sentido que es realmente inquietante, cuando uno de los presos que está encarcelado junto a Bruno es cogido por la inquisición para llevarlo ante su ejecución. El hombre empieza a gritar desconsolado, en comparación con la comitiva ejecutiva que lo acompaña, que simplemente se dedica en procesión a leer en voz alta la liturgia, con un parsimonia sorprendente. El director deshumaniza precisamente a la inquisición por sus métodos robóticos que no tienen ningún tipo de clemencia. El propio Bruno mira hacia el infinito desconsolado y se pregunta quién es capaz de juzgar la muerte de un ser humano exceptuando al propio Dios.

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Por otra parte, otro gran acierto lo encontramos en los diálogos de la película, que emplean adecuadamente numeroso material que se encuentra en las obras del propio Bruno y que en realidad comprimen el peso central de su obra, recopilando numerosos de los problemas filosóficos que plantea el autor (el politeísmo de la religión cristiana, la teoría de que es la tierra la que gira alrededor del sol y no al revés, la crueldad de los métodos religiosos).

Gian Maria Volontè interpreta el papel principal, y hay que decir que cumple sobradamente con lo que se le exige. Es verdad que como algunos han apuntando su interpretación ralla en ocasiones la sobre actuación, pero también es cierto que el actor le imprime una personalidad considerable. El papel queda especialmente magnificado en las secuencias en las que Bruno defiende sus teorías ante el tribunal de la inquisición, que tienen un punch considerable.

La ambientación del filme es más que correcta y consigue transmitir una atmósfera bastante veraz del siglo XVI. Ayuda sobre manera que la película utiliza inteligentemente bastantes localizaciones históricas (ventajas de rodar en casa). La música está compuesta por el incombustible Ennio Morricone, quien en esta ocasión se encarga de componer una partitura que no destaca tanto por momentos puntuales, sino por dotar de cohesión al eje principal del filme.

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