Tiempo de Valientes (2005)

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Tiempo de Valientes (Tiempo de Valientes, 2005) se trata de una curiosa película argentina, que se empapa del cine norteamericano de acción, en especial el de los años ochenta y noventa, con la eclosión de las buddy movies, para mezclar este tipo de cine con el propiamente argentino. Dirigida por el popular cineasta Damián Szifrón, la película consiguió el difícil hecho de aunar el éxito de público y crítica.

Efectivamente, el filme homenajea o sigue el molde de las películas policiales donde hay como protagonistas principales una pareja de policías. Ejemplos hay a montones, pero por citar los más célebres podríamos recordar Lethal Weapon (Arma letal, 1987) o Die Hard with a vengeance (Jungla de Cristal III: La Venganza, 1995). Con la peculiaridad de que en el filme de Szifrón no nos encontramos con dos policías, sino con un policía y un psico analista (no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el país de origen; de tal manera que aquí se versiona sui generis pues no tenemos un poli blanco y uno negro, ni siquiera podemos decir que uno bueno y uno malo). El humor, que siempre está muy presente este subgénero, es aún más acuciante en este filme. Las soluciones que emplea Tiempo de Valientes resultan muy similares a las que nos encontramos en las películas de Hollywood (que ya de por si tienen bastante dosis cómica, pero que en esta película se aposta más por esto que no por la acción, que es más bien escasa y sólo la podemos encontrar en su última parte del metraje). El guión que firma el propio Damián Szifrón se basa en el principio de crear dos personajes totalmente diferentes, una especia de gordo y el flaco más actual, que juntos se complementan.

Diego Peretti interpreta al Psico analista, que es asignado para trabajar mano a mano con el personaje que interpreta Luis Luque, un policía que actualmente se encuentra fuera de servicio por depresión, al enterarse de que su mujer le ha engañado. El personaje de Luque representa el arquetipo de policía que ya se la sabe todas, y que incluso coquetea con la alegalidad en varias ocasiones. El personaje de Peretti representa al compañero más novato en la vida dura, podemos decir que a su manera es un teórico, mientras que el personaje de Luis Luque, como decía, se trata de un personaje más experimentado. Ya tenemos pues, la pareja, sobre la que se cimenta todo el filme.

El punto más positivo de la obra es su sentido del humor. Sin duda la dupla de personajes tiene una buena química y la película sabe explotar sus puntos cómicos, así como combinar los caracteres tan diferentes de los dos personajes. La película utiliza especialmente los diálogos, que son ágiles y podríamos decir que serían una especie de Slapstick en verso, yendo rápidamente de un tema a otro, como si se tratara de un partido de tenis.

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Sin embargo, de la mitad hacia arriba, el filme se desinfla de mala manera, cayendo por los caminos tópicos del género. A pesar de que el filme consigue construir una pareja cómica efectiva, cuando se trata de la construcción de lo relacionado con la trama y el eje del final, la película fracasa considerablemente. Cierto es que el “Malo” está correctamente construido, y el actor que lo interpreta,  Oscar Ferreiro, borda una actuación magistral (al nivel de los dos actores principales e incluso por encima en algunas escenas) pero la trama se resuelve de una manera ciertamente estúpida (el anticlímax del camión no tiene demasiado sentido) y la crítica que realiza la película a la corrupción del sistema policial queda en agua de borrajas.

Porque es cierto que la película apunta diversos temas, pero en ninguno lo hace de una manera demasiado compleja  o poliédrica. La película debe aceptarse como lo que es, una cinta llena de toques cómicos, pero que no reviste una crítica en profundidad. Por ejemplo, uno de los temas que toca el filme es el de la infidelidad, que aparece por doble partida en los dos personajes principales. Sin embargo, más que desarrollar el tema, simplemente nos encontramos con una oportunidad con la que el guión trata de aprovechar la vena cómica. O el ya citado tema policial, que apenas tiene complejidad.  Sin embargo, todos estos resortes sirven para aumentar el número de gags y chistes con los que cuenta el guión.

En los aspectos técnicos la película es también comedida, y desde luego no puede competir con películas de Hollywood. La puesta en escena cumple pero sin demasiados artificios, y hacia el final del filme las escenas de acción resultan incomparables con otras películas más célebres del género. La película confía todo su arsenal a la pareja interpretativa, pero es insuficiente para aguantar todo el metraje, más cuando uno de los dos personajes acaba perdiendo protagonismo en cierto momento del filme y la pareja se queda coja en algunos momentos.

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