Nebraska (2013)

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Después del  reconocimiento que cosechó The Descendants (Los Descendientes, 2011), el director Alexander Payne se envolvió en un proyecto mucho más personal, alejado de las grandes estrellas de Hollywood como George Clooney y mediante una sorprendente fotografía en blanco y negro, con Nebraska (Nebraska, 2013), que contó con guión de Bob Nelson. El filme fue coreado en numerosos festivales y sirvió para cimentar la fama del propio Payne.

El guión cuenta una historia totalmente intimista, aunque en realidad dentro de su simpleza alberga algunas metáforas sobre la vida real bastante interesantes. La película se centra en el personaje que interpreta Bruce Dern, un hombre ya mayor que un buen día se dirige a pie hacia Nebraska pensando absurdamente que ha ganado un millón de dólares (en lo que en realidad se trata de una estafa de internet). Sin embargo su hijo, interpretado por Will Forte, le impedirá en un primer momento ese viaje, para finalmente acompañarle (pensando que así olvidará semejante locura). Sin embargo, como decía Machado, lo más importante no es llegar, sino el camino en sí. Y es que durante este trayecto, nuestros personajes se hospedarán en el pueblo donde el padre vivió la mayor parte de vida adulta, de lo que se servirá el director para construir toda la película (dejando el tema de la lotería como un Macguffin que de todas maneras planea sobre el argumento del filme en todo momento). La película es una mezcla entre road movie y una tragicomedia, donde los personajes iniciarán un viaje que les servirá para rememorar toda su vida. Uno lo tomará prácticamente como un viaje de  ida (sin retorno), un viaje que al contrario de lo que acostumbra a pasar en la mayoría de Road Movies, no se trata de un viaje iniciático, sino más bien una despedida anticipada en la que nuestro protagonista principal tendrá la posibilidad de dar un último adiós. Su hijo le acompañará, a modo de Caronte, y el viaje le servirá no sólo para ayudarle, sino también para comprenderle mejor, puesto que nunca hasta el momento habían tenido ni el tiempo ni las ganas para ir descubriéndose mutuamente.

Si algo se le da bien a Alexander Payne es saber reflejar con mucha naturalidad las relaciones personales entre los personajes de sus películas.Ya nos lo mostró en Sideways (Entre Copas, 2004) o con About Schmidt (A propósito de Schmidt, 2002; una película que por cierto también nos hablaba sobre la vida de un hombre que aparentemente empezaba su decadencia en esa ocasión el actor principal fue interpretado por Jack Nicholson). Y a eso es a lo que juega durante gran parte del metraje, precisamente a reflejar las relaciones personales entre la familia de un pueblo de la América profunda (¿Puede que haya imagen más definitoria de esta que la de la de los dos hermanos hablando y jactándose del “Pringado” de la familia por haber tardado dos días hasta llegar a su casa?). No engaña Payne a nadie, y su disección, a pesar de que no utiliza ningún fuego de artificio es deslumbrante. Además el director consigue darle numerosas direcciones, desde el alcoholismo del personaje (que sus raíces será explicado a través del eso sí, manido recurso del trauma bélico) pasando por la cotidianeidad de un pequeño pueblo donde la llegada de un antiguo habitante es ya novedad y especialmente entre las relaciones familiares. En este último aspecto el cineasta no deja títere con cabeza y retrata la hipocresía típica de las viciadas relaciones familiares. En el caso del filme, en cuanto creen que uno de sus miembros ha recibido un millón de dólares se aprestan rápidamente como aves de presar para devorarlo.

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Dicho así parece que nos encontramos ante una película de unas dimensiones trágicas considerables, pero lo cierto es que no se trata de una película estridente, sino todo lo contrario. No hay ni siquiera un solo discurso de cara a la galería o que pueda sonar totalmente irreal (de hecho nos encontramos casi, casi con un anticlímax, y aunque en muchas ocasiones el espectador espera que el personaje de Bruce Dern acabe soltando alguna frase teatral, lo cierto es que acaba comportándose como lo que es). La película opta por mimetizarse con la naturaleza y trata de envolverse de una pátina de realidad total. A esto ayuda una excepcional banda sonora, que fue compuesta por Mark Orton, y que utilizando sólo la parte instrumental es capaz de transmitir exactamente lo que requieren cada una de las escenas donde aparece la música, subrayando la mayoría de las veces ese tono tan nostálgico, tan de despedida en realidad, que mantiene el filme durante todo su metraje.

Los actores del filme están realmente sobresalientes. Bruce Dern encarna perfectamente el papel de hombre ya consumado, al que la vida le está permitiendo una última oportunidad. Will Forte está también sobresaliente y el director consigue que a pesar de que nunca luzca mucho más que el personaje de Dern. El resto de secundarios, destacando la madre, interpretada por June Squibb están también sobresalientes.

 

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