El Maestro de Esgrima (1992)

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El Maestro de Esgrima (El Maestro de Esgrima, 1992) se trata de una de las numerosas adaptaciones cinematográficas de la obra de Arturo Pérez-Reverte, llevada a cabo durante la década de los años noventa (y en comparación con las demás adaptaciones, esta se trata de una de las más aseadas), que recibió numerosas nominaciones en los premios Goya (y consiguió 3 premios, al mejor guión adaptado a la banda sonora y al vestuario). Al filme sin embargo, le sucede lo mismo que a otra adaptación de Reverte, Alatriste (Alatriste, 2006), que cumple en el factor de crear una ambientación histórica correcta, pero que es incapaz de desarrollar una trama de interés. El filme lo dirige el maestro Pedro Olea, director singular donde los haya, quien por cierto ya había dirigido alguna que otra película histórica, como Akelarre (Akelarre, 1984) o la más redonda El Bosque del Lobo (El Bosque del Lobo, 1970), un bagaje que seguramente fue un condicionante para ser el cineasta finalmente escogido.

Omero Antonutti, lo que viene siendo un señor actor de los pies a la cabeza, interpreta a un ya mayor maestro de esgrima. La secuencia inicial es de una belleza inclasificable, con un plano que se abre lentamente de adentro hacia afuera y que nos muestra una lucha de esgrima entre dos discípulos del personaje principal. Lástima que secuencias majestuosamente preparadas así irán viniendo de manera intermitente a la película, que poco a poco (muy poco a poco) irá desvelando la trama, que es la siguiente: El personaje de Antonutti recibirá como alumna (a pesar de que al principio tendrá alguna reticencia en aceptarla) a una mujer de mediana edad interpretada por Assumpta Serna, de la que rápidamente quedará prendado. Sin embargo, una serie de tejemanejes de esta mujer empezarán a poner a nuestro protagonista en la pista de una conspiración política…

Por una parte, la inspiración histórica está conseguida. A pesar de que en algunos momentos el filme abusa de sus  escasos recursos (como las cargas y manifestaciones, que se suceden casi de una manera vertiginosa) en líneas generales el ambiente del sexenio democrático (1868-1874) aparece bien representado. Lo más disfrutable sin duda en este aspecto son los diálogos entre los personajes, con el nombre del todopoderoso Prim (hasta su triste fallecimiento) en la boca de todos,  y también podríamos citar las tertulias en los cafés, tan típicas por otra parte, de este momento. En los aspectos técnicos la película cumple y los premios que recibió el filme son merecidos, sólo tenemos que ver a la guardia montada cargando contra el pueblo, con imágenes que parecen sacadas del célebre cuadro de Ramón Casas, pintado en el 1899. También hay que destacar la banda sonora que compone José Nieto, que consigue componer una interesante atmósfera sin encallarse demasiado en el género histórico.

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Los gritos de ¡Mueran los borbones! Resultan dignos de elogiar por su atrevimiento, así como algún que otro discurso (evidentemente, me refiero al de la guillotina, que espeta el personaje excelentemente interpretado por Miguel Rellán, quien por otra parte interpreta uno de los personajes más interesantes del filme) que no hace falta ser un lince para comprobar que están relacionadas no sólo con el tiempo que exhibe el filme (con la expulsión de la monarquía borbónica) sino con la propia década de los años noventa ,del Siglo XX, en la que se inscribe el filme. A Arturo Pérez Reverte lo conocemos todos, y a pesar de que en algunos momentos pueda hacerse demasiado plúmbeo, lo cierto es que la película condensa bastante bien la mala leche que imprime el autor en sus obras. Sin embargo, esto es de lo poco realmente destacable de todo el filme y desde luego, no es suficiente para respaldar el filme por entero.

Como decíamos de Alatriste, la película no acaba de desarrollar intensamente el argumento.  El inicio es alentador y pone al espectador en una buena dinámica, pero esta se acaba diluyendo cuando el argumento del filme no tiene demasiado claro por dónde avanzar. La conspiración no acaba siendo demasiado enigmática y las motivaciones de los personajes acaban resultando demasiado simplonas. Pongamos por ejemplo el personaje que interpreta Assumpta Serna, nunca sabemos porque realmente pega esos giros tan bruscos, más allá de exigencias del guión, con lo que su revelación final nos deja totalmente congelados.

En Conclusión, a pesar de algunos detalles realmente asombrosos, El Maestro de Esgrima no es la película histórica que la cinematografía española sigue mereciendo. A pesar de eso, por detalles como tener una de las más bellas peleas de esgrima que se hayan rodado aquí (y perfectamente superior a cualquier otra batalla que podamos ver en las numerosas adaptaciones de Los Tres Mosqueteros de Dumas, por poner el ejemplo más típico) hacen que merezca la pena darle un vistazo al filme.

 

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